
Mundial en EEUU la confirmación de que el Fútbol profesional está podrido.
Dicen que el deporte debe unir a los pueblos. Dicen que el fútbol no entiende de fronteras, de idiomas, de religiones o de ideologías. Dicen que el Mundial es la gran fiesta de la humanidad. Pero cada vez cuesta más creerlo cuando vemos quiénes toman las decisiones y al servicio de quién las toman.
La elección de los Estados Unidos como sede del Mundial es una nueva demostración de hasta qué punto el fútbol profesional ha dejado de pertenecer al pueblo para convertirse en un negocio al servicio de los poderosos.
Porque estamos hablando de un país que lleva décadas protagonizando guerras ilegales por todo el mundo, que mantiene un bloqueo criminal contra Cuba condenado año tras año por la inmensa mayoría de la comunidad internacional, que ha apoyado golpes de Estado, secuestros de dirigentes políticos y operaciones de desestabilización contra gobiernos soberanos. Un país que sigue respaldando política, económica y militarmente la destrucción de Palestina y las agresiones contra el Líbano.
Y, sin embargo, ahí estará la FIFA, hablando de valores, de inclusión y de respeto.
Mientras tanto, asistimos a la persecución de migrantes, a las deportaciones masivas, a las dificultades para obtener visados y permisos de entrada, incluso para aficionados y ciudadanos de determinados países que desean acudir a un evento que supuestamente pertenece a toda la humanidad. Como si el Mundial fuera propiedad de unos pocos y no una celebración universal.
Por si fuera poco, se intenta imponer el inglés como idioma dominante de la competición, ignorando deliberadamente la diversidad cultural y lingüística de millones de aficionados. Una nueva muestra de arrogancia y de colonialismo cultural disfrazado de organización deportiva.
Pero en realidad nada de esto debería sorprendernos.
Hace tiempo que los dirigentes del fútbol profesional decidieron vender el alma de este deporte al mejor postor.
Primero llevaron la Supercopa a Arabia Saudí, una dictadura brutal que vulnera sistemáticamente los derechos humanos. Después entregaron el Mundial a Qatar, levantando estadios sobre el sufrimiento y la explotación de miles de trabajadores migrantes obligados a trabajar en condiciones infrahumanas. Y ahora entregan la máxima competición futbolística a los Estados Unidos de Donald Trump.
Todo vale si hay dinero de por medio.
Se han cargado el fútbol convirtiendo un juego, un deporte, en un simple, vulgar y sucio negocio.
Porque el fútbol era otra cosa.
El fútbol era el juego de la clase trabajadora. Era el juego de todos. Del barrio humilde, del pueblo pequeño, de los cerros latinoamericanos, de las favelas brasileñas, de los descampados donde una pelota gastada bastaba para hacer felices a decenas de niños.
Para millones de personas el fútbol es mucho más que un deporte. Es identidad, memoria, pasión, cultura popular. Es una forma de vivir y hasta de sentir.
Por eso duele tanto ver cómo intentan robárselo al pueblo para ponerlo al servicio de sátrapas, oligarcas y multimillonarios sin escrúpulos.
Sin embargo, por mucho que se empeñen, hay algo que nunca podrán comprar.
La esencia del fútbol.
Maradona lo entendió mejor que nadie cuando dijo que «la pelota no se mancha».
Y tenía razón.
La pelota seguirá siendo de todas y todos.
Para muchos, Diego Armando Maradona fue el futbolista más grande de la historia. El mago del balón. La Mano de Dios. El genio irrepetible que salió de un barrio pobre para conquistar el mundo sin olvidar nunca de dónde venía.
Eduardo Galeano lo definió de forma magistral: «Un villero con mucha guita pero con conciencia de clase. Un Dios errante, sucio y pecador. El más humano de los dioses».
Maradona, como Garrincha, representaba algo que el fútbol moderno intenta borrar: el talento nacido en la calle, la rebeldía popular, la magia imposible de fabricar en una oficina de marketing.
Podían cometer errores en su vida personal, como cualquier ser humano. Pero cuando tocaban la pelota convertían el fútbol en arte.
Maradona lo resumió con una frase que explica toda una vida:
«Me arrepiento del 99% de las cosas que hice en la vida. Sin embargo, el otro 1% —que es el fútbol— compensa todo lo demás».
Qué diferencia entre aquellos ídolos populares y quienes hoy dirigen este deporte desde despachos de lujo, negociando contratos multimillonarios mientras hablan de valores que no practican.
El fútbol profesional se está hundiendo en la mierda por culpa de dirigentes impresentables que han convertido la pasión de millones de personas en una mercancía.
Pero por mucho que intenten venderlo, privatizarlo y prostituirlo, seguirán sin poder apropiarse de aquello que hizo grande este deporte.
Porque los estadios, los trofeos y los contratos tienen dueño.
Pero la pelota sigue siendo del pueblo.
Y la pelota, como dijo Maradona, no se mancha.
André Abeledo Fernández






No olvidar que fue la FIFA que entregó un premio de la Paz, a Trump, el mayor belicista de esta década.
Y se elige a EEUU como sede del mundial de futbol… un país donde se juega a Soccer, en el mejor de los casos.
El mundo del revés.
Totalmente de acuerdo!
Buen artículo
Lo comparto