VIDEO: Extraditan a Rusia al autor del atentado contra el general ruso Vladímir Alekséyev
El Servicio Federal de Seguridad Rusia (FSB) informó este domingo de la detención de la persona que intentó asesinar al teniente general Vladímir Alekséyev disparándole en la espalda dentro de un edificio residencial en Moscú. Se trata del ciudadano ruso Liubomir Korba, nacido en 1960.
El atacante fue detenido en Dubái y entregado a Rusia mediante la ayuda de los socios emiratíes de Moscú. En imágenes compartidas por las autoridades, se puede ver al autor del atentado descender de un avión a su llegada a Rusia y ser escoltado por agentes del FSB a una camioneta.
Los cómplices
A su vez, el organismo anunció que sus cómplices en este crimen también han sido identificados. Víktor Vasin, nacido en 1959, ha sido detenido en Moscú, mientras que Zinaída Serebrítskaia, nacida en 1971, huyó a Ucrania. Ambos son ciudadanos rusos.
Actualmente la búsqueda de los organizadores del intento de asesinato de Alekséyev, ocurrido el 6 de febrero, continúa activa, concluyó el FSB.
Atentado en medio de negociaciones de paz
El Comité de Investigación detalló previamente que un individuo disparó varias veces contra el alto cargo militar en un edificio residencial, ubicado en el noroeste de la capital, y huyó del lugar. Tras el ataque, Alekséyev fue hospitalizado. Se abrió una causa penal por intento de asesinato y tráfico ilegal de armas de fuego.
El ataque tuvo lugar al día siguiente de las conversaciones que mantuvo en Abu Dabi el grupo de trabajo trilateral de Rusia, EE.UU. y Ucrania para la búsqueda de una solución diplomática y política del conflicto ucraniano. La delegación rusa estuvo representada por el jefe de la Dirección Principal de Inteligencia del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Rusia, Ígor Kostiukov, cuyo primer adjunto es Alekséyev.
En ese contexto, el canciller ruso, Serguéi Lavrov, enfatizó que el «atentado terrorista» perpetrado contra el oficial pone en evidencia la intención del régimen de Kiev de realizar provocaciones constantes, destinadas, a su vez, a frustrar el proceso de negociaciones.
Detenido el autor del atentado contra el subdirector del GRU, el general Alekseev
Según ha señalado el servicio especial ruso, la detención se ha llevado a cabo con la colaboración del Estado de Oriente Medio.
«Con la ayuda de nuestros socios de los Emiratos Árabes Unidos, en la ciudad de Dubái fue detenido y entregado a las autoridades rusas el ciudadano ruso Korba Lyubomir, nacido en 1960, que fue el autor directo del crimen», se lee en el comunicado.
Recordemos que el atentado contra el general Alekseev tuvo lugar el 6 de febrero. El agresor disparó varias veces y huyó del lugar de los hechos. El general recibió varias heridas en la espalda y la pierna. Sobrevivió y fue hospitalizado con una gran pérdida de sangre. Los médicos consideran que su estado es grave, pero estable.
Mortalidad infantil se dispara en Gaza

La mortalidad infantil en la Franja de Gaza continúa en aumento y, desde comienzos de este año, se han registrado 37 muertes de menores, una cifra que refleja niveles similares a los asesinatos de mujeres y adultos mayores ocurridos desde octubre de 2023.
De acuerdo con reportes locales, desde el 10 de octubre pasado —fecha en que comenzó la tregua en Gaza— se contabilizan 576 víctimas mortales, entre ellas más de 115 mujeres y menores.
Diversas fuentes, entre ellas autoridades locales y organizaciones humanitarias, advierten que la cifra real podría ser aún mayor. Muchos cuerpos permanecen bajo los escombros o en zonas inaccesibles debido a los constantes ataques, lo que impide a los equipos de rescate contabilizar el número total de víctimas.

A la situación de violencia se suma la restricción de ayuda humanitaria. Israel ha impuesto severos obstáculos en los pasos fronterizos, lo que ha dificultado la entrada de insumos médicos, alimentos y otros recursos esenciales para la población.
Sobre este escenario, el portavoz de Unicef, James Elder, declaró: “Cuando ha prohibido a organizaciones clave entregar ayuda y dar testimonio, así como el acceso a periodistas extranjeros, ¿cree que restringir el escrutinio sobre el sufrimiento de los niños va a limitar las consecuencias?”.
