Feijóo y el precio del sillón: la claudicación ante Vox.
La mayor falacia que rodeó la llegada de Alberto Núñez Feijóo a Madrid fue su supuesta condición de freno de mano contra el extremismo. Se nos vendió a un líder institucional, moderado, un gestor ortodoxo que reconduciría al Partido Popular hacia la centralidad. Hoy, tras los acuerdos autonómicos en Aragón, Extremadura y los constantes coqueteos en el resto del territorio como en Andalucía, la máscara ha caído definitivamente. Feijóo no ha moderado a la extrema derecha; ha sido la extrema derecha de Santiago Abascal la que ha arrastrado al PP a su terreno, convirtiendo al líder gallego en el rehén de sus propias ambiciones de poder.
El problema no es que el PP pacte para gobernar; la gravedad reside en la absoluta sumisión ideológica que Feijóo ha validado desde la planta noble de Génova. Para asegurar gobiernos autonómicos, los populares no han dudado en tragar con conceptos antes intolerables como la «prioridad nacional», la criminalización de los menores migrantes o el retroceso en derechos lingüísticos y sociales. La dirección nacional del PP intentó controlar los daños imponiendo un «decálogo de mínimos», un burdo intento de salvar la cara ante Europa mientras, por detrás, entregaban a Vox parcelas clave de poder y presupuestos enteros para toda la legislatura.
Esta estrategia de supervivencia revela una alarmante falta de liderazgo de Feijóo, atrapado en una contradicción insalvable. Por un lado, sus portavoces intentan fingir distancias en el Congreso; por el otro, sus barones regionales demuestran una total sintonía y complicidad a la hora de aplicar las políticas de la ultraderecha en el día a día institucional. Vox ha entendido perfectamente el juego y utiliza cada comunidad autónoma como un laboratorio para imponer su agenda nacional, arrastrando a un PP timorato que ha renunciado a dar la batalla cultural.
Al asumir y normalizar las exigencias de Vox, Feijóo ha dinamitado cualquier puente hacia la centralidad y ha demostrado que el «sentido de Estado» del que presumía termina justo donde empieza la necesidad de conseguir votos. No hay moderación posible en quien financia e institucionaliza la intolerancia a cambio de despachos. Feijóo ya no es el líder de una alternativa moderada; es el patrocinador oficial del desembarco ultra en las instituciones de nuestro país.
André Abeledo Fernández

