Cuando retroceden los derechos, la clase trabajadora vuelve a la lucha
La ultraderecha y la involución social avanzan por Europa y América, y vienen tiempos difíciles para la clase trabajadora. Lo vemos en Italia con Meloni, en España con Abascal y su comparsa de Feijóo y Ayuso, en la Casa Blanca con Trump y en Argentina con Milei: un mismo guion repetido con distintos acentos, el mismo desprecio hacia quienes producen la riqueza que otros acumulan.
Deberemos luchar, sudar, llorar e incluso sangrar para recuperar lo que hoy estamos entregando casi sin resistencia: los derechos a los que renunciamos por comodidad y las posiciones que no defendemos por miedo o por ignorancia.
El día de mañana, nuestros hijos y nietos tendrán que conquistar de nuevo aquello que hoy estamos perdiendo por pasividad. Si no reaccionamos, seremos una generación de fracasados, como lo son todas aquellas generaciones incapaces de dejar a las siguientes un mundo mejor, una sociedad más justa en la que el derecho a la dignidad sea también un derecho fundamental y no una concesión graciable del capital.
Espero que, cuando la clase trabajadora vuelva a vencer —y vencerá, porque la historia no se detiene aunque a veces retroceda—, no olvide que el enemigo no son únicamente los oligarcas y los fascistas declarados.
También lo son los traidores: quienes, haciéndose pasar por uno de los nuestros, abren las puertas al fascismo por acción o por omisión. La socialdemocracia acomodada que pacta con el capital, el sindicalismo de despacho que negocia migajas y el progresismo de escaparate que calla ante la injusticia.
Nadie hace más daño a la causa obrera que un traidor o un oportunista, porque al enemigo declarado se le combate, pero a quien finge ser compañero primero hay que desenmascararlo.
Até a vitoria sempre!
André Abeledo Fernández

