
Juanlu González (biTs rojiverdes).— El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos no es solo un golpe de Estado encubierto. Es la declaración formal de que Washington ha abandonado definitivamente cualquier pretensión de respetar el derecho internacional. Sabemos que nunca lo hizo realmente, pero al menos guardaba las apariencias. Lo que hemos presenciado estos días es la actuación de un Estado delincuente que se arroga el derecho de secuestrar jefes de Estado legítimos, violar la soberanía de las naciones y pisotear todas las normas que supuestamente rigen las relaciones internacionales.
Y lo peor es que esto solo es el principio. Trump ya ha dejado claro que Venezuela es apenas el aperitivo. Cuba, Nicaragua, Colombia, México… y sí, también Groenlandia. La lista de objetivos del nuevo imperialismo trumpista está sobre la mesa, sin disimulos ni eufemismos. Estamos ante una administración que ha decidido que las reglas no van con ellos, que la fuerza es el único argumento válido y que quien tenga los recursos que Washington necesita será el próximo en la lista. Es realmente una muestra de absoluta debilidad, de decadencia, un monstruo más en el sentido del conocido aforismo gramsciano.
Si el mundo no le para los pies ahora mismo, nos encaminamos directamente hacia el caos global, hacia la ley del más fuerte, hacia una guerra total por los recursos naturales del planeta. Este es el momento de la verdad. O actuamos ya, o nos convertimos en cómplices silenciosos de la instauración de un orden mundial basado en la piratería institucionalizada.
No se puede negociar con un presidente loco
Hay que decirlo claro: no se puede contemporizar con un presidente que actúa como un delincuente internacional. No valen las palabras amables, ni los comunicados tibios, ni las llamadas diplomáticas a «la preocupación». Trump solo entiende un lenguaje: el de los hechos fuertes, enérgicos y decididos. Cualquier otra cosa es pérdida de tiempo y, peor aún, señal de debilidad que solo invitará a más agresiones.
La Unión Europea y cada uno de sus Estados miembros deben actuar de inmediato con medidas contundentes:
Ruptura inmediata de relaciones diplomáticas con Estados Unidos. No puede haber business as usual con un país que secuestra presidentes. Los embajadores estadounidenses deben ser expulsados de nuestros países y nuestros representantes, retirados de Washington.
Negativa rotunda al aumento del gasto militar en la OTAN y a la compra de armamento estadounidense. Cada euro que destinamos a armarnos según los dictados de Washington es un euro que financia su maquinaria de guerra imperial que podría ser usada contra nuestros propios pueblos. No más F-35, no más sistemas antimisiles, no más subsidios a la industria militar estadounidense.
Imposición de aranceles y sanciones económicas contra Estados Unidos. Si Washington entiende únicamente el lenguaje del comercio, hablémosle en ese idioma. Aranceles del 100% a todos los productos estadounidenses, congelación de activos, prohibición de inversiones. Que sientan en su economía el precio de su comportamiento criminal.
Expulsión inmediata de todas las bases militares estadounidenses de territorio europeo. En España, Rota y Morón deben cerrar ya. No podemos tener fuerzas militares extranjeras en nuestro territorio que mañana podrían ser utilizadas contra nuestros propios pueblos si la situación lo requiere. Es el momento de activar el protocolo de ruptura del acuerdo de las bases norteamericanas y hacer el aviso formal de denuncia del tratado de inmediato.
Salida de la OTAN. La Organización del Tratado del Atlántico Norte se ha convertido en el brazo armado de las aventuras imperiales estadounidenses. No tiene ningún sentido que Europa siga financiando y legitimando una alianza militar que solo sirve a los intereses de Washington. Como venimos denunciando desde hace tiempo, la OTAN no es ninguna alianza defensiva: es una herramienta de dominación imperial que debe ser desmantelada.
El lenguaje que Trump entiende
Estados Unidos debe medir sus acciones en términos de pérdida económica y de influencia en el mundo. Ese es el único lenguaje que Trump comprende. Por eso no valen las palabras, por muy duras que suenen. Solo los hechos económicos, la pérdida de mercados, la reducción de su influencia global pueden hacer que rectifique.
Si Europa retira sus compras de armamento estadounidense, si rompe contratos comerciales, si cierra sus mercados a los productos de EEUU, Washington empezará a calcular el coste real de su comportamiento delictivo. Trump es un hombre de negocios (mediocre, pero hombre de negocios al fin): solo entiende números en rojo y en negro.
Un mundo más peligroso para todos
El mundo hoy es un lugar mucho más peligroso que hace una semana. Si se puede actuar como un delincuente con total impunidad, secuestrando presidentes y violando la soberanía nacional sin que pase absolutamente nada, otros muchos podrán seguir ese camino en cualquier lugar del planeta.