El asedio militar ha provocado la destrucción de más del 90 por ciento de la infraestructura de Gaza, dejando inutilizados hospitales, viviendas y servicios básicos. La devastación también ha alcanzado al sistema educativo, generando un impacto profundo en la niñez.
De acuerdo con los informes de Unicef, más de 700.000 niños en edad escolar han quedado privados de educación formal, lo que representa una pérdida significativa para el futuro de la región y un retroceso en el derecho fundamental a la enseñanza.
La combinación de violencia, bloqueo y colapso de servicios esenciales refleja un panorama crítico en Gaza, donde la población civil, en especial los menores, enfrenta condiciones extremas de vulnerabilidad.
China pone en marcha la turbina eólica marina más potente del mundo
La turbina eólica marina más potente del mundo ha comenzado esta semana a suministrar electricidad a la red de China. El colosal generador se ubica en el parque eólico marino de Liuao, frente a la costa sur de la provincia de Fujian, informa Xinhua.
Es un gran logro porque por primera vez en todo el mundo se instala, depura y conecta a la red con éxito un aerogenerador marino de gran capacidad de 20 megavatios, según indicó la compañía China Three Gorges Corporation, que lo desarrolló.

«El equipo de la puesta en marcha superó retos como los vientos monzónicos y las complejas condiciones marítimas para completar todas las pruebas de manera eficiente», afirmó Jiang Guangqiu, subdirector general de la sucursal de la empresa en Fujian. «Esta turbina proporciona un apoyo técnico crucial para el futuro desarrollo de la energía eólica marina en aguas más profundas», añadió.
El buje de la turbina se encuentra a 174 metros sobre el nivel del mar, lo que equivale a un edificio de 58 plantas. Con un diámetro de rotor de 300 metros, las palas barren un área comparable a 10 campos de fútbol estándar.
Funcionando en sus condiciones nominales, se prevé que genere individualmente más de 80 millones de kilovatios/hora de electricidad al año. Esta producción puede satisfacer el consumo anual de energía de aproximadamente 44.000 hogares y se estima que ahorrará alrededor de 22.000 toneladas de carbón estándar, lo que reducirá significativamente las emisiones de carbono.
Accidente ferroviario en Adamuz: ¿Decadencia del sector público?

Celia R.M. (Unidad y Lucha).— El accidente ferroviario de Adamuz ha desatado un aluvión de críticas hacia la empresa estatal obviando elementos que consideramos exponer. La liberalización del transporte ferroviario se inició en España en 2003 con lo trenes de mercancías y, entre 2013 y 2020, con el de pasajeros. Los diferentes gobiernos que han gestionado el capital, desde el PP hasta los gobiernos de “progreso” son cómplices de la situación que exponemos.
Señales de alerta
RENFE es la operadora pública de transporte de pasajeros que compite con otras empresas privadas extranjeras. Todas ellas pagan por el uso de las vías. Por su parte, ADIF es la empresa estatal responsable de la gestión de la red ferroviaria y opera como gestora y responsable jurídica, subcontratando el mantenimiento a empresas privadas.
En el tramo Madrid-Sevilla, donde ocurrió el accidente, un consorcio que incluía a Ferrovial completó trabajos de modernización en mayo de 2025. Posteriormente, otras empresas privadas realizaron inspecciones, incluyendo pruebas ultrasónicas para detectar fallos internos, certificando que las vías estaban en condiciones.
Posteriormente a estas certificaciones, los trabajadores de Renfe y los sindicatos (CGT, CCOO y UGT) han reportado problemas recurrentes: ruidos extraños, golpes al pasar el tren, vibraciones anormales, desplazamiento de juntas y carriles, y desgaste prematuro en algunos tramos. De acuerdo con estas alertas, ADIF solicitó nuevas revisiones a empresas privadas, que declararon que no existían fallos críticos.
CIAF confirma fallos previos
Tras el accidente, la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), organismo público dependiente del Ministerio de Transportes, detectó un fallo en la vía que existía antes del siniestro y que no había sido reportado por las empresas subcontratadas.
Es importante destacar que CIAF actúa únicamente después de los accidentes, ya que su función se limita a investigar causas y responsabilidades, no a prevenirlos. Se está analizando también la baja calidad del material utilizado en la reconstrucción de las vías como un factor que pudo agravar la avería.
Este patrón refleja un riesgo recurrente: cuando el objetivo principal de las empresas privadas es maximizar beneficios, los recortes en mantenimiento y materiales pueden tener consecuencias graves. Algunas irregularidades previas en compañías como Acciona sugieren que prácticas similares podrían ser factores de causalidad del accidente.
