Abascal y VOX: La gran mentira de la España que madruga.

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Abascal y VOX: La gran mentira de la España que madruga.

Por André Abeledo Fernández

Hay una vieja máxima que dice que los farsantes acaban siempre por tropezar con sus propias mentiras. Santiago Abascal lleva años tropezando con las suyas, y sin embargo sus seguidores siguen aplaudiendo. Eso dice mucho de él, pero dice todavía más de quienes le votan.

Empecemos por los hechos, que son los que son, y están documentados.

VOX quiere recuperar el servicio militar obligatorio. Abascal lo defiende públicamente, habla de «entrega a la patria», de vincular a las juventudes con la defensa de la sociedad. Muy bonito. El problema es que Abascal encadenó tres prórrogas por estudios y por cargo público que le permitieron aplazar su alistamiento hasta 2001, al cumplir los 25 años. Y justo entonces el servicio militar obligatorio fue suprimido. Es decir, el gran patriota, el defensor de la mili, se las ingenió para no hacerla. Cuando le preguntan, dice que tener escolta doce años ya fue bastante servicio. Esa es la seriedad del personaje.

Defiende el catolicismo y la familia tradicional, pero está divorciado y se ha vuelto a casar. Predica contra los chiringuitos y el parasitismo, pero cobró en pocos años 247.000 euros de dinero público, y lleva toda su vida adulta viviendo de cargos institucionales que le puso el Partido Popular en bandeja desde que era un jovencito. Dice representar a la España que madruga y trabaja, pero no ha cotizado a la Seguridad Social un solo día en casi cincuenta años de vida.

Primero fue concejal del PP, luego presidente de Nuevas Generaciones, luego secretario general de VOX, luego diputado. Siempre del presupuesto público. Siempre del dinero de los trabajadores y trabajadoras a los que dice defender.

Eso es Abascal. Un hombre de derechas que ha vivido siempre de lo público mientras predica contra lo público. Un militar de salón que se libró de la mili. Un defensor de la familia que se divorció. La hipocresía elevada a programa político.

Pero hay algo más grave que la hipocresía personal, y es la hipocresía política de VOX como organización.

Vox se fundó con un millón de euros del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, una secta religiosa-paramilitar de la extrema derecha iraní. Las transferencias internacionales acabaron en una caja común que sirvió para abonar salarios, fianzas y alquileres desde su inicio. 

La financiación extranjera de partidos durante la campaña electoral está prohibida por el artículo 128.2 de la Ley Electoral. Pero VOX la aceptó. Y luego mintió sobre ello. El secretario general de VOX admitió las donaciones pero aseguró que habían sido auditadas por el Tribunal de Cuentas, lo cual era falso: el Tribunal no llegó a fiscalizarlas porque VOX no obtuvo representación.

La misma organización que acusa a la izquierda de recibir dinero de Venezuela o Cuba recibió financiación de Irán, de Hungría y de donantes extranjeros. Mientras Abascal denunciaba la financiación ilegal y la injerencia extranjera en la izquierda, la nueva ultraderecha española recibía dinero de Hungría, de Irán y de un empresario de criptomonedas acusado de estafa.

Desde su creación, VOX ha transferido a su fundación Disenso una media de 2,5 millones de euros anuales, dinero que proviene de las subvenciones públicas y las cuotas de los afiliados. Al pasar a la fundación, los fondos escapan al control de los órganos de fiscalización. Con ese dinero, la fundación paga salarios que rondan los 50.000 euros anuales y organiza congresos con una alianza internacional de extrema derecha. 

El chiringuito que critica Abascal tiene mucho que aprender del chiringuito que dirige Abascal.

Y luego está el franquismo. VOX no se avergüenza de él, lo reivindica. El abuelo de Abascal fue alcalde durante la dictadura. Su partido defiende ese legado mientras ataca los derechos de los pueblos de este Estado: el gallego, el euskera, el catalán, las identidades nacionales que el franquismo intentó borrar a sangre y fuego. Aquí, en Galiza, sabemos muy bien lo que significó aquello. No necesitamos que nos lo expliquen.

Abascal siembra miedo y odio contra los inmigrantes, contra las mujeres que denuncian la violencia machista, contra los trabajadores que se organizan, contra los pueblos que quieren decidir su futuro. Niega el cambio climático mientras Galiza arde. Apoya el genocidio en Gaza mientras habla de civilización y valores occidentales.

El único proyecto real de VOX es llegar al poder para defender a los poderosos: las multinacionales, los grandes propietarios, los que nunca madrugaron en su vida pero viven de los que sí lo hacen.

Abascal es su cara visible, su vendedor a domicilio, su gran impostura.

La clase trabajadora de este país, la que sí madruga, la que sí cotiza, la que sí hace lo que le toca, no puede permitirse el lujo de que este señor y los suyos lleguen a gobernar su vida.

Contra el fascismo, ayer, hoy y siempre.

 

André Abeledo Fernández

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