
Kevin M. Navia (Granma).— ¿Está verdaderamente cumpliendo su rol las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad? Esta interrogante –que no nueva– reaparece ante la creciente violencia, injusticia y atrocidades que a diario se cometen en el mundo, con ejemplos alarmantes, como el genocidio prolongado en Gaza, las violaciones a los derechos humanos en diversas áreas del mundo, y el ascenso de la agresividad de Gobiernos que se sienten por encima del Derecho Internacional, como Estados Unidos y su aliado Israel.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas surgió poco tiempo después del establecimiento de la ONU; en su momento fue instituido con el objetivo de «mantener la paz y seguridad en el mundo». Este órgano, a diferencia de otros pertenecientes al sistema ONU, puede tomar decisiones con carácter vinculante; conocidas como resoluciones.
El consejo está conformado por 15 estados, cinco miembros permanentes con derecho a veto (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y la República Popular China) y 10 miembros no permanentes. El derecho al veto ha sido ampliamente criticado por naciones y expertos internacionales, puesto que marca una desigualdad entre Estados en una organización en la que se busca promover la igualdad, el respeto y el multilateralismo.
El veto otorga a los cinco estados permanentes, el derecho a impedir la aprobación de cualquier resolución que contravenga sus intereses. Estados Unidos ha sido uno de los países que más ha utilizado su «mal adjudicado» derecho al veto, con más de 32 resoluciones vetadas que criticaban a su aliado Israel, según datos de la ONU.
En varias ocasiones se han impulsado resoluciones que buscan eliminar el veto, pero cualquier reforma a este será sumamente difícil, puesto que los artículos 108 y 109 de la Carta de las Naciones Unidas proveen a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad derecho a veto sobre cualquier modificación a la Carta, requiriendo aprobación de esos países para modificar el poder que poseen.
Miles de asesinatos en Gaza, comunidades enteras sufriendo hambruna, injerencias y agresiones militares en naciones soberanas hacen cuestionar seriamente el papel de este organismo que, supuestamente, debería velar por «la paz y seguridad en el mundo».