Beneficios privados con responsabilidad difusa
Empresas como Acciona, Ferrovial, Cobra, Sacyr, Comsa, Alstom, ArcelorMittal y Siemens, subcontratadas por ADIF, manejan contratos multimillonarios de mantenimiento, señalización y control ferroviario. Así, una infraestructura pública esencial se convierte en fuente de beneficios privados mientras la responsabilidad se diluye.
Algunas de estas compañías, como Acciona y Ferrovial, ligadas al IBEX 35, tienen raíces históricas en el franquismo y su apoyo al régimen, acumulando fortunas mediante concesiones, contratos estatales y explotación de presos republicanos. Hoy, en el Régimen del 78, continúan amasando capital familiar, mientras que ciertos proyectos, como los de Acciona, están siendo investigados por posibles irregularidades.
Contexto global: privatización y militarismo
El accidente de Adamuz no es un hecho aislado. La privatización del sector ferroviario y la degradación de los servicios públicos se producen en un contexto global, en el que España participa en la OTAN y destina recursos significativos al gasto militar.
La privatización de servicios persigue un doble objetivo: maximizar beneficios privados y desviar recursos públicos hacia otros fines. Esto se refleja en infraestructuras críticas con mantenimiento insuficiente, así como en otros sectores públicos: educación con vacantes sin cubrir, largas esperas en centros de salud y hospitales saturados.
La trampa del capital
Culpar únicamente a la “ineficiencia” del sector público simplifica en exceso un problema complejo, es caer en la trampa del discurso privatizador. Discurso posible por una serie de sucesivos gobiernos, incluyendo al actual gobierno de “progreso”, que han aceptado y potenciado la privatización del sector público y las conquistas obreras, pagándolo la clase obrera con su vida
La dicotomía es clara: Socialismo o barbarie.
La abdicación de la soberanía

Luis Mesina*.— El escenario político global de 2026 marca un punto de inflexión histórico: el fin de la hegemonía del derecho internacional frente al resurgimiento de una lógica imperialista descarnada.
A un año del segundo mandato de Donald Trump, se observa no solo una transformación económica, sino una parálisis política global. El silencio de los líderes mundiales no es neutralidad, sino una abdicación de la soberanía ante el retorno del “intercambio desigual” y la ley del más fuerte.
El desmantelamiento del “paradigma globalista” constituye una verdadera bofetada a quienes en las últimas décadas se aferraron al designio del “fin de la historia”, creyendo que el capitalismo, en su forma más extrema y brutal se impondría definitivamente.
El tablero político ha sido “pateado” por la administración estadounidense de Trump, ha invalidado todos los acuerdos de libre comercio y la fe, que profesaban la mayor parte de los gobernantes en los organismos multilaterales (FMI, OMC, OCDE), se ha desplomado estrepitosamente.
Del mercado global al proteccionismo punitivo, la imposición de aranceles y la ruptura del NAFTA (Mexico, Canada) no son simples medidas económicas; son actos de fuerza que transforman la gobernanza global en una serie de transacciones bilaterales asimétricas.
La fragilidad de las alianzas, en el caso de Dinamarca/Groenlandia devela la ficción de la “defensa colectiva europea”, tan cacareada en favor de Ucrania contra Rusia. La Union Europea (UE) que nació bajo la promesa de ser un bloque capaz de equilibrar el poder mundial, se enfrenta a una paradoja casi existencial: si no puede proteger la integridad territorial de uno de sus miembros frente a la ambición de un aliado (EE UU), la UE deja de ser un proyecto político estratégico para convertirse en un mercado cautivo.
La OTAN, bajo esta lógica de transacciones bilaterales, deja de ser un “pacto de caballeros” para revelarse como un mecanismo de control donde la soberanía de los países está subordinada solo a la seguridad interna y a los intereses comerciales del imperio.
La arquitectura de seguridad de la posguerra ha muerto definitivamente. La Unión Europea revela así, su condición de vasallaje tecnológico y militar, al igual que la mayoría de los países de nuestra America.
El control por la coerción ya no es sutil, Trump ha mostrado todas sus cartas y la respuesta de los que ayer se autodenominaban representantes de la izquierda han quedado petrificados, incapaces de reaccionar ante tanta violencia simbólica y concreta de parte del imperio.
