La balanza entre el Imperio y el mundo emergente se juega en Irán

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Las perspectivas van desde un vuelco de la balanza a favor del Imperio Occidental hasta que se estrelle en Irán (y en Venezuela –además de en Ucrania-) y su desintegración se acelere.

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Andrés Piqueras.—

SOBRE DÓLARES, PETRÓLEO Y GUERRA

Dos son los pilares que le quedan a Estados Unidos de dominación descarnada (ya no hegemónica o cada vez menos legitimada a pesar de seguir controlando todo el aparataje mediático mundial): el dólar y el Ejército. Me detendré aquí brevemente en lo que significa el dólar.

El dominio planetario de los EUA no se podría entender sin la imposición del dólar como “moneda global”. Disponer de esa moneda en la que se realizan las transacciones internacionales les ha permitido utilizar el dólar como arma económica, de guerra, de sanciones y de control del resto del mundo. Asimismo, emitir dólares sin respaldo con los que inundar de inversiones el planeta.

Para poder transarlos el hegemón creó el sistema de compensación de pagos SWIFT, adjudicándose, también unilateralmente, el monopolio de la alcabala financiera mundial. Por el mismo motivo, podía endeudarse sin contraprestación (una crónica y ascendente deuda no reclamada que fue montando por encima del PIB nominal hasta límites más allá de cualquier sensatez económica).

Gracias a todo ello, EE.UU. se puede permitir llevar a cabo una guerra económica contra todos los países que considere díscolos respecto de sus mandatos, arrogándose la potestad o el privilegio de imponerles lo que llama “sanciones” (que también obliga al resto del mundo a seguir, ejerciendo a su vez “sanciones” contra quienes no las secunden –lo que quiere decir que sus “leyes” se aplican en todo el planeta-).

Una vez que se desligó del oro, EE.UU. forzó a la OPEP para que el comercio mundial de petróleo se efectuara en dólares (los cuales se aprecian según aumenta la demanda del oro negro), con lo que el conjunto de transacciones mundiales pivotaría en adelante en torno al dólar.

La previa alianza, tras la Segunda Gran Guerra, con la feudal casa Saud, de Arabia (y luego con otras del Golfo), para tener acceso permanente a las principales reservas de petróleo y las más fáciles de extraer del mundo, le garantizaba a EE.UU. el suministro energético.

Para Estados Unidos es pues vital que el dólar siga siendo la moneda en la que se transa la energía. La desestabilización del petróleo, mediante guerras o bloqueos propiciados por él mismo, llevan a subidas del crudo que repercuten en demanda de dólares. Los intentos de comerciar la energía en otra moneda han motivado las invasiones de Iraq y Libia, y la más reciente agresión a Venezuela.

También en ello radica una de las causas de la agresión a Irán, aunque en este caso hay mucho más en juego.

“Irán es el corredor energético estratégicamente crucial. entre el petróleo y gas rusos y los mercados asiáticos en expansión. Irán es el eslabón geográfico que permite que China acceda a recursos energéticos masivos sin depender de las rutas marítimas controladas por la armada estadounidense.

Irán es, literalmente hablando, la llave maestra que puede hacer o destruir completamente toda la arquitectura multipolar que Rusia y China han estado construyendo sistemáticamente durante los últimos 15 años de coordinación estratégica. Y aquí está el detalle cronológico que debería hacer temblar a cualquier analista geopolítico serio del planeta” (Pepe Escobar: Irán, la operación secreta que nadie ve – ObservatorioCrisis).

Además, todo el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur se malograría. Un sistema de tránsito multimodal que conectará rutas marítimas, ferroviarias y terrestres para mover carga entre los países miembros del corredor: Irán, Rusia, India, Asia Central (Azerbaiyán, Armenia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán) y ramificaciones a Bielorrusia, Omán y Siria.

Acabar con Irán implica, pues, dar un puñetazo a la geoestrategia global, asestar varios golpes a la vez. No el menor dejar definitivamente expedito el camino para el dominio regional del ente sionista en alianza con los Estados árabes prosionistas, ya sin Eje de la Resistencia (Antisionista) en Asia.

Cuando Estados Unidos decide atacar a un país, primero empieza con guerra económica para sangrarlo y debilitar a la población y su apoyo al gobierno. Si eso no basta se agudiza la agresión con infiltraciones paramilitares generando desestabilización generalizada cuando no caos social, como preámbulo a la agresión militar. En el caso de Irán el manual se sigue a rajatabla:

La preparación logística comenzó hace más de 18 meses, coordinada meticulosamente desde centros de operaciones que van desde Fort Langley Virginia hasta Tel Aviv, pasando por ciertos edificios muy específicos e identificables en Londres y París. Los centros de entrenamiento en Polonia, donde se preparó a los líderes estudiantiles, los campos de Georgia donde se entrenó en técnicas de guerra urbana, los laboratorios de narrativas en Estonia donde se fabricaron los mensajes para redes sociales. 

