Comandante. 100 años con Fidel

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Bajo el lema “100 años con Fidel”, el Gobierno revolucionario cubano desarrolla este 2026 (año del centenario del Comandante) un programa de actividades hasta el 13 de agosto (día de su nacimiento en Birán, provincia de Oriente) “enfocado en destacar su legado, su pensamiento y vigencia en la Revolución cubana”, además de “buscar integrarlo en la vida cotidiana de barrios, centros laborales y centros estudiantiles”. ¿Cómo en tan significativas circunstancias históricas excluir un Travelling honorario para este revolucionario ejemplar que marcó con su huella indeleble el siglo XX durante más de cincuenta años? ¿Y qué mejor película para ello que insistir (hoy con mayor ahínco si cabe por las graves amenazas imperialistas que pesan sobre Cuba) en el documental que recoge la entrañable entrevista que, en 2002, le hizo en La Habana el cineasta norteamericano Oliver Stone (JFK, Snowden) a lo largo de tres intensos días de rodaje? Sí, me refiero a Comandante, un íntimo y humano retrato del presidente cubano extraído de más de treinta horas de conversaciones y entrevistas.

“Esclavo del pueblo”

La primera vez que vi esta cinta, escribía yo hace unos años en esta misma sección. Fue cuando salió el DVD, en 2004. Hace, por tanto, más de veinte años; y lógicamente muchas cosas han sucedido desde entonces. Tanto en la, castigada por el imperio yanqui, Mayor de las Antillas como en gran parte del resto del mundo, sojuzgada por su nefasto poder, incluida en ese paso temporal la desaparición física de Fidel un triste día de 2016. Sin embargo, algo ha permanecido inalterable: la emoción cognitiva que desprenden la figura gigantesca y las palabras eruditas del dirigente cubano a medida que discurre la narración cinematográfica de este extraordinario filme.

Así, con el indómito revolucionario, con el hombre de 76 años, pero en plenas facultades intelectuales, recorremos henchidos de multitud las calles de la vieja y nueva Habana. Unas veces a pie, otras en coche, y siempre, con una reducida escolta y en baño de multitudes, rodeados del afecto de todos los ciudadanos, cubanos y no cubanos.

Como, por ejemplo, cuando Fidel visita la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) y se mezcla con los estudiantes latinoamericanos que le esperan entusiasmados. O, igualmente, cuando en la intimidad del Despacho Presidencial o en las postrimerías de una comida en un bar del casco viejo habanero, Fidel Castro responde sin ambages a las preguntas (unas anodinas, otras personales y algunas más comprometidas) del director de Nacido el 4 de julio. Por ejemplo, la que le lanza súbitamente de si se considera un dictador, a la que responde cordialmente asegurando que es “dictador de sí mismo y esclavo del pueblo”. O aquella otra sobre el futuro de Cuba con la que termina el filme, afirmando que “será de lucha porque, quizás, la situación sea más difícil”. Resumiendo, un documental indispensable que alienta a la solidaridad con un pueblo que, con dirigentes de la talla de Fidel en la memoria y en el corazón, vencerá la criminal agresión del imperialismo yanqui.

Rosebud

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