Adelanto electoral: ¿salvar la socialdemocracia?

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Kike Parra (Unidad y Lucha).— El adelanto electoral no parece haber sorprendido a nadie. Existía un runrún que hacía pensar que era lo más probable. Las encuestas anteriores, algunas publicadas el mismo día del anuncio electoral, no varían demasiado respecto a las posteriores. Sin embargo, hay quien apunta a un adelanto patrocinado internacionalmente por Soros y su camarilla, situado en un momento que posibilitaría la recuperación del voto gubernamental. De hecho, el último encuentro de Sánchez, esta vez con Alexander (hijo y heredero del magnate) fue el 23 de septiembre de 2026 en Nueva York.

 

Tal interpretación vendría acompañada de una campaña centrada en escenificar diferencias con la derecha en cuestiones de derechos básicos: pensiones, sanidad, educación y, fundamentalmente, vivienda, convertida en el centro del debate electoral.

En cualquier caso, la derecha también aplaude el adelanto. Teniendo en cuenta que, en este sistema, la democracia se limita prácticamente a la emisión del voto, podemos felicitarnos por participar nuevamente en la fiesta de la Libertad.

Realmente, lo que está en el centro del tablero es más importante que determinar qué sector de la burguesía gobierna. Más allá de ciertas cuestiones superfluas, ambos bloques del capitalismo, coinciden en elementos estratégicos fundamentales. Se trataría de otorgar legitimidad electoral a un nuevo gobierno que deberá afrontar tareas importantes en los tiempos difíciles que vienen.

La crisis general del capitalismo se manifiesta en multitud de escenarios. Uno de ellos es la insostenibilidad de la deuda, utilizada para prorrogar un sistema que hace aguas por todos los costados. Frente a quienes anuncian su impago o el colapso, cabe considerar otros mecanismos: refinanciación, emisión monetaria, alta inflación, contención salarial, deterioro de servicios públicos, guerra… Son distintas formas de trasladar los costes de la crisis a la población trabajadora.

Como consecuencia, nos acercamos así, a un escenario de creciente tensión social. Algunos episodios se empiezan a visibilizar (estudiantes en Francia, acampados por el derecho a la vivienda en España … El sistema sigue buscando válvulas de escape institucionalizando las movilizaciones.

Pero la dificultad es creciente: el capital sigue necesitando a la socialdemocracia para contener el conflicto, pero la propia crisis destruye las condiciones materiales que históricamente permitieron a esta ofrecer concesiones y garantizar la paz social.

Si la socialdemocracia desmovilizadora no consigue calmar las aguas o esta pasa al desván de la historia, podrían adquirir mayor protagonismo las respuestas de fuerza y adentrarnos en un escenario de dificultad en el sostenimiento del consenso.

En este sentido, el análisis desborda nuestra visión local e incluso regional. No debe ser casual que coincidiendo con las tensiones geopolíticas mundiales, en un corto período, se den tantos procesos electorales.

Entre octubre de 2026 y abril de 2027 se celebrarán elecciones parlamentarias en Serbia, Estonia y Finlandia y presidenciales en Bulgaria, Alemania y Francia. Posteriormente, pero también durante 2027 se celebrarán en Grecia, Montenegro, Eslovaquia, Suiza, Polonia e Italia

Fuera de Europa, entre otros muchos, hay elecciones de medio término en EEUU, parlamentarias en Israel y presidenciales en Brasil.

Por lo tanto, debemos entender las elecciones en España, integradas en un proceso internacional en el que diferentes fracciones del capital disputan la configuración de una superestructura política capaz de sostener la acumulación en condiciones de crisis con el papel del Estado-nación y el propio concepto de soberanía en disputa geopolítica.

Parte del capitalismo cree que en España todavía es posible preservar la función histórica de la socialdemocracia como instrumento de conciliación entre clases antagónicas, ¿o no? Pero en este juego, además del capital debe participa la clase trabajadora que deberá forjarse un proyecto independiente.

Quizá no se trate solo de un último esfuerzo por salvar la socialdemocracia, sino de salvar, mediante ella, al propio capitalismo.

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