¿Qué le impide ahora a China recuperar Taiwan de un plumazo, aunque eso lleve a una guerra regional? Evidentemente, nada de nada. Estados Unidos ha mostrado el camino de cómo hay que hacer las cosas en la era Trump. China es perfectamente capaz de barrer la isla en cuestión de minutos, y nadie va a venir en su ayuda porque podría correr la misma suerte que Venezuela. ¿Por qué habría Beijing de respetar normas internacionales que Washington pisotea diariamente?
La lógica es implacable: si el derecho internacional no existe para Estados Unidos, ¿por qué habría de existir para otros? Trump ha abierto la caja de Pandora, y las consecuencias van a ser catastróficas para la estabilidad global.
La ONU debe actuar
La Asamblea General de Naciones Unidas debe tomar las riendas inmediatamente, en vista de que el Consejo de Seguridad está secuestrado por uno de sus supuestos garantes con derecho de veto que ha abandonado completamente sus obligaciones. No podemos seguir permitiendo que un sistema diseñado para prevenir la guerra y garantizar el derecho internacional esté bloqueado por quien precisamente lo viola de manera más flagrante.
Hay que pedir el encausamiento inmediato de Trump y de toda su administración ante el Tribunal Penal Internacional o la Corte Internacional de Justicia por crímenes contra la paz, secuestro de un jefe de Estado y violación sistemática del derecho internacional. Que quede constancia histórica de que estos actos no quedan impunes, aunque sea solo moralmente.
Las bases fuera, ahora
En Andalucía, en toda España, las bases estadounidenses representan una amenaza directa para nuestra seguridad. No son instalaciones defensivas: son plataformas de proyección imperial que nos convierten en objetivos militares y nos arrastran a conflictos que no son los nuestros.
Si no hay una muestra de fortaleza ahora, vendrán a por Groenlandia y no podremos hacer nada. Y eso ya se trata de Europa, de territorio que consideramos nuestro ámbito de influencia. Y lo que es más importante: Groenlandia tiene tierras raras, minerales estratégicos que Trump quiere controlar. ¿Alguien cree de verdad que se va a detener ante nada para conseguirlos?
Europa sin Estados Unidos: el único camino viable
Europa debe buscar urgentemente su camino sin Estados Unidos. Y ese camino pasa necesariamente por la normalización de relaciones con Rusia. Putin está deseando firmar la paz con Europa y volver a la normalidad económica y comercial con la Unión Europea.
La prosperidad de Europa se debía precisamente a la seguridad energética rusa y a los bajos precios de los hidrocarburos que nos garantizaba. Desde que rompimos esa relación por presión estadounidense, Europa está en recesión económica, con una industria asfixiada por los altos costes energéticos y una inflación desbocada.
Es hora de mirar las cosas con perspectiva y sin las anteojeras ideológicas que Washington nos ha impuesto. Hay que dejar de amenazar las fronteras de Rusia con expansiones de la OTAN y con ejercicios militares provocadores. Es necesario firmar una arquitectura de seguridad europea a largo plazo que vuelva a facilitar la salida de la recesión económica.
Solo hay que planificar un futuro sin los Estados Unidos. Un futuro en el que Europa sea soberana, en el que no dependamos de la protección militar de quien nos chantajea económicamente, en el que podamos comerciar libremente con quien nos convenga sin pedir permiso a Washington.
OTAN NO, Bases Fuera: más urgente que nunca
El momento es ahora. No mañana, no cuando pase la tormenta, no cuando Trump se calme. Ahora. Cada día que permitimos que continúe esta situación es un día que legitimamos el comportamiento criminal de Estados Unidos y nos convertimos en cómplices.
Las movilizaciones contra las bases estadounidenses deben intensificarse. Los movimientos por la paz y la soberanía deben presionar a los gobiernos europeos para que actúen. La ciudadanía debe exigir a sus representantes que pongan los intereses de sus pueblos por encima de la sumisión a Washington.
Es la hora del OTAN NO, Bases Fuera. Es la hora de la dignidad europea, de la soberanía real, de construir un mundo basado en el derecho internacional y no en la ley del más fuerte. Es la hora de decir basta.
Si no lo hacemos ahora, mañana será demasiado tarde. El secuestro de Maduro no es el final de nada: es solo el principio de una era de barbarie imperial que, si no detenemos, nos arrastrará a todos al abismo.
La pelota está en nuestro tejado. O actuamos ya, o nos resignamos a ser de por vida esclavos de un imperio delincuente. No hay tercera opción.


Soberanía europea implica tener mayor autonomía tecnológica y recuperar la cultura europea, en estos momentos las universidades europeas están pisoteadas por las ideologías norteamericanas, imposibilitando asimismo el crecimiento cultural de Europa.