El abandono institucional en la enfermedad mental. Cuando la sanidad llega tarde o no llega.

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El abandono institucional en la enfermedad mental. Cuando la sanidad llega tarde o no llega. 

Por André Abeledo Fernández 

No basta con decir que la salud mental importa si los presupuestos dicen lo contrario. En España, la sanidad pública se desangra por la falta de inversión, pero en el área mental, la herida es una hemorragia descontrolada. Hablar de depresión hoy es hablar de un sistema que ha decidido mirar hacia otro lado mientras las listas de espera condenan a miles de personas al aislamiento y al silencio. 

La falta de recursos públicos no es un error de cálculo; es una decisión política. Algunos de los puntos clave de este abandono son:

El colapso de la atención primaria: Los médicos de cabecera, desbordados, apenas disponen de unos minutos por paciente. Sin tiempo para escuchar, la respuesta se automatiza: se recetan psicofármacos para «anestesiar» el dolor en lugar de derivar a especialistas de forma urgente.

La terapia como privilegio: Cuando la cita con el psicólogo de la Seguridad Social se demora meses, la salud mental se convierte en un lujo. Quien tiene dinero puede pagarse una clínica privada; quien no, queda atrapado en el pozo, agravando la brecha de desigualdad social.

La ausencia de prevención: Un sistema que solo reacciona ante el intento de suicidio es un sistema que ha fracasado. Abeledo insiste en que la falta de una red de prevención comunitaria deja a las familias solas ante el drama, convirtiendo lo que debería ser un derecho en un calvario individual.

La mercantilización del malestar: Al no invertir en profesionales (psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas), el Estado delega la salud en las farmacéuticas. Se trata al individuo como un «engranaje roto» que hay que arreglar rápido para que vuelva a producir, en lugar de una persona que necesita apoyo y tiempo. 

Es urgente entender que solo lo público defiende al pueblo. Mientras la salud mental siga siendo la «gran olvidada» de las partidas presupuestarias, seguiremos viviendo en una sociedad que contabiliza suicidios en lugar de ofrecer soluciones. No necesitamos más campañas de marketing sobre la felicidad; necesitamos más psicólogos en nuestros centros de salud y una vida que merezca ser vivida. 

 

André Abeledo Fernández

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