
Miguel Angel Rojas (Unidad y Lucha).— La obra literaria de Borges ha conquistado las más elevadas cimas de la literatura. Desde muy joven se adhirió a los movimientos vanguardistas europeos que creaban paraísos artificiales en las contiendas constreñidas a las formas estéticas.
La Gran Guerra asola Europa e impacta en las vanguardias. La lucha por la paz, contra la explotación del hombre por el hombre y la fraternidad que supuso el triunfo de la revolución de los soviets en Rusia significó una sacudida inaudita que incide en las vanguardias.
El joven Borges escribió unos poemas vanguardistas que se adhieren a la efervescencia de la inmensa ola revolucionaria a nivel mundial. Había publicado en 1919 en la revista vanguardista Grecia su poema “Himno del mar”, basado en la poesía expresionista de Becher, un canto al futuro frente a la noción circular del viaje de Kavafis. Entre 1920 y 1921, en pleno trienio bolchevique borgeano, en la mencionada publicación aparecen poemas como “Trinchera”, “Hermanos”, ”Rusia, “Guardia Roja”, entre otros que había compilado en un librito nonato al que tituló Salmos Rojos o Ritmos Rojos. El libro no llegó a publicarse porque así lo decidió en un arrebato. Durante toda su vida había nadado a contracorriente en una ciénaga de confusiones, encrucijadas y elucidaciones, acabando atrapado en la telaraña del Eterno Retorno, enjaulado en la claustrofóbica pesadumbre del no hay futuro.
Sus poemas vanguardistas, de extraordinaria calidad literaria, aunque murió sin saberlo, su controversia con el vanguardismo, sus conflictos, le sirvieron de por vida para crear una obra magna de la literatura. Los poemas vanguardistas que perviven en las revistas donde los publicó fueron recobrados como El paraíso de Milton en el libro Jorge Luis Borges. Textos recobrados 1919-1929. Borges, a su paso por Elogio de la sombra, concibió que el olvido es una manera de memoria que permanece. En este caso, rescatamos sus Salmos Rojos del aquelarre.