Acciones como la asfixia económica total a Cuba y la captura de Nicolas Maduro en Venezuela, demuestran que el nuevo orden no busca consensos, sino la inhibición de la soberanía mediante el terror económico, político y militar.
El silencio como síntoma de bancarrota política
Se ha hecho común que ante la conflictividad bélica la mayoría de los gobernantes guarden silencio. Palestina es la muestra más evidente de ello, el genocidio contra un pueblo desarmado se materializa, sin que exista voluntad real de los estados por detenerlo. El fenómeno mundial que ha desatado Donald Trump provoca que muchos “miren hacia el lado”, evitando caer en el círculo que el imperio selecciona y clasifica como países poco amigables y, en consecuencia, quedar expuestos a sanciones económicas vía aranceles.
El silencio y la inacción evidencia, además, una crisis de representación y valentía. Al aceptar el unilateralismo estadounidense sin resistencia pública, las élites políticas confirman la fragilidad del modelo que defendieron durante décadas. Este silencio, es la manifestación de una mediocridad estratégica que deja a los pueblos desprotegidos frente a las ambiciones de un poder imperialista que ya no utiliza sutilezas diplomáticas.
La falta categórica de pronunciamientos y acciones de la socialdemocracia y las llamadas nuevas izquierdas ante el unilateralismo de Trump no es una omisión táctica, sino la confesión de impotencia, mediocridad y cobardía.
* Vicepresidente de la Central Unitaria de Trabajadores de Chile
El coste abrumador para Alemania de una espiral de crisis
Un estudio del Instituto de Economía Alemana (IW, por sus siglas en alemán) revela que las crisis consecutivas de los últimos años han costado a Alemania casi un billón de euros en pérdida de producto interior bruto (PIB) desde 2020, recoge Bild.
La pandemia del coronavirus, el conflicto en Ucrania y, más recientemente, la disputa arancelaria con la Administración del presidente estadounidense Donald Trump han generado una pérdida total de 940.000 millones de euros (1,1 billones de dólares). Esto equivale a más de 20.000 euros (unos 23.700 dólares) por cada trabajador en Alemania.
2025, un año especialmente negativo
Un dato alarmante es que una cuarta parte de esta enorme cifra corresponde solo al año 2025, efecto directo de las tensiones comerciales transatlánticas. Michael Gromling, investigador del IW, destaca que «la década actual se ha caracterizado hasta ahora por crisis excepcionales y enormes cargas de ajuste económico», que superan con creces crisis anteriores.
Para ponerlo en perspectiva, el estancamiento económico entre 2001 y 2004 costó unos 360.000 millones, y la crisis financiera de 2008 y 2009, unos 525.000 millones. Sin embargo, la economía logró recuperarse en aquellos episodios, algo que no está ocurriendo ahora.
Estancamiento persistente y caída del nivel de vida
La economía alemana lleva años estancada, sin superar el nivel de actividad de 2019. El crecimiento en 2025 fue de apenas un 0,2%. Aunque se espera una leve mejora en 2026, parte de ella se atribuye a factores técnicos como la distribución de los días festivos.
Clemens Fuest, presidente del Instituto Ifo de Múnich, advierte de la gravedad de la situación: «Alemania lleva años sumida en una recesión económica. La situación es ahora dramática«. Este deterioro se traduce directamente en una pérdida de bienestar para la población. «Millones de ciudadanos ya están experimentando una caída en su nivel de vida», afirmó Fuest.
La energía de la guerra

Un aspecto poco destacado de la fase histórica actual, caracterizada fundamentalmente por el declive del imperio estadounidense —y, en consecuencia, por la reorganización total de los equilibrios globales— es la importancia de la cuestión energética y, en particular, de sus entrelazamientos y conexiones.
Es obvio que la capacidad de satisfacer las necesidades energéticas de la industria y del ejército, estrechamente relacionadas entre sí, es un factor clave para mantener una posición de poder.
Pero, precisamente, si se analiza la cuestión más a fondo, surgen algunas consideraciones extremadamente interesantes.
Comencemos diciendo que, a pesar de toda una serie de compromisos y políticas activas, los combustibles fósiles siguen siendo, con diferencia, el principal factor energético mundial, y todo apunta a que seguirán desempeñando un papel predominante durante décadas.
Paradójicamente, precisamente las políticas «verdes» (coches eléctricos) son uno de los factores que contribuyen a mantener alta la demanda de energía fósil.
De hecho, aunque a nivel mundial la producción de electricidad se debe ahora en gran medida a fuentes renovables (37 %), la demanda crece a un ritmo vertiginoso, lo que hace extremadamente imposible el abandono gradual de otras fuentes de energía.
