El Gobierno venezolano se pronunció este sábado luego del primer ataque aéreo perpetrado por EE.UU. contra la ciudad de Caracas «y los estados Miranda, Aragua y La Guaira», tildado como una «gravísima agresión militar».
«Este acto constituye una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, especialmente de sus artículos 1 y 2, que consagran el respeto a la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza. Tal agresión amenaza la paz y estabilidad internacional, concretamente de América Latina y el Caribe, y pone en grave riesgo la vida de millones de personas», indica un comunicado oficial.
En la madrugada se escucharon detonaciones en varios puntos de la capital venezolana. Reportes de redes sociales también indican el sobrevuelo de helicópteros.
En el comunicado, Caracas advirtió que el objetivo de los ataques «no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la Nación».
Pese a las presiones, Venezuela advirtió a EE.UU.: «No lo lograrán. Tras más de doscientos años de independencia, el pueblo y su Gobierno legítimo se mantienen firmes en defensa de la soberanía y del derecho inalienable de decidir su destino. El intento de imponer una guerra colonial para destruir la forma republicana de gobierno y forzar un ‘cambio de régimen’, en alianza con la oligarquía fascista fracasará como todos los intentos anteriores».
En medio de la situación, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha ordenado la implementación del estado de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional, con el propósito de «proteger los derechos de la población, el funcionamiento pleno de las instituciones republicanas y pasar de inmediato a la lucha armada».
«Todo el país debe activarse para derrotar esta agresión imperialista«, indica el comunicado.
Escalada de agresiones
La agresión aérea ocurre en medio de una escalada de agresiones que inició desde agosto pasado, con el inusual despliegue de un operativo militar en el Caribe, frente a las costas del país suramericano, lo que ha dado paso a bombardeos contra pequeñas embarcaciones acusadas sin pruebas de traficar drogas, amenazas de incursión contra Caracas y la incautación de buques petroleros, en actos calificados como «robo» y «piratería» por parte de Gobierno venezolano.
En las últimas semanas, el discurso de la Casa Blanca ha cambiado. Lo que en un principio se presentó como una estrategia contra el tráfico de drogas ha virado hacia el deseo explícito de apropiarse del petróleo del país suramericano que, en opinión del presidente de EE.UU., Donald Trump, ha sido «robado» por Venezuela.


