El BRICS promete al Sur Global salir de la última fila

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China asumirá la presidencia del BRICS en 2027 con la inteligencia artificial como primera bandera, en el mismo bloque que ya superó al G7 en tamaño económico, mientras Washington responde con aranceles a India y Brasil y reordena a su manera el continente americano.

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Xi Jinping y Narendra Modi se sentaron este sábado frente a frente por tercera vez en tres años, documentó Business Standard, después de Kazán en 2024 y de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en Tianjin en 2025. Fue el primer viaje de Xi a suelo indio en siete años, y el reencuentro más observado de toda la cumbre BRICS 2026, porque en 2020 los ejércitos de ambos países se enfrentaron en Galwán, en la frontera del Himalaya, y murieron 20 soldados indios y cuatro chinos.

 

Desde entonces, Nueva Delhi y Beijing construyeron un deshielo lento, un acuerdo de patrullaje fronterizo, la reanudación de vuelos directos, visados de negocios más simples.

Modi abrió la cumbre esa misma jornada con una frase que le sirve de eje a todo lo que sigue. Dijo que el Sur Global ocupa hoy la primera fila de las crisis mundiales y la última fila en la toma de decisiones, y propuso transformar esa «pirámide del privilegio en una plataforma de partenariado» [traducción propia], recogió ANI. El BRICS cumple 20 años y Modi llamó a este momento su mayoría de edad, con 10 propuestas de reforma de la gobernanza global que el bloque debe convertir en hoja de ruta antes de la próxima cumbre.

La frase no se quedó en el aire. Los negociadores discutieron hasta las cuatro de la madrugada, detalló Newsdrum, y lograron algo que había fracasado dos veces este año, un consenso de los 11 miembros sobre la Declaración de Nueva Delhi. El diferendo entre Irán y Emiratos Árabes Unidos por la guerra en Asia Occidental, el mismo que había bloqueado un texto conjunto en mayo, esta vez cedió. Modi lo confirmó horas después: ningún país planteó objeciones al texto final, reportó TASS.

Contra el pronóstico más repetido en la prensa internacional, que daba al bloque por fracturado antes de que empezara, el BRICS llega a los 20 años logrando sentar a sus 11 miembros alrededor del mismo documento.

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China ya pesa más que el resto del BRICS junto

Ese peso no es nuevo, pero pocas veces se mide con la precisión que ofrece la investigación de Johannes Petry y Andreas Nölke. China concentraba el 26.1% de las reservas mundiales de divisas en 2024, más que la suma de India, Rusia, Brasil y Sudáfrica juntos, que apenas llegan al 12.1%. Los activos del banco de desarrollo chino equivalen al 243.2% del producto interno del país, una cifra que no tiene comparación posible con ningún otro miembro del bloque.

La otra mitad del peso chino no vive en las reservas, vive en el cemento y el acero que China ya puso en el terreno, en 150 países repartidos por Asia, África, Asia Occidental y América Latina. Christoph Nedopil, investigador de la Universidad de Queensland, calculó que la Franja y la Ruta acumuló 1.5 billones de dólares en compromisos desde su lanzamiento en 2013, de los cuales 926.000 millones fueron obra construida y 614.000 millones inversión directa. Solo en el primer semestre de 2026, China comprometió 126.400 millones de dólares en 186 acuerdos nuevos. La energía concentró 36.300 millones y, por primera vez, más de la mitad de ese monto fue a proyectos de energía verde. Los minerales críticos y el procesamiento de metales sumaron otros 21.800 millones, un récord para cualquier semestre desde 2013.

África fue el destino que más inversión recibió, y Asia Occidental el que más construcción concentró.
El propio Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos confirma la escala de ese ascenso. El stock de inversión externa directa de China llegó a 3.6 billones de dólares en 2025, el 7.8% del total mundial, frente a apenas 34.700 millones de dólares, el 0,.5% del total, que China tenía en 2001. Estados Unidos todavía concentra más, 6.6 billones de dólares, el 14.4% mundial, pero esa cifra bajó desde el 32% que tenía en 2001.

La curva de una potencia sube mientras la otra desciende, y ambas se cruzan en algún punto de la próxima década.

El corredor que sostiene al BRICS

La Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) nació en 2001, seis años antes que el propio BRICS, fundada en la propia ciudad de Shanghái por China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. India, Pakistán e Irán se sumaron después como miembros plenos, y Bielorrusia como el más reciente. Cuando Xi lanzó la Franja y la Ruta en 2013, ya existía una estructura diplomática lista para sostenerla. Hoy, son cuatro los países que se sientan a la vez en el BRICS y en la Organización de Cooperación de Shanghái, Rusia, China, India e Irán, y hasta 11 si se suman socios y observadores. Lo detalló el economista Yaroslav Lissovolik en la entrevista que ya citamos en la primera entrega.

