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Corren malos tiempos para la socialdemocracia. La guerra que el imperialismo está librando contra Irán agudiza las contradicciones del modelo de producción capitalista y, a medida que avanza, los predicadores de las políticas del pacto social entre la clase explotadora y la explotada van entrando en callejones sin salida. No es un hecho desconocido la descomposición del reformismo en partidos cada vez más pequeños y con cada vez menor trascendencia. Si Podemos estaba ya en capa caída, qué se puede decir de Sumar, que solo está en el Gobierno porque el PSOE necesita un compañero de viaje que no levante mucho la voz. Pero ¿cuál es la contradicción responsable de este fenómeno? Muy fácil: pretender distribuir la riqueza dentro de un sistema productivo que tiende a la acumulación; aplicar políticas para la reducción de pobreza en un sistema de producción que necesita la pobreza para subsistir; o financiar productos contraculturales que, sin embargo, alienan a la clase obrera.