Juan Luis Corbacho (Unidad y Lucha).— Que los mandatarios norteamericanos estén bajo acusaciones penales, mercantiles o civiles, o directamente inmersos en procesos judiciales, no puede ser casualidad.
Tampoco lo es que la táctica, no nueva, pero aplicada últimamente con mucha generosidad, del law fare esté dando los resultados apetecidos por el gran capital.
En Brasil fue escandaloso el juicio contra Dilma, ni que decir del juicio contra Lula, al que se le acusaba de tener un apartamento que nunca existió, o el de Cristina en Argentina. Ninguno de ellos revolucionarios, ni comunistas siquiera, simples socialdemócratas en un mundo de neofascismo libertario.
Se va desenmascarando el tema cuando alguien tan zafio como Trump va dejando caer perlas un día sí y otro también. El Clan de los Soles, justificación injustificada de una violación del derecho internacional que acaba con el secuestro del presidente de Venezuela, no existe.
Nunca ha existido el Clan de los soles, aunque algunos voceros sistémicos como El País, El Mundo, o cualquiera de la miríada de la fachosfera digital lo asumieran como real y propio.
¿Qué nos va a extrañar a estas alturas? El gobierno autodenominado más progresista de la historia llegó a reconocer a Juan Guaidó, que resultó ser un muñeco estafador que se quedó con todo lo que pudo, después vino Edmundo, Corina la del Nobel y la madre que parió el cordero….les da igual.
Pero como está pasando con los kurdos, la cosa se vuelve en contra de quienes se arrastran, como dijera Zapata: «El que quiera ser águila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre, pero que no grite cuando lo pisen».
Y eso le está pasando a la vieja y decrépita Europa, condenada a la irrelevancia internacional, que se ve entre la espada de Trump que quiere arrebatarle a la “OTAN” Groenlandia y la Federación Rusa que está limpiando de nazis Ucrania. Y como no, el enemigo seguirá siendo la Federación Rusa…total a Trump no le quedan muchos años de vida y alguien hará algo tarde o temprano para que al viejo no le dé por apretar el botón nuclear.
El actual inquilino de la Casa Blanca, al igual que otros gobernantes europeos tiene el peso de la ley tras sus talones. Y en eso, en la activación de la justicia contra quien no conviene al capital, está el gran secreto. Trump y muchos otros (hasta Ana Obregón, oh my god!) tienen ficheros en la Isla de Epstein. Todos ellos saben cuál es su destino: obedecen a quienes están gobernando en las sombras (o sea, el gran capital) o habrá filtraciones “casuales” de sus archivos.
No hay que olvidar que a quien revela archivos sin su control se le persigue. No sé dónde andará Julian Assange, lo que sí sé es que la criminal de guerra, ex traicionada por Clinton, doña Hillary Clinton, no ha pisado la cárcel. Tampoco lo ha hecho Netanyahu, ni los líderes de la OTAN que bombardearon Yugoslavia, Libia, Iraq, Siria, Mali, Níger, Somalia, Eritrea, El Congo, Corea, Vietnam, Indonesia….Y es que el capital y su aplicador de leyes, la justicia con minúsculas, no puede actuar contra “la familia”
Y aquí tenemos al gobierno de coalición PSOE & Sumar haciendo malabares para que no lo encausen, porque si lo encausan, ya sabemos lo que vendrá: un giro total que podría consistir en admitir el 5% de inversión en armamento, aplaudir al ente sionista y atacar a Rusia (ah, no, que eso ya lo hace…)
En fin, que la justicia representa al poder que la alimenta. En los estados capitalistas, la justicia es la ejecutora de las leyes capitalistas y si no sale bien pueden acudir al Consejo General del Poder Judicial para que retuerza la norma, que ni para eso sirven los arrastrados del capital. Pero eso ya lo sabíamos, aunque a veces parece olvidarse, que ni es neutra ni ciega ni es imparcial…representa a la clase dominante. En los palacios de (in)justicia del capitalismo, la clase obrera no tiene nada que ganar.


