Un 61% de los estadounidenses rechazan la política exterior y las intervenciones militares ordenadas por el presidente Donald Trump, especialmente tras la reciente agresión militar en Venezuela, según los datos más recientes del Centro de Investigación de Asuntos Públicos AP-NORC.
El 56% de los adultos en Estados Unidos sostiene que Trump “ha ido demasiado lejos” al utilizar el poder militar para intervenir en naciones soberanas, una postura que se complementa con un 57% de los consultados desaprobando el manejo de la situación en torno al país sudamericano, donde la Casa Blanca ha intentado ejercer un control directo sobre los recursos energéticos.
Esta desconexión entre el Ejecutivo y la ciudadanía evidencia un aislamiento de las decisiones presidenciales respecto al sentir popular y subraya un malestar generalizado con el rumbo diplomático del país.
Adicionalmente, el rechazo presenta un marcado componente ideológico en sectores claves. Casi nueve de cada 10 demócratas y seis de cada 10 independientes coinciden en que la extralimitación militar es una realidad preocupante en el mandato actual. Estos números sugieren que la percepción de un exceso en el uso de la fuerza no es solo una postura partidista, sino una preocupación mayoritaria entre quienes no se alinean con la política actual del Gobierno.
Los hallazgos de la encuesta, realizada entre el 8 y el 11 de enero de 2026, revelan que la ciudadanía estadounidense percibe las acciones de Trump como un exceso peligroso que compromete la estabilidad internacional.
A pesar de los intentos de la narrativa oficial por justificar la presencia militar en el extranjero bajo pretextos de seguridad, el pueblo estadounidense aboga por una diplomacia menos hostil.
Casi la mitad de los encuestados exige que Estados Unidos asuma un papel “menos activo” en los conflictos mundiales, rechazando la postura imperialista que busca el control de activos en otros países o la intervención en asuntos internos de terceros.
Incluso dentro de las filas republicanas, el entusiasmo por nuevas agresiones militares es inexistente: solo uno de cada 10 republicanos desea que el presidente profundice su política de intervención militar, lo que subraya un riesgo político interno ante el enfoque belicista continuado.
La encuesta, que consultó a 1.203 adultos, confirma que el uso de la fuerza y la retórica de control sobre naciones como Venezuela no gozan del respaldo democrático que la Administración Trump pretende proyectar.
El pasado 3 de enero, fuerzas militares de EE.UU. atacaron territorio venezolano, con bombardeos en la capital, Caracas, y en diversas zonas de los estados Miranda, Aragua y La Guaira.
De acuerdo con el balance ofrecido por el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, esta acción dejó un saldo de al menos 100 personas fallecidas, entre civiles y militares, y una cantidad similar de heridos.
En el marco de esta operación, que el Gobierno Bolivariano y diversos líderes alrededor del mundo han denunciado como una agresión criminal, comandos estadounidenses de la Delta Force secuestraron al presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y a la primera combatiente y diputada, Cilia Flores.
Tras su detención, la pareja presidencial fue trasladada a la ciudad de Nueva York, donde actualmente se encuentran recluidos en un centro penitenciario de máxima seguridad.


