
Bajo un estricto «silencio mediático», el Gobierno de Israel estableció un férreo control sobre la información relacionada con la ofensiva que mantienen la República Islámica y Hezbolá. Según un informe revelado este jueves 12 de marzo por un medio local, desde el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero, el ejército israelí impuso un sistema de verificación obligatoria donde la inteligencia militar debe autorizar cada vídeo o noticia antes de su difusión.
A pesar del cerco informativo, la realidad del conflicto logra filtrarse. La radio del ejército israelí reconoció que el Movimiento de Resistencia de Líbano Hezbolá disparó más de 100 cohetes en su última oleada, mientras que otro diario de la región admitió que el movimiento libanés permanece «vivo y activo», impactando el corazón de los territorios ocupados con misiles de precisión.
Irán consolidó su respuesta antes los ataques de Israel y Estados Unidos mediante la operación Verdadera Promesa IV, ejecutando hasta ahora 40 oleadas de ataques con misiles y drones contra objetivos de Tel Aviv y bases de Washington en Asia Occidental.
Teherán fue enfático al declarar que la represalia no se detendrá mientras persistan las agresiones en su contra, desafiando una narrativa oficial israelí que intenta minimizar los daños materiales y humanos de la contraofensiva persa. En una operación nocturna de alta intensidad, combatientes de Hezbolá frustraron un intento de desembarco de fuerzas especiales israelíes en la cordillera oriental de Líbano.
Según reportes de medios locales y fuentes de seguridad libanesas, la resistencia libanesa logró derribar uno de los helicópteros de transporte, tras detectar una incursión aérea masiva que sobrevolaba localidades fronterizas con Siria, como Nabi Chit y Ras Baalbek.
El enfrentamiento comenzó pasada la medianoche del lunes 9 de marzo, cuando las aeronaves israelíes intentaron infiltrar tropas de infantería en la llanura de Serghaya. Hezbolá respondió con fuego antiaéreo y armamento pesado, desatando combates directos contra la fuerza infiltrada.
Mientras la resistencia libanesa confirmaba que los enfrentamientos continuaban en las zonas montañosas, la ofensiva israelí se extendió al sur del país mediante una serie de bombardeos selectivos que dejaron un saldo trágico. El Ministerio de Salud de Líbano informó que los ataques aéreos en los distritos de Tiro y Bint Jbeil causaron la muerte de siete personas y dejaron al menos 30 heridos.
Entre las víctimas se reportan civiles impactados en una granja avícola en Yahmar al-Shaqif, incluyendo a tres niños de nacionalidad siria. Esta escalada en el frente oriental y sur marca una peligrosa expansión del conflicto, evidenciando que la guerra de desgaste ya no se limita a las fronteras tradicionales y amenaza con envolver puntos estratégicos de la geografía libanesa.
La escalada bélica emprendida por la Administración de Donald Trump contra Irán alcanzó un costo financiero sin precedentes en su fase inicial. Según proyecciones de una agencia turca, el conflicto drenó 10.350 millones de dólares del tesoro estadounidense en apenas diez días de hostilidades.
Esta cifra, que equivale a consumir más del uno por ciento del presupuesto anual de defensa en poco más de una semana, evidencia una intensidad de gasto que comenzó con 779 millones de dólares en las primeras 24 horas y escaló rápidamente debido al uso masivo de municiones y logística naval.
Informes de un diario estadounidense reveló que el Pentágono gastó aproximadamente 5.600 millones de dólares solo en armamento durante los primeros ataques, lo que encendió las alarmas sobre la velocidad con la que se están agotando las reservas militares del país, una maniobra que analistas del Centro para el Progreso Americano (CAP) califican de injustificada.
Expertos señalan que este es el primer conflicto en la historia moderna de Estados Unidos que inicia con un índice de aprobación negativo, reflejando el rechazo de una ciudadanía que teme verse arrastrada a otra «guerra eterna» de billones de dólares. La crítica interna subraya que, pese a contar con fondos adicionales aprobados recientemente bajo la ley One Big Beautiful Bill, que trata de un paquete legislativo de gran envergadura diseñado para consolidar los recortes de impuestos aprobados en 2017, mientras potencia los beneficios fiscales para las pequeñas empresas.
No obstante, para financiar parcialmente estas medidas, el plan propone recortes drásticos en programas sociales clave como Medicaid y la eliminación de subsidios destinados a la transición hacia energías limpias en ese sentido la Administración busca endeudar más al Estado para sostener una campaña de «cambio de régimen» que carece de provocación previa.
Mientras sectores críticos denuncian una desconexión total con las necesidades de infraestructura y salud del pueblo estadounidense, Washington mantiene abiertos frentes agresivos en Siria y Yemen, consolidando una estrategia de dominación militar que, según sus detractores, solo busca fragmentar regiones estratégicas a cualquier costo humano y financiero.

