
El pasado mes de septiembre describía en esta misma sección el entusiasmo con que el público asistente a la clausura del último Festival Internacional de Cine de Venecia había recibido la concesión del León de Plata a la cinta “La voz de Hind”, de la joven cineasta tunecina Kaouther Ben Hania. Una alegría, sin embargo, rodeada de un halo de frustración debido al hecho de que una película tan impresionante sobre el genocidio palestino no hubiese obtenido el primer premio del Festival, es decir el León de Oro. Concluyendo entonces mi comentario con que cuando se distribuyera el estremecedor docudrama comercialmente, sería el público quien manifestaría emocionado y con los puños cerrados de rabia su reconocimiento definitivo en los cines de todo el mundo. Y así ha sido pese a que la oleada de protestas internacionales contra tamaña barbarie haya amainado bastante y un sentimiento de impotencia haya ocupado desgraciadamente su lugar. Algo que he podido yo mismo comprobar viendo y oyendo de nuevo estas escalofriante película y desgarradora voz. Y es que la historia real que nos cuenta magníficamente Ben Hania no es para menos.
Rendir cuentas y hacer justicia
La expectación entre el público era grande. Daba la impresión de que asistíamos a algo excepcional. Y eso era en realidad. El silencio se podía cortar con un cuchillo cuando, apenas apagadas las luces de la sala, los espectadores nos dábamos de bruces con el drama que tenía lugar en el interior de un centro de operaciones de La Media Luna Roja Palestina. Allí un reducido equipo de empleados de esa organización, interpretados con una intensidad dramática asombrosa por los actores Saja Kilani, Motaz Malhees, Clara Khoury y Amer Hlehel, intenta organizar desesperadamente el rescate de Hind, una niña de seis años que después de que el ejército sionista asesinara a sus tíos y primos que con ella huían de la ciudad de Gaza, se encuentra atrapada en el interior del coche en el que se ha perpetrado la horrible atrocidad. Durante horas, en un angustioso y permanente contrarreloj, los rescatadores se comunican con la pequeña gracias al teléfono móvil que ella posee, intentando por todos los medios calmarla y disipar su miedo; al tiempo que los paramédicos, un servicio de salud especializado en la atención inmediata, se dispone a rescatar a Hind enviando una ambulancia. Todo ello previamente concertado con el ejército sionista y con diversas instancias internacionales.
La acción de la ficción narrada transcurre casi exclusivamente en el centro de operaciones de la organización palestina, y la única violencia es la que se desprende de la voz real y atormentada de Hind. Una voz original que seguirá resonando en las conciencias hasta que se rindan cuentas y se haga justicia.
Rosebud

