
Telva Mieres (Unidad y Lucha).— Hay doctrinas que nacen mal y envejecen peor. En algún apartado secreto de la Doctrina Monroe debe poner que la Tierra no necesita gobiernos, ni soberanía, ni Parlamentos, ni banderas, ni derecho a decidir, ni voluntad popular, ni derecho internacional. Lo que necesita es administración, mayor control de recursos y un Marco Rubio dispuesto a hacerle los “mandaos” a Trump.
Marco Rubio, de ir con cofia y plumero, ha pasado a ejercer como mayordomo geopolítico del Despacho Oval. Y tal es el afán y el esmero que pone en el cometido que no administra países: administra continentes. Tan buen narcisista es, tan mañoso para el robo, la corrupción, el chantaje y el gangsterismo, que Rubio ya no invade: reordena. No derroca: optimiza. No sanciona: actualiza términos y condiciones.
Algunos países, siguiendo las instrucciones del Secretario de Estado de los EE.UU, que está muy satisfecho con sus aliados, posaron para la foto y se formó la gozadera:
- Argentina, sonríe, que la sonrisa está incluida en la renta.
- Chile, te veo torcido. A ver si tenemos que mandarte un ajuste estructural, que ya sabes cómo nos las gastamos.
- Ecuador, la ayudita de cooperación, no es para que mires la letra pequeña. Noboa, quítate el polvo blanco de la nariz que sale la foto borrosa.
- Honduras, no preguntes de dónde sale el dinero, posa , obedece y calla…
Sin embargo, otros están provocando que la foto salga desenfocada porque no muestran sumisión a las advertencias-
Las cosas han cambiado mucho, en los últimos tiempos, el imperio ya no entra por la puerta de atrás. Antes daba golpes de Estado, unos más feroces y agresivos y otros envueltos en papel de regalo. Ahora, el imperio entra por la puerta grande, con transparencia insolente, con botas, banda de música y un archivo adjunto titulado:
“Democracia, petróleo, mis santos cojones y otras casualidades”.
La hipocresía, admiten en privado, era agotadora. Hoy, para derrocar gobiernos, solo necesitamos más cinismo, anunciarlo en rueda de prensa, transmitirlo por YouTube, ponerle hashtag y esperar los likes.
“Antes financiábamos oposiciones a la chita callando”, confesó un funcionario del Departamento de Injerencias y Mangoneos, mientras pulía un misil con forma de paloma, “ahora lo metemos en los presupuestos y los publicamos en Twitter”
Y como el modelo está siendo tan exitoso en Latinoamérica y Palestina, deciden expandir un poquito la franquicia.
Groenlandia recibió una oferta inmobiliaria muy clara:
—O te compramos o te ocupamos. La oferta no tiene escapatoria y antes de que los osos polares reciban cursos de emprendimiento, los de la OTAN se lo han tomado a pecho y van a mandar p´allá una patrulla, a ver qué pasa…
Nada define mejor la “libertad” que un portaaviones bien aparcado entre glaciares.
Y Rubio, árbitro, sheriff y notario del planeta, recorre el hemisferio como quien pasa lista en el colegio:
Fulanito, ¡presente! Sí, pero estás “avisao”.
Menganito, bien, pero con sanciones.
Zutano ¿dudas? Te lanzo unos drones que te dejo seco.
Perengano ¿ no obedeces? Te mando una pasantía de la CIA.
Castigos, sanciones, bloqueos, listas negras, secuestros y cameo en el próximo discurso como “ejemplo de lo que no hay que ser y de lo que no se debe hacer”.
El mundo observa con cara de ¿esto es serio o es una comedia mal escrita? Pero la trama continúa:
América Latina es el patio, Groenlandia el ático, Europa la terraza y Asia el trastero con cosas interesantes.
Según la interpretación de la doctrina America First, el mundo no es de quien lo habita: es de quien lo administra.
Y el administrador, curiosamente, siempre cobra en dólares.
En el centro del funesto negocio, con sonrisa de dependiente y mirada de cobrador, Marco Rubio sigue pasando lista al mundo, sin preocuparle si la Tierra es cuadrada o redonda: lo que tiene claro es que es una sucursal yankee.

