
Raúl Antonio Capote.— La inteligencia artificial (IA) irrumpe en la guerra con una dimensión inédita: sistemas autónomos y algoritmos de decisión que podrían encarnar la ley del más fuerte sin mediación humana. Si las armas nucleares redefinieron el conflicto en el siglo XX, la IA está reconfigurando los del xxi de manera más profunda.
Ello se debe a que no solo cambia las reglas del juego, sino que altera radicalmente la ecuación del poder. Las nuevas tecnologías transforman la estrategia y vuelven obsoletos cientos de medios convencionales terrestres, navales y aéreos.
Hoy, la superioridad ya no reside únicamente en mejores armas, sino en la capacidad de integrar con rapidez los avances científicos. Se consolida así la «guerra inteligente», que fusiona IA, macrodatos y operaciones cognitivas para doblegar al adversario.
Por ejemplo, la Franja de Gaza no solo ha sido escenario de una de las campañas más letales del siglo xxi, sino que se ha convertido en el principal campo de pruebas de lo que ya se denomina «el primer genocidio asistido por IA de la historia».
Allí se ha desplegado un ecosistema tecnológico sin precedentes, donde grandes modelos de lenguaje, vigilancia masiva y algoritmos de selección de objetivos han automatizado y acelerado la máquina de matar hasta niveles industriales.
El primer sistema en operar fue Habsora (The Gospel), identificador de edificios que procesa datos de vigilancia, imágenes satelitales, señales de inteligencia e informes de drones para recomendar objetivos militares fijos: inmuebles, lanzacohetes, puestos de mando o viviendas de presuntos militantes.
Mientras los analistas humanos generaban de 50 a 100 objetivos al día, con este sistema Israel consiguió identificar 12 000 objetivos en Gaza en las primeras semanas del conflicto.
Ahora, si The Gospel se centra en construcciones, «Lavender» apunta a personas. Desarrollado por la secreta Unidad 8200, el cerebro tecnológico del ejército israelí, es una base de datos masiva alimentada por IA que asigna una puntuación de riesgo (del 1 al 100) a prácticamente toda la población masculina de Gaza.
Su lógica es macabra y simple: el algoritmo analiza patrones de comunicación, vínculos sociales, movimientos y cualquier dato disponible para «predecir» quién podría ser miembro de Hamás. En las primeras seis semanas de la agresión, el sistema generó una lista de 37 000 hombres palestinos marcados para ser asesinados.
Pero el más malévolo es «¿Where’s Daddy?» (¿Dónde está papi?), herramienta diseñada para el asesinato selectivo dentro de los hogares. Su funcionamiento es simple: una vez que Lavender ha marcado un objetivo, ¿Where’s Daddy? monitoriza sus movimientos mediante vigilancia digital.
En el momento en que el algoritmo detecta que esa persona ha entrado en su domicilio familiar, rodeado de los suyos, el sistema dispara una alerta y se autoriza el bombardeo de la vivienda.
Gaza ha servido como el laboratorio definitivo para la guerra algorítmica. Lavender, The Gospel y ¿Where’s Daddy? han demostrado que la IA puede convertir un conflicto en una cadena de montaje de muerte a escala industrial, erosionando por completo las barreras éticas y legales construidas durante décadas de derecho internacional humanitario.
Fuentes: Tehran Time, CSIS (Center for Strategic and International Studies), The New York Times.