Por ese doble tablero avanza el corredor que conecta Bombay con Irán y de ahí, cruzando el mar Caspio, con San Petersburgo, una ruta que esquiva el canal de Suez y que atraviesa exactamente a los tres países que Washington menos quiere ver alineados. La OCS no compite con el BRICS, lo antecede y lo sostiene por abajo, con una infraestructura física que ningún comunicado puede desmontar aunque una cumbre termine sin acuerdo.

El arancel más caro

En noviembre de 2024, antes incluso de asumir, Trump amenazó con un arancel del 100% a cualquier país del BRICS que respaldara una moneda para reemplazar al dólar.

En septiembre de 2025, Putin y Modi caminaron tomados de la mano hacia Xi en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, en Tianjin. Trump reaccionó en su red social, Washington había «perdido a India y Rusia frente a la China más oscura y profunda» [traducción propia]. Es una frase que resume mejor que cualquier análisis cómo ve la Casa Blanca al bloque entero, como una simple extensión del poder chino.

Pero esa vara no pesa igual para todos. Washington impuso a India un arancel del 50%, con un 25% adicional específico por comprar petróleo a Rusia, vigente desde el 27 de agosto de 2025. India respondió que la medida era injusta y desproporcionada, y su canciller señaló en Moscú un dato incómodo para Washington, que China le compra a Rusia más petróleo que India y nunca recibió un castigo equivalente. La política de Trump contra el bloque tiene nombre propio, y ese nombre es China, aunque el arancel más duro haya caído sobre otro país.

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América Latina, tablero en disputa

Esa misma lógica se repite, con más costo humano, en América Latina. Miguel Santos García registró en Think BRICS que Washington impuso aranceles del 25% más un 12.5% adicional a productos brasileños en julio de 2026, con cargas que llegan al 37.5% en algunos rubros, y clasificó a facciones criminales brasileñas como organizaciones terroristas, una designación que funcionarios de Brasilia temen que sirva de pretexto para una intervención futura.

El resto de la región se mueve en la misma tensión.

Colombia se sumó al Nuevo Banco de Desarrollo con un compromiso de 512 millones de dólares en acciones, una decisión que el entonces presidente Gustavo Petro describió como soberana pese a la objeción estadounidense. Panamá anuló el contrato portuario de una empresa de Hong Kong en Balboa y Cristóbal, y China respondió deteniendo cerca de 70 buques de bandera panameña.

Perú sostiene 12 años consecutivos como el mayor socio comercial de China en la región, con 30.000 millones de dólares en inversión china acumulada. Washington, por su parte, lanzó este año el Escudo de las Américas, una iniciativa de seguridad que excluye a México y Brasil, los dos países de mayor peso económico de la región, y premia a los Gobiernos que se alinean sin condiciones con sus prioridades y su doctrina de seguridad.

Brasil no se quedó callado. Abrió un procedimiento ante la Organización Mundial del Comercio y activó su propia Ley de Reciprocidad Económica en respuesta a los aranceles de Washington, sin dejar de conversar en paralelo con la administración Trump.

Ningún país latinoamericano está eligiendo un bando único. Lo que hacen es lo mismo que India: sostener relaciones con varias potencias a la vez y resistir la dependencia excesiva de cualquiera de ellas. Esa es, en el fondo, lo que puede explicar por qué el bloque sigue creciendo pese a la presión.

Xi Jinping confirmó hoy que China releva a India en la presidencia del BRICS a partir de 2027 y que Beijing será la sede de la próxima cumbre. El país que más pesa económicamente en el bloque va a decidir el rumbo de su agenda durante todo un año, con Washington mirando cada movimiento.

Ya dio la primera muestra. El mismo sábado, Xi pidió a los países del BRICS fortalecer la cooperación en inteligencia artificial y los invitó a sumarse a la organización mundial de cooperación en IA que Beijing viene impulsando. Es la clase de agenda técnica que China puede imponer sin que nadie discuta un arancel ni una sanción de por medio, mientras Washington todavía negocia con sus propios aliados quién controla los semiconductores más avanzados del planeta. La «plataforma de asociaciones» que Modi propuso este mismo sábado tendrá, a partir de 2027, acento chino.

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