Venezuela: El secuestro imperialista de Nicolás Maduro y el saqueo del petróleo yanqui.
Por André Abeledo Fernández
La maquinaria de propaganda del imperialismo ya no se molesta en ocultar sus garras. Lo que durante años denunciamos como un asedio multidimensional contra Venezuela ha culminado en el acto de piratería internacional más descarado del siglo XXI: el secuestro militar del presidente legítimo Nicolás Maduro Moros y su traslado forzoso a una prisión en los Estados Unidos.
Ya no hablamos de amenazas o de lawfare conceptual. El pasado 3 de enero de 2026, mediante la agresión militar denominada «Operación Resolución Absoluta», las fuerzas especiales estadounidenses violaron flagrantemente la soberanía de la patria bolivariana, asaltaron Caracas y consumaron la abducción de un mandatario en funciones. Hoy, el presidente de Venezuela resiste con dignidad de clase como un prisionero de guerra en un centro de detención de Nueva York, víctima del terrorismo de Estado global ejercido por Washington.
Como comunista y sindicalista, reitero que el pecado imperdonable del proceso revolucionario no fue otro que recuperar el petróleo para su pueblo. Esta agresión militar es el intento definitivo de las corporaciones transnacionales por saquear la mayor reserva de crudo del planeta.
El bloqueo: El preludio criminal del asalto
Este secuestro no ocurrió en el vacío. Fue precedido por años de un bloqueo económico brutal y sanciones financieras unilaterales que actuaron como verdaderas armas de destrucción masiva contra el pueblo venezolano.
El imperialismo buscó asfixiar económicamente a la nación, destruyendo los ingresos públicos para provocar el descontento de la clase trabajadora y justificar la intervención directa. Al congelar activos, robar empresas estatales como CITGO y bloquear alimentos y medicinas, Washington demostró que su supuesta preocupación por los derechos humanos era solo la fachada humanitaria de una ambición colonial.
El show judicial en Nueva York para convalidar el crimen.
Llevar a Nicolás Maduro encadenado a un tribunal federal de Manhattan es la mayor aberración jurídica contemporánea. Las acusaciones de narcotráfico impuestas por el Departamento de Justicia de EE. UU. no tienen validez alguna ante el derecho internacional. Son una burda coartada política para intentar dar un barniz de legalidad a lo que a todas luces es un secuestro de Estado.
Ante el juez, con la cabeza alta que caracteriza a la dignidad bolivariana, el propio Maduro lo dejó claro ante el imperio: «Fui secuestrado y sigo siendo el presidente legítimo de Venezuela». Mantenerlo tras las rejas en Nueva York, sometido al aislamiento de las prisiones federales norteamericanas, busca descabezar la Revolución para que la Casa Blanca pueda imponer un gobierno títere que devuelva el control energético del país al gran capital.
Estalló un clamor internacionalista que no debe parar: El mundo despertó contra el imperio.
La indignación popular ha desatado una ola global de repudio que el Pentágono no pudo prever. Desde las entrañas del propio monstruo imperialista, las calles de Estados Unidos se han convertido en un hervidero de protestas, con más de 120 movilizaciones autoconvocadas en ciudades como Filadelfia y Nueva York. Activistas y ciudadanos conscientes se han plantado frente a los tribunales de Manhattan cantando consignas bolivarianas, denunciando la cobardía de una administración que asaltó una nación soberana para entregarle el petróleo a las transnacionales energéticas.
Los pueblos conscientes entienden que esta batalla trasciende las fronteras venezolanas: es una lucha por la supervivencia de la soberanía de todas las naciones del mundo.
Solidaridad de clase frente a la recolonización.
El fascismo multinacional ha cruzado una línea roja que amenaza la independencia de cualquier nación soberana que decida no arrodillarse ante los dictámenes del Pentágono. Si permitimos que el imperio secuestre presidentes y asalte capitales para apropiarse del petróleo, ningún pueblo del mundo estará seguro.
Hoy, la defensa de la revolución bolivariana se traslada a las calles de todo el mundo. Exigir la liberación inmediata de Nicolás Maduro y el cese de la ocupación y el pillaje estadounidense es el primer deber de todo antiimperialista, de todo comunista y de cualquier persona con un mínimo sentido de la justicia internacional.
¡El imperialismo yanqui no vencerá!
¡Venezuela libre y soberana!
André Abeledo Fernández

