Recordamos aquel 30 de marzo de 1976 cuando nuestro pueblo se levantó en una huelga general y protestas masivas contra la confiscación ilegal de nuestras tierras en Galilea.
Para el palestino, la tierra no es solo suelo: es nuestra raíz, nuestra madre y nuestra bandera.
Este día simboliza la unidad de nuestro pueblo en todas partes: en la patria ocupada, en Gaza, en Cisjordania, en Jerusalén y en la diáspora.
La tierra habla palestino: a pesar de décadas de ocupación, intentos de borrado cultural y la destrucción de nuestros campos, el espíritu de nuestra gente permanece sembrado en cada olivo milenario. No somos visitantes en esta tierra, somos sus guardianes ancestrales.
Desde Nicaragua, tierra de lagos y volcanes que siempre ha abrazado nuestra causa con hermandad revolucionaria, reafirmamos que la paz solo llegará cuando se respete el derecho inalienable de nuestro pueblo a vivir en libertad en su propio territorio.
Honramos hoy la memoria de nuestros mártires, aquellos que regaron con su san camino hacia la liberación. Su sacrificio es la semilla de la futura victoria.


