María Corina Machado: Venezuela necesita solidaridad, no oportunismo político
Cuando un pueblo sufre una tragedia, cuando miles de familias lo pierden todo y la prioridad debería ser salvar vidas, reconstruir hogares y devolver la esperanza a quienes han sido golpeados por la desgracia, es cuando se pone a prueba la verdadera talla moral de los dirigentes políticos.
Venezuela atraviesa momentos extremadamente difíciles y, sin embargo, algunos parecen más preocupados por seguir librando su batalla política que por contribuir a aliviar el sufrimiento de la población. Durante años hemos escuchado a María Corina Machado presentarse ante el mundo como la voz legítima del pueblo venezolano. Sin embargo, son muchos los venezolanos que se preguntan qué ha aportado realmente su estrategia al bienestar de la mayoría social.
La oposición tiene todo el derecho a defender sus ideas y a aspirar a gobernar. Eso forma parte de cualquier sistema político. Lo que resulta legítimo cuestionar es una línea de actuación que ha apostado reiteradamente por la presión internacional, las sanciones y el aislamiento de Venezuela. Medidas que, lejos de golpear a los poderosos, suelen terminar afectando a quienes viven de su salario, a los pensionistas, a las familias humildes y a quienes dependen de unos servicios públicos ya sometidos a enormes dificultades.
Mientras el pueblo venezolano necesita ayuda, recursos y solidaridad internacional, continúa el espectáculo mediático de quienes buscan convertir cada crisis en una oportunidad para reforzar su posición política. Y esa actitud genera un rechazo creciente entre quienes consideran que la prioridad debería ser otra: ayudar a Venezuela y a los venezolanos.
Hoy el país necesita reconstrucción, cooperación y estabilidad. Necesita que se levanten todos los obstáculos que dificultan su recuperación económica. Necesita menos consignas y más soluciones. Menos propaganda y más compromiso real con la gente que lo está pasando mal.
Porque la política debería servir para mejorar la vida de las personas, no para utilizar su sufrimiento como arma arrojadiza. Los pueblos pueden soportar enormes dificultades, pero rara vez perdonan a quienes intentan sacar ventaja de sus desgracias.
La historia acaba poniendo a cada cual en su lugar. Y cuando pase el tiempo, lo que quedará no serán los discursos grandilocuentes ni las campañas mediáticas, sino quién estuvo al lado de la gente cuando más lo necesitaba y quién prefirió seguir alimentando la confrontación.
Venezuela necesita solidaridad. Necesita reconstrucción. Necesita esperanza. Y, sobre todo, necesita que el interés del pueblo esté por encima de cualquier cálculo político.
André Abeledo Fernández

