
La internacional de la mediocridad
Trump, Netanyahu, Milei, Espriella, Noboa, Abascal, Feijóo, Ayuso, Meloni, Bolsonaro, Fujimori. La ultraderecha trumpista ha montado un circo que ni la mismísima pandilla basura se habría atrevido a montar. Y lo más grave no es el circo en sí, sino que millones de personas aplauden desde las gradas.
El trumpismo ha construido un relato tan burdo como eficaz: la justicia social es terrorismo, lo público es cosa de comunistas y los demócratas, junto con la prensa, son «de extrema izquierda». Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que, además de ser mentira, es una auténtica majadería. Es la reflexión de un fascista ignorante dirigida a un público que prefiere no pensar.
Donald Trump, Javier Milei, Isabel Díaz Ayuso, Santiago Abascal, Alberto Núñez Feijóo y un largo ejército de políticos de tercera división son la demostración más palpable de la involución de la especie humana. Cada día nos gobierna gente más mediocre y con menos talento y, aun así, consiguen votos, portadas y poder real.
El problema no es solo que Donald Trump sea un tarado megalómano y senil al frente de la potencia militar más poderosa y agresiva que la humanidad ha conocido. El problema mayor es que se ha rodeado de un gobierno de tarados todavía más mediocres que él, sostenido por votantes que demuestran una ignorancia y un fanatismo tan peligrosos como embrutecedores.
Donald Trump y Benjamín Netanyahu se han convertido, junto con sus países, en algunos de los dirigentes y gobiernos más odiados del planeta. Estados Unidos e Israel, por méritos propios, representan un eje de poder que amenaza a la humanidad con un desastre global.
Y, sin embargo, curiosamente, mientras los propios ciudadanos de Estados Unidos se levantan contra las políticas de Trump y su gobierno de fanáticos ultraderechistas, la ultraderecha europea y americana sigue arrodillada ante el amo Trump. En la Gran Manzana se celebró una de las manifestaciones más multitudinarias de las 3.200 que se organizaron en todo el país, convocadas por el movimiento «No Kings» contra Donald Trump y sus políticas.
Ese contraste lo dice todo: mientras el pueblo estadounidense empieza a despertar, sus vasallos europeos siguen de rodillas. La mediocridad no tiene fronteras, pero la dignidad de los pueblos, cuando despierta, tampoco.
Até a vitoria sempre!
André Abeledo Fernández





