Los niños, primeras víctimas del Trumpismo.
Quienes más tienen que temer al Trumpismo, a su gobierno de tarados y a sus aliados arrastrados son los niños y las niñas. Ni los banqueros, ni los generales, ni los magnates: los niños.
Los inocentes, en el punto de mira.
Los niños y niñas violados y abusados en la isla de su amigo, el pederasta y proxeneta Epstein. Los niños y niñas asesinados en Gaza gracias al apoyo incondicional de Washington al Estado genocida de Israel. Las niñas asesinadas en el bombardeo de una escuela de educación primaria en Irán. Tres escenarios distintos, una misma lógica: para Donald Trump y para toda la basura que lo rodea y lo aplaude, la infancia es prescindible.
La inversión moral del sistema.
Ulrike Marie Meinhof (1934-1976) lo dejó escrito hace medio siglo, y suena hoy más actual que entonces: «Parece ser que lo criminal no es lanzar bombas contra niños, sino protestar contra esas bombas. Lo criminal no es condenar a millones de personas al hambre; lo criminal es combatirlo. Lo criminal no son el terror y la tortura del Estado, sino defenderse de eso».
Ahí está el mundo al revés que nos venden: se condena a quien grita contra las bombas y se blanquea a quien las lanza.
La crisis que paga la clase trabajadora.
No olvidemos, además, que desde la llegada de Trump al poder vivimos en una crisis económica y geoestratégica constante y creciente. Los productos básicos han subido no solo en Estados Unidos, sino en la mayor parte del mundo. Y cuando suben los productos básicos, quienes más sufren son los que menos tienen.
Los que tenían poco, pero aún no eran pobres, caen en la pobreza. Los que eran pobres caen en la miseria. Y los que ya estaban en la miseria pasan hambre o se mueren de hambre. Entre ellos, siempre, los más débiles: los enfermos, los ancianos, los niños.
Solo les importa el dinero.
A Trump y a su gobierno, aliado de otros genocidas como el gobierno sionista de Netanyahu, no les importa en absoluto. Que se extermine a los más débiles, a los que menos tienen, a los niños, a los enfermos, a los ancianos, les trae sin cuidado. Lo único que les importa es el dinero.
Frente a eso no cabe la neutralidad ni el silencio. Quien vive de su trabajo sabe de qué lado está la dignidad. La solidaridad internacionalista con los pueblos agredidos y la defensa de la infancia son hoy tareas de la clase trabajadora.
Até a vitoria sempre!
André Abeledo Fernández

