Miles de australianos se movilizaron este lunes 9 de febrero, para repudiar la visita oficial del presidente israelí, Isaac Herzog. Las protestas, convocadas en las principales ciudades, denuncian al mandatario por incitar al genocidio en la Franja de Gaza. En Sídney, la policía reprimió con gas pimienta a los manifestantes que desafiaron las restricciones para concentrarse en la Plaza del Ayuntamiento, exigiendo el arresto inmediato del líder visitante.
El operativo de seguridad desplegó a más de tres mil agentes con poderes extraordinarios para dispersar multitudes y registrar vehículos. Los activistas del Grupo de Acción Palestina denunciaron que estas medidas buscan silenciar el descontento social frente a la crisis humanitaria en Oriente Medio. A pesar de las amenazas de detención, la ciudadanía mantuvo su exigencia de justicia y rendición de cuentas por los crímenes cometidos contra el pueblo palestino.
La oposición a la visita también surgió desde el Consejo Judío Australiano, que publicó una carta firmada por más de mil académicos y líderes comunitarios. Bajo el lema «Herzog no nos representa», el colectivo antisionista exigió al primer ministro Anthony Albanese retirar la invitación diplomática. Los críticos acusan al mandatario israelí de utilizar el dolor de las víctimas para legitimar la anexión ilegal de territorios y la violencia en Cisjordania.
Sarah Schwartz, directora del Consejo, afirmó que no permitirán que se instrumentalice su identidad para avalar retóricas de guerra. Amnistía Internacional se sumó al rechazo, señalando que recibir a Herzog como invitado oficial socava los compromisos de Australia con los derechos humanos. Para los manifestantes, la impunidad del líder israelí es inaceptable tras años de asedio militar y sufrimiento extremo impuesto sobre la población civil de Gaza.
Herzog inició su agenda en Bondi Beach con un acto en memoria de las víctimas de un atentado ocurrido en 2025. El mandatario calificó las protestas como intentos de deslegitimar al Estado de Israel, mientras que el primer ministro Albanese pidió respetar la naturaleza «solemne» de la gira. Sin embargo, la presencia del líder polarizó al país, evidenciando una fractura profunda sobre el apoyo incondicional de Canberra hacia las políticas de Tel Aviv.
La gira continuará por Melbourne y Canberra bajo una vigilancia extrema antes de concluir el próximo jueves. Mientras el Gobierno intenta mantener la normalidad diplomática, el clamor popular por un alto el fuego y el fin de la ocupación sigue creciendo en las calles. Esta jornada de lucha reafirma que un sector mayoritario de la sociedad australiana no está dispuesto a permanecer en silencio ante el genocidio perpetrado contra la población palestina.


