Europa está en «un callejón sin salida» del que busca salir recortando el gasto social

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Recortando el gasto social, la Unión Europea pretende obtener recursos inmediatos para aumentar el presupuesto en defensa y dejar el callejón sin salida en el que se encuentra por apoyar a Ucrania en el conflicto con Rusia, que evidenció su debilidad militar, según expertos consultados por Sputnik.

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Karen Fabián (Sputnik).— El canciller alemán, Friedrich Merz, aseguró el fin de semana pasado que «el estado de bienestar que tenemos hoy ya no puede financiarse con lo que producimos en la economía». Por esa razón, pidió un reajuste en la política social.

Las declaraciones del líder de la Unión Democrática Cristiana (CDU) llegan en un momento de marcada desaceleración económica en Alemania, con una caída del PIB del 0,3% en el segundo trimestre de 2025. Es decir, el triple de lo previsto.

 

En el mismo periodo, las ventas de las empresas industriales del país se redujeron un 2,1%, al tiempo que las exportaciones, especialmente a Estados Unidos y China, están disminuyendo. Además, desde 2019, el número de trabajadores se ha reducido en casi 250.000, lo que supone una caída de la tasa de empleo de 4,3%.

Pese a la falta de estabilidad económica y a la supuesta inviabilidad de mantener el gasto social como se ha hecho desde la década de 1930, Merz advirtió el 29 de agosto que el conflicto en Ucrania podría prolongarse mucho tiempo, por lo que, según él, los aliados de Kiev «están preparados» para mantener su ayuda.

Europa dejó su seguridad a cargo de EEUU

El conflicto «podría durar todavía muchos meses. Estamos preparados para ello», declaró el canciller alemán en compañía del presidente francés Emmanuel Macron, aun cuando, precisamente a la luz del conflicto, la vulnerabilidad militar del bloque quedó en evidencia debido a que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Europa ha destinado muy poco presupuesto a la defensa, como destaca en entrevista con Sputnik el internacionalista mexicano Daniel Muñoz Torres.

A decir del maestro en Estudios Políticos Europeos por la Universidad de Salamanca, «cuando hablamos de la Europa occidental, que entró a la OTAN en plena Guerra Fría, básicamente la carga económica de esta organización militar recayó sobre todo en Norteamérica, en Estados Unidos y después Canadá».

«Obviamente, esto a los europeos les dio una gran zona de confort, que fue básicamente poder mantener esquemas de seguridad ante lo que era, en su momento, la Unión Soviética, hoy en día Rusia, pero a cambio de un precio mínimo», observa Muñoz Torres.

Y añade que, en general, la posición europea tras el inicio del conflicto en Ucrania ha sido apostarle fuertemente —con recursos, ayudas en especie, armas y otros enseres— Kiev para, supuestamente, contrarrestar la influencia rusa en Europa.

No hay opciones

Lo anterior, contrasta el internacionalista, sucedió en momentos en los que la Administración Biden enviaba fuertes sumas de dinero tanto a la OTAN como a Kiev. Sin embargo, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca cambió radicalmente la ecuación, pues, desde su campaña presidencial, el republicano exigió a Europa hacerse cargo de su defensa.

«Eso hace que los europeos hayan entrado (…) en un callejón sin salida, en el cual, por un lado, no pueden bajar la guardia porque ya apoyaron a Ucrania, no pueden retroceder. Pero, por el otro, no tienen dinero para sostener [el conflicto]», pondera el experto.

«Es lo que está llevando a Europa en estos meses a acelerar mucho su proceso de reducción del gasto social, como una forma de tratar de salir de esa encrucijada en donde ellos mismos se metieron», añade.

Redefinición del orden mundial

Por su parte, el también internacionalista mexicano David García Contreras, docente en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón de la UNAM, señala que los embates europeos contra el estado de bienestar para redirigir el gasto a la defensa se inscriben en un contexto «de redefinición del nuevo orden mundial, donde algunos de los actores principales se enfrentan a la disyuntiva en sus zonas de influencia».

En ese sentido, refiere el académico, Europa pretende mantener su antigua supremacía y ejercer un rol más protagónico, para lo cual el elemento de la defensa resulta fundamental en la actualidad, especialmente por la presión de Donald Trump, por un lado, y el conflicto en Ucrania, por el otro.

