
La guerra vuelve a ocupar un lugar central en la política internacional mientras las grandes potencias aceleran el rearme y preparan a la opinión pública para una nueva etapa de confrontación imperialista. Bajo discursos sobre la “defensa de la democracia”, la “seguridad europea” o la “protección de los derechos humanos”, los gobiernos y los grandes medios de comunicación intentan ocultar la verdadera naturaleza de los conflictos actuales: la disputa entre bloques capitalistas por mercados, recursos, rutas energéticas y áreas de influencia.
En la fase actual del imperialismo, la propaganda de guerra se ha convertido en un instrumento fundamental para garantizar la estabilidad interna de las burguesías. Su objetivo principal es alinear a la clase trabajadora con los intereses estratégicos de sus propios explotadores y desactivar cualquier respuesta de clase frente a la militarización creciente.
Presentan las guerras imperialistas como operaciones defensivas o humanitarias, ocultando los intereses económicos que existen detrás de cada intervención militar.
Mientras se pide sacrificio a la población trabajadora, los monopolios energéticos, tecnológicos y militares multiplican sus beneficios, gracias al aumento del gasto militar, mientras las condiciones de vida de millones de trabajadores empeoran constantemente. Cada euro destinado al rearme sale de la sanidad pública, de la educación, de las pensiones y de los salarios.
El Estado español participa plenamente en esta dinámica. “El gobierno más progresista de la historia de España” habla de paz mientras incrementa el gasto militar, envía armamento, refuerza su integración en la OTAN y participa en la estrategia militar de la Unión Europea. La socialdemocracia vuelve a desempeñar su función histórica: presentar los intereses del capital monopolista como si fueran intereses generales de toda la sociedad.
La guerra imperialista enfrenta a burguesías rivales que compiten por el reparto del mundo. Sin embargo, la propaganda transforma esos intereses económicos en conflictos nacionales para conseguir que trabajadores de distintos países terminen enfrentándose entre sí.
Frente a esta ofensiva ideológica, la conciencia de clase constituye una herramienta fundamental de resistencia política. Comprendiendo que los intereses de la burguesía son incompatibles con los intereses de la clase obrera y que la guerra imperialista es una consecuencia inevitable del capitalismo en su fase monopolista.
Combatir la propaganda de guerra significa rechazar el nacionalismo burgués y defender el internacionalismo proletario. Los trabajadores no obtienen beneficios de la guerra. Son las élites económicas quienes se enriquecen mientras la mayoría social paga las consecuencias mediante inflación, recortes sociales, desempleo y muerte.
La manipulación informativa, la censura de posiciones críticas y la criminalización de cualquier oposición a la guerra forman parte de una estrategia destinada a impedir que la clase trabajadora identifique a su verdadero enemigo.
Por ello, la lucha contra la guerra no puede limitarse a llamamientos abstractos por la paz. Solo mediante la lucha política organizada desde posiciones de clase, será posible enfrentar la deriva militarista del capitalismo contemporáneo.
Cada nueva guerra demuestra que el imperialismo necesita destrucción y violencia para sostener sus beneficios y superar temporalmente sus crisis. Frente a ello, la tarea histórica de la clase trabajadora sigue siendo la misma: transformar la lucha contra la guerra en lucha contra el capitalismo.
La paz no vendrá de las cumbres internacionales ni de los acuerdos entre potencias imperialistas. Solo podrá construirse sobre la derrota del sistema capitalista que convierte la guerra en negocio y a los pueblos en mercancía.
La única guerra justa es la guerra de clases contra el capitalismo. Y la única Paz duradera solo será posible cuando los trabajadores de todos los países unan sus fuerzas para enterrar al imperialismo y construir una sociedad sin clases, sin fronteras ni explotación. Esa conciencia, hoy más que nunca, es el arma más poderosa contra la propaganda de guerra.
MYGO

