
La política de máxima presión de Estados Unidos ejercida contra Cuba se manifiesta en una severa crisis energética, afectando la vida cotidiana de las familias en la isla caribeña. El impacto es visible en la escasa ocupación de habitaciones, incluso en algunos de los más emblemáticos hoteles de la isla.
En los hogares, la situación es crítica, donde la población libra la más cruda resistencia a la interrupción de la entrada de combustible al país. Consultada por teleSUR, Maricel Ramírez, una madre cubana, relató que ”el tema de los apagones nos está afectando seriamente, sobre todo lo siente más la mujer cubana, que después de trabajar toda una jornada de 8 horas, llegar a la casa, sin corriente”.Maricel, como muchas familias cubanas, se debate entre la inflación alimentaria, el desabastecimiento de productos esenciales y la constante preocupación por el estado de los escasos alimentos, que se descongelan.
Maricel, como muchas familias cubanas, se debate entre la inflación alimentaria, el desabastecimiento de productos esenciales y la constante preocupación por el estado de los escasos alimentos, que se descongelan.
Ramírez relata cómo, ante la falta de corriente, debe preparar la leche y la comida de su hijo utilizando carbón. ”Mucha gente lo cocina con leña, con lo que tenga a mano”, subraya, evidenciando la resiliencia y las dificultades impuestas por la escasez energética.
El pasado 4 de marzo, una avería en la central termoeléctrica más grande e importante de la isla provocó la quinta caída parcial del sistema electroenergético nacional en seis meses. Este incidente dejó a dos tercios del país, incluida La Habana, sin electricidad.
Catalina Solano, una residente afectada, expresó su incertidumbre: ”Estamos pasando trabajo, no hay petróleo, no hay nada. Nos levantamos temprano de madrugada para coger una pequeña cantidad de agua, cuando la pueden poner”.
Equipos técnicos lograron reparar la avería en la caldera de la planta Antonio Guiteras, en la occidental Matanzas. Sin embargo, con ello no es posible solventar el deficit estructural que le impide al país cubrir más del 60 por ciento de la electricidad que necesita.
Esa imposibilidad es producto del persistente y recrudecido bloqueo estadounidense a la importación de combustible, una infraestructura envejecida que sufre averías recurrentes, y escasas invensiones. Cabe destacar que las restricciones impuestas por el bloqueo afectan severamente los ciclos de mantenimiento y la compra de accesorios esenciales para modernizar la infraestructura energética del país.
El 29 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que faculta a Washignton para gravar a los bienes procedentes de países que suministren petróleo a la isla, una estrategia que ha derivado en un desabastecimiento de combustible en el territorio cubano.
Frente a los intentos de asfixiar a la nación caribeña, el Gobierno cubano acelera en el programa de instalación de fuentes renovables de energía. Este esfuerzo se ve reflejado en un crecimiento en las importaciones de tecnología limpia.
Según datos del explorador de datos de las Exportaciones de Energía Limpia de China (EMBER), en 2025 las importaciones de paneles solares chinos desde Cuba crecieron 34 veces, un ritmo superior al de cualquier otro país del mundo.