«La Unión Europea tiene como finalidad recobrar su autonomía en términos políticos y económicos, cosa que no ha logrado y este esquema de la OTAN es uno de los elementos en donde la vulnerabilidad y la dependencia de EEUU ha estado muy marcada», menciona el experto.

«Al mismo tiempo, le sumaríamos el conflicto con Rusia, en donde Europa se ha alineado con Ucrania (…) y, por tanto, ha evidenciado la vulnerabilidad que tienen en el ámbito militar. No es extraño que lo que se llama el triángulo de Weimar —Francia, Alemania y Polonia— ha sido el que encabece este rearme, son quienes más están llevando este tema a la discusión», continúa García Contreras.

En ese sentido, el experto sostiene que la apuesta es clara, puesto que, si la OTAN, Estados Unidos y Ucrania fueran ganando el conflicto, el rearme probablemente no sería una necesidad. No obstante, ante la incapacidad europea para respaldar a Kiev, el bloque se decanta por un sistema de defensa y capacidades militares, tanto internas como externas, mucho más fuertes de cara a futuros conflictos.

Invertir más para un futuro conflicto

«Por eso, aquí el razonamiento es invertir más para que no suceda en el futuro. Yo estimo que no les alcanza para este momento, porque todavía falta que se pongan de acuerdo, primero, entre las sociedades a nivel interno, después a nivel de la Unión Europea y, después, con el respaldo de Estados Unidos», remarca García Contreras.

«Están pensando más bien para futuras conflagraciones y conflictos, en donde su capacidad militar tendría que ser mayor, de lo contrario, podrían sufrir un descalabro como el que están padeciendo ahora», agrega.

Entre los planteamientos que se debaten en Europa destaca la construcción de una nueva organización militar en la que Estados Unidos no tenga cabida. Incluso, desde 2022, ya se ha destinado un fondo especial de 100.000 millones de euros para «tratar de alimentar esta idea de la independencia en materia de defensa».

«Hemos visto también los debates de la propia Alemania y Francia para impulsar la producción del avión [de combate] y también la producción de drones (…), al final, lo que hacen es invertir en la industria armamentista», asevera García Contreras.

Ahora bien, para conseguir sus fines, la histórica política de estado de bienestar europeo —que ha servido desde los años 30 del siglo XX— empieza a mermarse, en un debate que los Estados europeos llevan años sosteniendo.

Alemania como experimento

«Las declaraciones del canciller [Friedrich Merz] tienen que ver con cómo puede [Alemania] ser el punto de avance en algunas otras naciones, para que los sistemas de retiro y jubilación, las pensiones, el sistema de salud o los subsidios gubernamentales, empiecen con estos recortes», razona el académico.

Además, señala que, en momentos de incertidumbre arancelaria por la política de Donald Trump, Alemania y Francia, entre otros, buscan diversificar sus economías impulsando sus industrias militares, más allá de los mercados tradicionales.

«No olvidemos que, al final, la capacidad militar tiene que ver con la supremacía económica», pondera García Contreras.

«Por eso es importante, ante la desaceleración, que impulsen de nuevo estos grandes motores de la economía europea, que son Alemania y Francia», añade.

Sin embargo, agrega, esto tendrá un gran impacto, en una sociedad ya desgastada, puesto que existe el riesgo de que aumenten las desigualdades. «Yo pensaría, en primera instancia, en las y los migrantes, porque Alemania es un país que ha tenido una gran cantidad de migrantes», dice.

«Hay un gran debate en torno a cuál es el papel del Estado para contener o para apoyar la migración irregular, sobre todo proveniente de África y, en este sentido, el que no se quieran destinar tantos recursos al apoyo humanitario, al apoyo de los migrantes, por ejemplo, puede causar también una crisis social», argumenta el profesor.

Otro aspecto negativo, menciona García Contreras, sería la precarización laboral, toda vez que el estado de bienestar garantiza que las personas tengan una compensación y apoyos gubernamentales que les permitan mejorar su nivel de vida, sobre todo en las clases más vulnerables.

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