El patrón es siempre idéntico, siempre exactamente el mismo. Primero, se identifica un país que está bloqueando los intereses geoestratégicos del imperio decadente. Segundo, se infiltran masivamente las redes sociales con narrativas prefabricadas y focus groups. Tercero, se prepara durante años a los líderes estudiantiles en universidades occidentales específicas. Cuarto, se establece toda la infraestructura financiera necesaria para sostener meses y meses de operaciones costosas y finalmente se elige el momento perfecto para activar simultáneamente toda la red dormida” (Pepe Escobar: Irán, la operación secreta que nadie ve – ObservatorioCrisis). 

El guion es tan nítido y evidente que sólo el prácticamente absoluto control de nuestros medios de difusión de masas por Estados Unidos hace que éstos ni se inmuten por mentir ni les afecte a su supuesta decencia profesional en lo más mínimo el continuar repitiendo sin pudor la letanía que les transmite el Imperio sobre “manifestaciones masivas”, “asesinatos”, “represión del régimen” y demás consignas que de tan manidas deberían dar al menos eso, vergüenza corporativa repetirlas sin más.

En toda esta geoestrategia del Caos, sin embargo, quedan dos puntos a tener por ver su influencia.

El primero es que Irán mantiene cooperación militar, aunque no alianza militar estricta, con Rusia y China. ¿Reaccionarán (por fin) estas dos formaciones estatales si Estados Unidos (con o sin el ente sionista) agrede militarmente a su última gran pieza aliada “multipolar”?

Estados Unidos se muestra muy seguro de que no lo harán. Por eso se envalentona tanto y no esconde sus intenciones.

El segundo es que Arabia Saudita ha visto también la posibilidad de comerciar su petróleo en yuanes. ¡Alarma roja para EE.UU.! Porque ese sí que podría ser el principio del fin del dominio del dólar.

¿Veremos pronto la demonización de Arabia y “levantamientos populares” en su territorio, después de haber sido el gran aliado del Imperio Occidental? (que se lo digan a la monarquía española, por ejemplo, cómo se ha abrazado con la saudí).

Pero Arabia Saudita está jugando varias importantes cartas a la vez.

a) Una alianza con Egipto para intentar levantar de nuevo un “sujeto árabe” en la región:

“los datos comerciales, los flujos de inversión y los comunicados oficiales revelan la consolidación de un eje económico que trasciende lo bilateral y apunta a una reconfiguración estructural del mundo árabe”  (La visión saudí del futuro frena el expansionismo del Israel bíblico y rediseña el equilibrio de poder en Oriente Medio – La Protesta Diario).

Un sujeto al que por cierto, Turquía le hace guiños, aunque no sea árabe, para rediseñar el mapa de fuerzas en la región, en detrimento hasta cierto punto del proyecto occidental-sionista.

b) Llevar a buen puerto los Acuerdos de Abraham con el ente sionista, pero al tiempo poniendo la condición del Estado palestino para lavar su imagen, lo cual puede distanciar al ente sionista de ese proyecto, o disuadirlo de expandirse a toda costa (¿de nuevo, se convertiría Arabia en un enemigo a batir para el Imperio Occidental y su ente sionista regional?).

c) Ejercer el liderazgo de ese nuevo “Mundo Árabe” a costa del resto de países del Golfo y especialmente de Emiratos Árabes Unidos, con quien se enfrenta indirectamente (de momento) en Yemen, país al que todos están de acuerdo en terminar de destruir.

¿Es compatible todo ello con la destrucción de Irán, un país con el que Arabia Saudita ha vuelto a aproximarse gracias a la mediación china?

Probablemente sí. Las incógnitas, en cualquier caso, quedan flotando, pero mientras éstas flotan Estados Unidos mantiene la iniciativa estratégica y golpea sin cuartel a diestro y siniestro, cruzando todas las líneas rojas de su propio orden internacional y de la seguridad de sus rivales económicos convertidos por él en enemigos militares.

Las perspectivas van desde el definitivo vuelco de la balanza a favor del Imperio Occidental -que podría añadir un medio siglo más a sus 500 años de dominio del mundo-, hasta que se estrelle en Irán (y en Venezuela –además de en Ucrania-) y su desintegración se acelere. La otra opción latente es la de la guerra abierta nuclear, cual sentencia de muerte suspendida que la humanidad tiene sobre sí desde que existen esas terribles armas.

Las sociedades del mundo tendrían algún papel, algo que decir en todo esto si desenchufaran sus cerebros de la TV –y otros medios de intoxicación- y comenzaran ya a movilizarse contra el militarismo y la guerra imperial. Por la PAZ.

Para eso, para poder tener esperanza de vida, las sociedades europeas, sus fuerzas sociales, tienen que comenzar a considerar como imprescindible romper con la OTAN. Deshacer esa alianza de muerte y terror.

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