Una delegación de líderes de movimientos populares y partidos políticos de cinco continentes viaja a Cuba y Venezuela del 9 al 15 de marzo para mostrar solidaridad con sus pueblos. Ambos países son blanco de ataques del Gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump.
La misión, organizada por la Asamblea Internacional de los Pueblos (AIP), se produce en un contexto de creciente agresión de Washington contra naciones soberanas de América Latina y el Sur Global. La iniciativa busca no solo evaluar las afectaciones de estas políticas, sino también establecer un frente común de resistencia y apoyo mutuo.
El grupo de solidaridad incluye a representantes del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, el Partido por el Socialismo y la Liberación de Estados Unidos y el Partido Socialista de Zambia, entre otros actores globales.
En Cuba, la delegación evaluará los impactos del bloqueo económico que se mantiene por más de seis décadas, recientemente agravado por un cerco energético que impide la venta de combustible a la isla.
Esta acción estadounidense ha provocado apagones generalizados y una creciente escasez de alimentos. João Pedro Stédile, líder del MST, afirmó que esta misión no acude como observadora, sino como compañera solidaria, señalando que la agresión contra estos países es un ataque contra quienes aspiran a un mundo libre de explotación.
Por su parte, Brian Becker, del Partido por el Socialismo y la Liberación de Estados Unidos, subrayó la responsabilidad del pueblo estadounidense en rechazar las acciones militares y el asedio ejecutados en su nombre. Becker aseguró que existe «otro Estados Unidos» que permanece junto a los pueblos agredidos, reafirmando la solidaridad entre las bases populares y la resistencia a las políticas intervencionistas.
La misión sitúa el conflicto en un contexto de resistencia del Sur Global. Fred M’membe, del Partido Socialista de Zambia, destacó que la situación en Cuba y Venezuela representa una lucha compartida desde Palestina hasta el Congo por el derecho de los pueblos a controlar su propio destino.
Los líderes internacionales enfatizaron que su presencia en la región constituye un acto de unidad contra las políticas de Donald Trump, reafirmando que América y el mundo se mantienen firmes en la defensa de la autodeterminación de los pueblos cubano y venezolano.
La Administración Trump intensifica una política genocida que busca la inmovilidad financiera de la isla, afectando sectores críticos como la salud y el transporte, donde solo 14 horas de bloqueo representan el costo de la insulina para todos los diabéticos de la nación. La estrategia de Washington pretende instaurar un sistema arancelario ad valorem para forzar la sumisión de un pueblo que, en más de un 80 por ciento, nació bajo las restricciones de esta guerra económica.
Expertos señalan que el objetivo del «Corolario Trump» es el colapso total de la infraestructura básica cubana, impidiendo transacciones internacionales y ahuyentando la inversión extranjera al mantener a Cuba en la unilateral lista de Estados patrocinadores del terrorismo. Ante este asedio, el Gobierno cubano ratifica que el bloqueo es el principal obstáculo para su desarrollo y que estas medidas violan flagrantemente el derecho internacional y la soberanía de terceros países que deciden comerciar libremente con la isla.


