El panfleto contra Cuba

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La Revolución tiene algo que irrita profundamente a Trump y al neofascismo: su ejemplo histórico de resistencia, su solidaridad internacionalista, su iniciativa política y la habilidad diplomática para ser una voz en favor de la paz mundial

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Detrás de la política agresiva contra Cuba está Marco Rubio, secretario de Estado, quien le habla al oído al presidente Trump. Foto Canal Red

Pietro Lora Alarcón (Voz).— El 20 de julio de este año, el Departamento de Estado de los EE. UU. dio a conocer un documento agresivo, calumnioso y difamatorio, al que denominó “Cuba, la capital del comunismo del siglo XXI”.

El documento, estructurado en nueve capítulos incluyendo la conclusión, acusa a Cuba de promover acciones contra la seguridad estadounidense montando una red imperial de espionaje. Para eso, desprendiéndose de las ínfulas imperiales de Trump, los autores no ahorran esfuerzos para presentar al país como la víctima inocente de las supuestas “amenazas cubanas”.

Recorrer el documento, de estilo panfletario, es coleccionar hechos convenientemente interpretados y amañadamente sustentados, para intentar que el lector se convenza de que Cuba es enemigo no solo de los Estados Unidos, sino de los llamados “valores occidentales”.

Algunas líneas del panfleto

El departamento de Estado afirma que durante 70 años Cuba libra una campaña de subversión contra los Estados Unidos. Así, según se expone, Cuba se infiltró en los niveles más altos del gobierno estadounidense, formado generaciones de activistas y respaldado una ola de “terrorismo de izquierda” en el propio suelo norteamericano.

En secuencia, son señaladas históricas organizaciones antifascistas, defensores de los derechos civiles, activistas por los derechos de la migración y opositores de la violencia del ICE como parte de la infiltración. En opinión de los autores, las huellas de una era de terror impuesta por Cuba todavía se sienten en América Latina porque en Colombia, colocada como ejemplo, “el presidente saliente, Gustavo Petro, integró el M-19”.

Valores occidentales y terrorismo de izquierda

Es patético ver que el departamento de Estado salga en defensa de los “valores occidentales”, una expresión que ya merecería un debate, pero que identifica comúnmente a sociedades donde prima el consumismo y el individualismo bajo el manto de la “libertad y la igualdad”; aunque donde, también hay racismo, patriarcado, neoliberalismo y expresiones de neofascismo.

Lo cierto es que continúa haciendo mucho daño que en Cuba haya vencido un proyecto revolucionario en 1959, que inició un proceso de transición hacia el socialismo en medio de la hostilidad estadounidense que impidió su ingreso en la OEA. A partir de entonces, la Revolución encarna un proyecto político y ético humanista que forjó a varias generaciones en la resistencia e internacionalismo, y donde incluso la cultura y el arte han impactado al mundo con creatividad e ingenio.

Desde luego, en varios lugares del mundo las izquierdas se relacionan de forma diversa con el simbolismo, la tradición, el significado y la realidad de la Revolución, la cual ha demostrado su solidaridad abiertamente a los pueblos que luchan por su liberación del colonialismo y la exploración de metrópolis europeas y de los propios Estados Unidos.

En ese sentido, la acusación de que Cuba promueve el “terrorismo de izquierda” no solamente es irracional, sino que esconde a quien verdaderamente agencia el terrorismo como si fuera su derecho y plantea descaradamente que no lo detiene, ni la ONU ni el derecho internacional. Los auténticos valores que defiende el panfleto son los de la política salvaje y terrorista de Trump, predadora porque desprecia a la humanidad.

Agenciar terroristas es una necesidad imperial y no de los pueblos que luchan por mantener su soberanía. Cuba no tiene el terrorismo como meta, como si lo tienen los Estados Unidos; ni recursos para eso, como si comprobadamente los tienen los Estados Unidos. No existe ni existió una “Doctrina Fidel” expansionista, como si existe una Doctrina Monroe y un corolario Trump.

“Cuba los mantiene bloqueados”

Desde la década de los sesenta, Estados Unidos ordenó asfixiar a Cuba. La isla padece desde entonces el bloqueo, la agresión de la Ley Helms Burton –que castiga cualquier empresa que mantenga relaciones comerciales con ella–, además de soportar las 243 medidas de endurecimiento extremo del bloqueo impuestas por Trump desde su primer mandato.

Pero de eso no se habla por el departamento de Estado. Hay una cortina de humo espesa cubriendo el hecho de que Cuba sí es un blanco preferencial de las relaciones de fuerza y dominación contemporáneas.

La tenaza comercial es ejercida por toda la estructura económica internacional del capitalismo, y para nadie es un secreto que el bloqueo ha llegado a la mesa de cada una de las familias cubanas, que hay apagones y faltan remedios.

Pero la Revolución continúa, y ya son demasiadas hazañas, especialmente en salud, educación y biotecnología, como para que la solidaridad no sobrepase la retórica ante las amenazas de un Trump que actúa como si una invasión estuviera ya preparada, financiada y programada.

Pero en el documento es Cuba, con su ejemplo, la que bloquea el bienestar del pueblo estadounidense.

El real ejemplo de Cuba

Parafraseando a Eduardo Galeano en su defensa urgente de los pueblos, el acoso y el bloqueo no ocurren porque en la isla no haya democracia, sino para imponer las elecciones manipuladas y fraudadas que hoy son comunes en el continente; ni porque en Cuba haya una dictadura, sino para que vuelva a haber la del gran capital; ni porque la mayor de las Antillas sea un bastión geopolítico de Rusia o de China, sino para que sea un enclave militar de los Estados Unidos.

Cuba tiene algo que irrita profundamente a Trump y al neofascismo de nuestros días: su ejemplo histórico de resistencia, su iniciativa política y la habilidad diplomática para ser una voz contra el intervencionismo y en favor de la paz y, sobre todo, el contagioso ejemplo de hacer solidaridad e internacionalismo aun padeciendo condiciones impuestos por su bloqueo.

Todo esto en medio de un programa resiliente, destinado a hacer avanzar la Revolución, porque Cuba no ha optado por el “borrón y cuenta nueva”, sino por un proyecto de aprovechamiento al máximo de sus capacidades. Para eso mantiene su plan de desarrollo con medidas inéditas como la dolarización de parte de su economía y la descentralización productiva

Para los objetivos imperiales, Cuba es un enemigo transcendental. Por eso, con relación a Cuba no hay neutralidad posible. El carácter de un proyecto profundamente ético, humano y antiimperialista habla por sí solo, y eso no hay departamento ni panfleto que lo desmonte.

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