Ni un paso atrás: contra el genocidio, contra el sionismo de Estado y contra todo antisemitismo

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Ni un paso atrás: contra el genocidio, contra el sionismo de Estado y contra todo antisemitismo.

Hay palabras que el poder quiere convertir en tabú para que no podamos nombrar lo que ocurre ante nuestros ojos. Genocidio es una de ellas. Sionismo, otra. Y el chantaje es siempre el mismo: si criticas al Gobierno de Israel, te llaman antisemita.

Pues bien: lo decimos claro y sin esconder nada. Somos antifascistas, antinazis y antisionistas. Y, precisamente por eso, somos y seremos siempre enemigos del antisemitismo.

Un Gobierno, no un pueblo.

Conviene ser precisos, porque la precisión es una trinchera. Quien bombardea hospitales, escuelas y campos de refugiados no es «el pueblo judío»: es un Estado con un Gobierno, un ejército y un proyecto político concreto.

Un Gobierno de extrema derecha que sostiene su poder mediante la guerra permanente, la colonización de Cisjordania y el castigo colectivo a la población de Gaza. A ese Gobierno se le juzga por lo que hace, no por lo que se le atribuye ser. Y lo que hace tiene nombre: crímenes de guerra, limpieza étnica y, según numerosos organismos, juristas y ONG, genocidio.

Sionismo no es judaísmo.

El sionismo es una ideología política, con su historia, sus corrientes y sus consecuencias, y, como toda ideología, puede y debe ser criticada.

El judaísmo es una religión y una cultura milenaria. Confundirlos es el mejor regalo que se le puede hacer a la propaganda de Netanyahu, que necesita que cada crítica a su política suene a odio racial.

Y hay que decirlo: también hace ese regalo quien, desde nuestro lado, recurre a la idea de que los judíos de origen europeo «no son semitas» o «no son judíos de verdad». Eso no es antisionismo; es un viejo mito conspirativo que ha servido históricamente al antisemitismo y que la genética y la historia desmienten.

No lo necesitamos y no lo vamos a usar. La denuncia del genocidio se sostiene sola, con hechos, y no requiere negar a nadie su identidad.

Los judíos que dicen «no en nuestro nombre»

Miles de judíos e israelíes salen a la calle contra la guerra. Organizaciones como B’Tselem o Jewish Voice for Peace documentan y denuncian la ocupación.

Ellos nos recuerdan que la línea divisoria no pasa entre judíos y no judíos, sino entre quienes defienden la dignidad de todos los pueblos y quienes defienden el apartheid, la bomba y la impunidad.

La memoria antifascista nos obliga.

Los pueblos que conocimos el fascismo —el de Franco aquí, el de Hitler en Europa— sabemos lo que significa que un Estado decida quién merece vivir.

Por eso no callamos ante Gaza. Y por eso no toleramos a quien, con la excusa de Palestina, ataca sinagogas, hostiga a vecinos judíos o repite viejos estereotipos.

El mismo internacionalismo que nos hace gritar «Palestina libre» nos obliga a defender a todas las víctimas del odio.

Qué hacer.

Boicot, presión política y sindical, ruptura de relaciones comerciales y militares con el Estado que perpetra la masacre, y solidaridad activa con el pueblo palestino y con las voces disidentes dentro de Israel.

Desde el sindicato, desde la calle, desde la palabra escrita: sin complejos y sin confusiones.

Que no nos paren ni la calumnia ni el miedo.

Contra el genocidio, contra el fascismo y contra todo racismo.

 

Até á vitoria sempre!

 

André Abeledo Fernández

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