
Fernando (Unidad y Lucha).— El imperialismo se cobró una pieza importante cuando, en diciembre de 2024, logró derrocar al gobierno legítimo de la República Árabe Siria. Con la caída del proyecto baazista liderado por Bashar al-Assad, asestó un duro golpe a un país clave dentro del Eje de la Resistencia anti-sionista. Para ello le fueron necesarios trece años (desde las mal llamadas ‘Primaveras Árabes’ de 2011) de una guerra combatida por grupos islamo-fascistas y mercenarios extranjeros procedentes de todo el mundo, así como en una agresión económica que devaluó profundamente la moneda nacional y desgastó sobremanera las condiciones de vida.
Desde entonces, el pueblo sirio lleva pagando en sus carnes las consecuencias, y a un coste altísimo: con el precio de la luz habiéndose incrementado más de un 600 %, una escasez acuciante de medicamentos y comida (cuando solía tener una importante producción de cereal), el desmantelamiento de su industria, una criminalidad desbocada, etc. Por desgracia, en el corto-medio plazo no se avecina un cambio de panorama.
Desde aquel fatídico diciembre de 2024, el país está sumido en una sangrienta espiral de violencia política y étnica, sobre todo contra los y las partidarias baazistas y contra la población alauita, como ilustran las matanzas en Suweida, Hama y Homs; mientras el régimen no demuestra ni capacidad ni interés por solucionarlo. No en vano, está encabezado por un títere del imperialismo: el rebanacuellos de Abu Mohamed al-Golani (su nombre de guerra, aunque ahora le pongan traje y lo llamen Ahmed al-Sharaa). Líder del grupo terrorista Hayat Tahrir al-Sham, está más bien centrado en consolidar su puesto frente al avispero de grupos terroristas que hoy pululan por Siria: su HTS es el principal, pero no el único. De hecho, se han fortalecido facciones cercanas a Daesh.
Mientras tanto, por el sur al-Golani deja hacer tranquilamente al ejército sionista, que no solo ocupa desde hace décadas los Altos del Golán, sino que hoy avanza en la región de Quneitra sin oposición real, arrasando a su paso pueblos y cultivos. Al fin y al cabo, ¿cómo va a confrontar nuestro ‘amigo’ cortacabezas a sus queridos patrocinadores yanquis e israelíes? De hecho, el actual régimen sirio es una dolorosa cuña que el sionismo-imperialismo logró meter contra el Eje de la Resistencia, con idea de usarla contra Palestina, Líbano e Irán, principalmente.
En el norte del país, Turquía y sus fuerzas interpuestas manejan la situación. En el este sirio (la zona petrolífera junto al río Éufrates), ha habido -en enero, sobre todo- importantes y cruentos enfrentamientos armados entre el nuevo ejército y facciones kurdas. Sí, las mismas facciones kurdas que en Europa nos promocionaban como el máximo paradigma revolucionario de esa tal ‘Rojava’, pero que durante años no han hecho más que de peones de EE. UU. y la entidad sionista de Israel.
No obstante, puesto que el imperio no entiende de alianzas sino de intereses, cuando les ha convenido, a estos grupos kurdos les ha retirado su apoyo de un plumazo, en favor de al-Golani y sus esbirros. Al momento de escribir estas líneas, hay abierta una negociación de alto al fuego entre ambos bandos, para un reconocimiento kurdo del nuevo gobierno y hacia una futura integración en él.
Mientras, los pueblos de la región con conciencia antiimperialista toman nota y sabiamente identifican el obrar del régimen sirio. De hecho, la Coordinadora de la Resistencia de Irak le ha advertido de que «cualquier acción hostil contra Líbano, coordinada con el enemigo sionista-estadounidense y bajo cualquier pretexto, será considerada una declaración de guerra contra todo el Eje de la Resistencia«.

