
Francisco Valverde (Unidad y Lucha).— El gobierno central, en la cuerda floja por sus propias contradicciones y sus precarias alianzas parlamentarias, de forma oportunista intentaba lucir estos días su perfil propagandístico en favor de los derechos laborales, para evitar que sigan creciéndole los enanos. A las medidas aprobadas este año sobre los permisos de conciliación familiar, se sacaba a los medios el debate sobre la ampliación del derecho por fallecimiento y se aprobaba en un tiempo récord el acuerdo de subida salarial para los empleados públicos.
Pero estas medidas, haciendo un balance general de la guerra que el capital está desatando contra la clase trabajadora, no alteran la balanza que sigue declinando en favor de la burguesía: la descompensación constante de las rentas del trabajo frente a las del capital, una constante desde hace más de 40 años. Todo sea dicho, un 11,4 % de subida salarial a los trabajadores y trabajadoras del sector público sigue siendo una pérdida de poder adquisitivo, teniendo en cuenta la inflación acumulada de los últimos años, por mucho que las direcciones sindicales lo quieran vender de otra forma.
Pero no solo eso, además hay que tener en cuenta que muchos de estos derechos laborales, bajo la sociedad capitalista lo son únicamente en un plano meramente formal, siendo inexistentes en la práctica, puesto que en su hambre insaciable de extraer ganancia de cualquiera de las esferas de esta sociedad, el capital fuerza todo tipo de relaciones laborales que sortean y esquivan sus obligaciones, generando empleo informal, relaciones semi-asalariadas, falsos autónomos, contratación por ETT o directamente la economía sumergida y el fraude en la contratación, en una cantidad abismal de sectores (aplicaciones de reparto a domicilio, trabajo en el campo, sector servicios y hostelería, construcción…, no hablamos ya del trabajo no pagado de cuidados y reproducción de la vida que supone estructuralmente algo abismal e inasumible por el capital), para que recaiga sobre el bolsillo y la espalda de la clase trabajadora lo que debería ser responsabilidad de la patronal. Formas asalariadas que quedan desamparadas de las normas que la clase trabajadora ha conseguido imponer como línea roja de sus derechos conquistados, en forma de legislación laboral favorable.
Esta situación no solo es resultado de la grave crisis del capitalismo, que hoy nos empuja a destinar ingentes recursos para el rearme y la guerra y ataca todo tipo de derechos y conquistas, sino también de la imposición de la ideología socialdemócrata dentro de las estructuras sindicales mayoritarias, que –sustentada en la estrategia del pacto social– desarma y desmoviliza a la clase trabajadora y sus organizaciones a cambio de obtener medidas, no solamente puntuales y absolutamente reversibles por el sistema burgués, sino sometidas a la lógica de “lo posible”, es decir, lo asumible por el sistema. Y es por esto último que nos venden subidas de salario por debajo del IPC o que conseguimos determinados derechos que el capitalismo una y otra vez sortea y esquiva, porque es únicamente bajo la lucha de clases, bajo la organización y la movilización de la clase trabajadora, desde la óptica que es posible revertir esta tendencia y poder avanzar.
En la medida en que el pacto social sigue siendo la estrategia principal de la mayoría sindical organizada, la clase trabajadora no solo es incapaz de forzar que se cumplan los derechos pactados, sino que le será imposible revertir todas esas formas irregulares o directamente ilegales de trabajo, que hoy para el sistema solo siguen siendo más leña que echar a la pira que alimenta sus ganancias.
En cada centro de trabajo, en cada organización obrera, es necesario cuestionar sistemáticamente la ideologia socialdemócrata y del pacto social y crear espacios para la organización y la movilización, no solo para la mejora de nuestras condiciones de vida, sino para crear las condiciones para superar este sistema capitalista decadente que solo nos ofrece sobreexplotación y guerra.
Paz, techo y trabajo. Organicemos la resistencia. ¡Tu lucha decide!

