
Incluso este juicio aquí no se celebra contra mí, sino que se trata una vez más del juicio de la RAF, que ha sido historia durante 27 años; se trata de ajustar cuentas con esta historia de resistencia de la oposición fundamental. Pero también se trata de la disuasión dirigida al futuro. Cualquier pensamiento de resistencia fundamental que quiera superar este sistema capitalista de dominio debe ser sofocado con la amenaza de la destrucción de la vida a través de años de encarcelamiento. Enfatizar la absoluta necesidad con la que debemos ser perseguidos sólo puede explicarse de todos modos por este contexto más amplio
Esta cita fue parte de la declaración de Daniela Klette, de 67 años, militante de la Fracción del Ejército Rojo (RAF, por sus siglas en alemán), en el juicio celebrado en el Tribunal Regional Superior de Celle (Baja Sajonia), donde finalmente fue condenada a 13 años de prisión.
Klette pasó 30 años en la clandestinidad, hasta que fue detenida el 26 de febrero de 2024, y pertenecía a la RAF, una organización guerrillera de ideología marxista fundada a principios de los 70 por Ulrike Meinhof, Gudrun Ensslin, Andreas Baader y Horst Mahler. La organización centró sus fuerzas en la lucha antiimperialista y anticapitalista, con objetivos norteamericanos y de la oligarquía alemana. A pesar de que la RAF se disolvió oficialmente en 1988 mediante un comunicado donde declaraban que “La guerrilla urbana en la forma de la RAF es ahora historia”, un grupo de la tercera generación continuó la lucha armada. Daniela Klette pertenece a esa última generación y al grupo que mantuvo esa forma de lucha.
Klette, que burló a las autoridades alemanas durante décadas, había sido listada como una de las últimas fugitivas más buscadas del grupo. Su captura sólo fue posible por una campaña televisiva donde la policía recibió más 250 pistas que llevaron finalmente a su detención en Berlín.
En el juicio se imputó a la guerrillera la participación en una docena de asaltos a furgones blindados, en relación con varios hechos ocurridos en los 90 y vinculados a su militancia en la RAF, mientras que ella ignoró las acusaciones y denunció el carácter político del juicio afirmando que “Cualquier pensamiento de resistencia fundamental que quiera superar este sistema capitalista de dominio debe ser sofocado con la amenaza de la destrucción de la vida a través de años de encarcelamiento”. A su vez señaló que su proceso judicial “tiene una marcada motivación política encaminada a imponer la sumisión institucional y a deslegitimar históricamente la resistencia de la izquierda radical alemana».

Durante el juicio también mostró su solidaridad con la resistencia palestina, una posición duramente perseguida en Alemania. También había mostrado esta actitud antes, cuando apareció frente a las cámaras de televisión alemanas con un papel con la proclama “Alto al desplazamiento, los bombardeos y el hambre”.
El alegato final de Daniela consistió en un discurso político centrado en el anticapitalismo y el antiimperialismo, para criticar al Estado que la estaba juzgando y para expresar su agradecimiento a la extensa campaña de solidaridad que se ha generado durante los dos años que ha pasado en prisión provisional entre su captura y este juicio.

