Cuando las pensiones juegan en el casino del capital: la lección de Paraguay.
Cuando se juega con el dinero público y se deja que el capital privado entre en lo que es de todos, también en las pensiones, como quieren el Partido Popular y VOX en el Estado español, el desastre está garantizado. Paraguay y Argentina nos lo están enseñando en directo.
La ultraderecha vendepatrias y el abismo.
Latinoamérica, en manos de la ultraderecha trumpista y vendepatrias, se hundirá irremisiblemente: pasará del tercer al cuarto mundo. Y si en Europa seguimos ese mismo camino, terminaremos en el mismo agujero. Capitalismo salvaje, privatización y corrupción: Paraguay, Argentina y Honduras son el manual de cómo hacer mierda lo que ya era una desgracia.
Qué es el IPS y dónde está el problema.
Paraguay tiene un sistema público de seguridad social que se nutre de las cotizaciones de trabajadores y empresarios. El Instituto de Previsión Social (IPS) recibe esas aportaciones y las administra para pagar jubilaciones, pensiones de viudedad, prestaciones por incapacidad y atención sanitaria.
Pero el IPS no solo administra: también invierte. Gestiona un patrimonio colectivo en los mercados financieros. Y ahí está el problema.
El dinero de los trabajadores, expuesto a la banca privada
Según los datos del propio IPS, recogidos por el diario ABC Color el 3 de noviembre, la institución mantenía inversiones financieras por unos 355 millones de dólares, repartidas entre 14 entidades bancarias, en certificados de depósito de ahorro y bonos financieros. Entre ellas se encuentra Ueno Bank, cuyos problemas de solvencia obligan hoy al IPS a reclamar la protección y recuperación de esos fondos.
Seamos rigurosos: los 355 millones no son lo perdido en Ueno, sino el conjunto de la cartera. No existe una cifra oficial desglosada que indique cuánto está comprometido exclusivamente en ese banco. Pero que no haya una cifra concreta no resta gravedad al asunto.
Tres escenarios y una pregunta de fondo.
Lo que está en juego no es el pago de las pensiones de este mes, sino el patrimonio del sistema público. Hay tres escenarios: que el IPS recupere íntegramente lo invertido; que el banco no tenga activos suficientes y se produzcan pérdidas; o que estas sean importantes y terminen resintiendo la sostenibilidad del sistema de previsión social a largo plazo.
Y hay preguntas que alguien tiene que responder. ¿Por qué una institución pública que administra las cotizaciones de miles de trabajadores expuso parte de sus reservas a una entidad que terminó teniendo semejantes problemas de solvencia? ¿Qué mecanismos de control y de responsabilidad existían para impedirlo?
Que no nos lo vendan como un riesgo «técnico».
No hablamos de accionistas privados que pierden dinero en una apuesta. Una cosa es que un banco quiebre y otra muy distinta que las consecuencias de su mala gestión acaben recayendo sobre el patrimonio de la seguridad social. Hablamos de recursos que proceden del trabajo de miles de personas y que existen para garantizar su protección.
Servicio, no negocio.
Un modelo privado busca siempre el beneficio; un modelo público debe garantizar un servicio. Los servicios básicos —las pensiones, la sanidad y la educación— tienen que estar al servicio de la sociedad y no convertirse en el negocio de nadie. Cuando el objetivo es el beneficio, la protección de la gente pasa a un segundo plano.
Esa es la lección: cada vez que se abre la puerta de lo público a los intereses privados, quien acaba pagando la factura es la clase trabajadora. Defender las pensiones públicas, blindadas frente a la especulación y sometidas a un control democrático real, es defender la dignidad de quienes trabajaron toda una vida.
¡Hasta la victoria siempre!
André Abeledo Fernández

