«Palestina Libre» no es una consigna vacía.
Cuando gritamos «Palestina Libre», no estamos pronunciando una frase de moda ni adoptando una postura cómoda. Estamos diciendo, con todas sus letras, lo mismo que dijimos —o que deberíamos haber dicho con más fuerza— frente a los campos de exterminio de Auschwitz, Treblinka y Sobibor: NUNCA MÁS.
Nunca más un pueblo encerrado, privado de alimentos, bombardeado y exterminado por el simple hecho de existir. Nunca más la maquinaria de un Estado puesta al servicio del borrado sistemático de un pueblo entero. Quien condena el Holocausto del pueblo judío en Europa y hoy calla ante Gaza, o busca excusas para quienes considera responsables del genocidio, no ha entendido nada de lo que significó aquel «Nunca Más».
El sionismo es hoy lo que combatimos ayer.
Duele decirlo con esta crudeza, pero hay que decirlo: el sionismo, entendido como proyecto de Estado, se ha convertido, a juicio de quienes sostenemos esta posición, en la reencarnación de aquello que la humanidad juró no repetir jamás.
No hablamos del pueblo judío, al que respetamos y con el que nos solidarizamos, como con cualquier pueblo perseguido a lo largo de la historia. Hablamos de un régimen, el que gobierna hoy Israel, que ha convertido la memoria del sufrimiento judío en Europa en una coartada para infligir un sufrimiento similar a otro pueblo: el palestino.
Guetos armados llamados «franjas», listas de exterminio disfrazadas de «objetivos militares», niñas y niños asesinados a millares, hambre utilizada como arma de guerra. Si esto no es el rostro actualizado del nazismo, que alguien nos explique entonces qué otro nombre merece.
Las víctimas de ayer no pueden ser cómplices de las víctimas de hoy.
La tragedia añadida es que se invoca precisamente el dolor sufrido por el pueblo judío en Europa para blindar de toda crítica lo que consideramos un genocidio contra el pueblo palestino.
Es la más cínica de las inversiones históricas: convertir la memoria de las víctimas en escudo de los verdugos actuales.
Nosotros, comunistas, internacionalistas, hijos de la clase trabajadora, no vamos a caer en esa trampa. El pueblo palestino de hoy es, desde nuestra perspectiva, el pueblo judío de ayer: perseguido, deshumanizado y exterminado ante la mirada cómplice o cobarde de las grandes potencias.
Y los responsables políticos de hoy tienen nombre y apellido: Netanyahu y el Gobierno sionista que preside, sostenidos por el imperialismo estadounidense y por la hipocresía de una Europa que llora a sus muertos de 1945 mientras financia y arma a quienes consideramos responsables de los crímenes cometidos en 2026.
Por eso, camaradas, gritar «Palestina Libre» es gritar «Nazis, nunca más».
Es la misma bandera, la misma trinchera, la misma humanidad que debemos defender.
Quien lo entienda de otra manera, o miente, o es cómplice.
Até á vitoria sempre!
André Abeledo Fernández

