
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a echar mano este sábado de una de sus armas favoritas, los aranceles, al amenazar a Canadá con tarifas de 100% si firma un acuerdo comercial con China.
En una publicación en Truth Social en la que recurrió a su argumento de la amenaza china, el jefe de la Casa Blanca dijo que “si Canadá firma un acuerdo con China, se le impondrá inmediatamente un arancel del 100% a todos los bienes y productos canadienses que entren a Estados Unidos”.
Trump agregó que si el primer ministro canadiense, Mark Carney, “cree que va a convertir a Canadá en un ‘puerto de descarga’ para que China envíe bienes y productos a Estados Unidos, está muy equivocado”.
En otro mensaje, señaló que “lo último que necesita el mundo es que China se apodere de Canadá” y afirmó: “¡Eso no va a suceder, ni siquiera se acercará a suceder!”.
Carney ha sido una de las voces más críticas de la proyección de la Administración Trump en política exterior. Además de viajar recientemente a Beijing, reunirse con Xi Jinping y firmar con China una hoja de ruta con 28 medidas de cooperación estratégica, pronunció un duro discurso en el Foro Económico Mundial de Davos que recogía muchas de las críticas al rumbo tomado por Washington y que, según analistas, “eclipsó y molestó” al magnate.
Hablando en Davos antes de Trump, Carney habló de una ruptura en el orden mundial y afirmó que “las potencias medias deben actuar juntas, porque si no estás en la mesa, estás en el menú”. Alertó, además, sobre la coerción por parte de grandes potencias, sin mencionar el nombre del mandatario estadounidense.
En la escalada contra Carney, Trump llegó a decir que “Canadá vive gracias a Estados Unidos”, a lo cual el primer ministro respondió que su nación puede ser un ejemplo de que el mundo no tiene que inclinarse hacia tendencias autocráticas y que “Canadá no vive gracias a Estados Unidos; prospera porque somos canadienses”.
Trump, que ha llamado “gobernador Carney” al primer ministro, también le retiró la invitación para formar parte de su Junta de la Paz, que ha sido rechazada o vista con recelo por varios Gobiernos y organizaciones que señalan su incompatibilidad con el sistema multilateral o la perciben como un intento de suplantar la Organización de las Naciones Unidas.
Desde que comenzó su segundo mandato, conjuntamente con sus pretensiones de que el Canal de Panamá vuelva a ser estadounidense y que Groenlandia sea controlada por Washington, Trump afirmó que Canadá debería ceder su soberanía y convertirse en el estado 51 de EE.UU.
Inicialmente, Canadá secundó a Estados Unidos al imponer un arancel del 100% a los vehículos eléctricos y un 25% al acero y aluminio chinos, a lo que Beijing respondió con tasas de 100% sobre el aceite de canola y harina canadienses y del 25% sobre cerdo y mariscos. A medida que la Administración Trump arreció sus tácticas de presión y su discurso intervencionista, comenzó un alejamiento que culminó con la visita de Carney al gigante asiático para mejorar la relación bilateral.
Canadá es el principal destino de exportación para 36 estados de Estados Unidos y productos y servicios por valor de cientos de millones de dólares cruzan cada día la frontera entre ambos países. Un 60% de las importaciones de petróleo crudo de EE.-UU. llegan de Canadá, al igual que un 85% de las importaciones de electricidad estadounidenses.
Canadá es, además, el mayor proveedor extranjero de acero, aluminio y uranio a Estados Unidos y tiene 34 minerales y metales críticos, otro de los activos que mueven las acciones de la actual Administración en la Casa Blanca.

