«Judío que veo, judío que pateo»: el ruido de las latas vacías y sus amos sionistas
Camaradas:
Los fachapobres, fascistas y racistas hacen mucho ruido. Son como las latas vacías, como el eco en una habitación sin muebles: ruidosos e ignorantes, y tan cobardes que siempre están dispuestos a tragarse cualquier discurso de odio que les sirvan contra las minorías y contra los más débiles. No piensan, no analizan, no cuestionan. Simplemente repiten la consigna que les han puesto en la boca, convencidos de que gritar fuerte equivale a tener razón.
El Bernabéu como escaparate del odio.
El pasado 8 de septiembre de 2026, un grupo de ultras fue grabado en Madrid, a las puertas del Santiago Bernabéu, coreando consignas antisemitas e islamófobas en la previa del partido de la Liga de Campeones entre el Real Madrid y el Inter de Milán. «Judío que veo, judío que pateo» y «España es cristiana y no musulmana» resonaron mientras se quemaban banderas marroquíes y retratos de dirigentes políticos, y algunos de los presentes llegaban incluso al saludo nazi.
La propia LaLiga tuvo que anunciar que trasladaría lo ocurrido a las autoridades competentes. Un espectáculo bochornoso, sí, pero también profundamente revelador de hacia dónde apunta el odio de esta gente: contra cualquiera que rece distinto, contra cualquiera que venga de fuera, contra cualquiera que, en definitiva, se atreva a pensar.
Amos y siervos: el sionismo detrás de la ultraderecha española.
Lo más patético de todo es que estos pobres ignorantes no saben, o no quieren saber, que las organizaciones de ultraderecha que jalean están controladas y financiadas, en buena medida, por el sionismo israelí. Que los israelíes son judíos. Que su líder, Santiago Abascal, no es más que un lamebotas al servicio de Benjamín Netanyahu, viajando a Jerusalén a jurarle lealtad mientras en Gaza se perpetraba un genocidio.
Los fachas no necesitan neuronas para hacer ruido en la calle, pero tampoco sus jefes las necesitan para venderse al mejor postor: el capital sionista no distingue entre quien reza la Torá y quien reza el Corán a la hora de firmar un cheque, siempre que ese dinero sirva para sostener el aparato de odio que los mantiene en el poder.
El aquelarre de Vox: negacionistas, neonazis y genocidas bajo el mismo techo.
No ayudan aquelarres fascistas como los que organiza Vox en Madrid, donde se ha dado cita lo peor de cada casa: negacionistas del Holocausto, propagandistas neonazis y admiradores confesos de Adolf Hitler, compartiendo tarima con ministros del Israel sionista y genocida de Benjamín Netanyahu.
Ahí queda retratada toda la hipocresía del proyecto: el mismo escenario que acoge a quien niega el exterminio nazi acoge también a quien ejecuta, con armas y con hambre, el exterminio del pueblo palestino. Para esta gente no hay contradicción, porque no hay principios: solo hay alianzas de conveniencia entre fascismos que se necesitan mutuamente.
La derecha desnortada: solo el dinero como brújula.
Los fachapobres están confundidos porque carecen de cultura general y de sentido común, ese mínimo que les permitiría no hacer el ridículo antes de un partido de fútbol. Pero la confusión de la tropa no es más que el reflejo de la falta de norte de sus dirigentes.
La derecha española, y la europea entera, está desnortada porque su única brújula es el dinero. No defienden una nación, no defienden una fe, no defienden ni siquiera la coherencia de su propio discurso: defienden los intereses de quien les paga, ya vengan de Tel Aviv, de Wall Street o de cualquier otro despacho donde se decide el reparto del odio.
Frente a esto, la clase trabajadora no tiene más camino que la organización, la memoria histórica y el internacionalismo, que nunca distingue entre pueblos oprimidos por su religión, su origen o su lengua.
El fascismo hará ruido, siempre lo ha hecho, pero las latas vacías, por mucho que suenen, siguen estando vacías.
¡Até á vitoria sempre!
André Abeledo Fernández