Solo el carbón, que hoy en día es la fuente de producción de electricidad en un 32 %, registra una tendencia significativa a la baja.
Pero el verdadero elemento nuevo es la explosión de la demanda energética relacionada con el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial (IA).
En 2024, los centros de datos globales consumieron alrededor de 415 TWh, una cifra superior a las necesidades energéticas totales del Reino Unido.
En Irlanda, los centros de datos ya consumen el 21 % de la electricidad nacional [1]. Y, recordemos, la IA no solo es el sector que impulsa el PIB de Estados Unidos (y probablemente una gigantesca burbuja financiera), sino también el sector en el que hoy en día China y Estados Unidos centran su competencia y en el que, sobre todo, Estados Unidos apuesta por mantener y reforzar su posición dominante.
La inteligencia artificial es, por tanto, un sector estratégico de primaria importancia, que, entre otras cosas, tiene hoy en día sus aplicaciones más importantes en el sector militar y en el de la seguridad (alias del control), y que, por lo tanto, está destinado a hacer crecer vertiginosamente la demanda energética mundial.
Esta demanda es tan fuerte que algunos de los principales actores estadounidenses, como Microsoft, Google y Amazon, se están orientando hacia la energía nuclear para alimentar sus instalaciones; Microsoft ha firmado un acuerdo para reabrir la central de Three Mile Island (cerrada tras el accidente de fusión del núcleo, el 28 de marzo de 1979), mientras que Amazon y Google apuestan por el desarrollo de reactores modulares.
Desde el punto de vista de Estados Unidos, además, la cuestión energética tiene otro aspecto estratégico de suma importancia.
De hecho, todo el sistema estadounidense se basa fundamentalmente en la deuda (38,5 billones de dólares), que a su vez se basa en la demanda global de la moneda estadounidense, la cual, a su vez, se alimenta del hecho de que el dólar es la moneda estándar para el comercio mundial.
Más de la mitad (54 %) de todo el comercio mundial sigue facturándose en dólares, y en el caso de las materias primas (petróleo, gas, oro), esta proporción supera el 80 %. Y esto nos lleva al tercer rebote: el dólar se ha impuesto como moneda de referencia gracias a su vinculación al petróleo.
En 1974, Kissinger puso en marcha una medida estratégica muy importante para Estados Unidos al firmar un acuerdo con Arabia Saudí, basado fundamentalmente en el intercambio de protección militar para Riad y la venta de petróleo exclusivamente en dólares. En aquel momento, Arabia era el país más importante de la OPEP y el mayor productor mundial, lo que contribuyó al éxito de la moneda estadounidense.
En la actualidad, por lo tanto, la cuestión energética reviste una importancia estratégica absolutamente fundamental para Washington. Tanto desde el punto de vista de las necesidades como desde el del predominio del dólar.
Y, por supuesto, también como instrumento de control sobre el desarrollo de la economía (y, por tanto, del poder) chino. Por lo tanto, al tratarse de una cuestión estratégica, debe considerarse en términos de perspectiva a medio y largo plazo.
Intentemos, pues, examinar la situación, tanto estadounidense como mundial, partiendo de esta clave de lectura, comenzando por el petróleo, que representa, como hemos visto, un elemento clave desde más de un punto de vista.
Actualmente, Estados Unidos es el primer productor mundial, con ~13,8 millones de barriles/día. Esto se debe al desarrollo de la extracción de shale oil, mediante la técnica del fracking, que sin embargo tiene el problema de ser significativamente más costosa [2].
Dado que Estados Unidos es un sistema capitalista liberal, toda la cadena de producción del petróleo (extracción, refinado, comercialización, distribución) está en manos de entidades privadas, que, obviamente, solo operan si hay un margen de beneficio razonable.
Y esto significa que el precio del barril de petróleo debe mantenerse por encima de un determinado nivel para que sea rentable.
Por ejemplo, mientras que el petróleo de Oriente Medio tiene un coste de extracción que oscila entre 5 y 15 dólares por barril, la extracción del shale oil estadounidense cuesta entre 35 y 55 dólares por barril.
Esto significa, obviamente, que los Estados Unidos tienen una buena capacidad de autosuficiencia, pero que la exportación de su petróleo es menos competitiva.
Pero, una vez más, si razonamos en términos estratégicos, surge una cuestión muy importante: Estados Unidos está consumiendo sus reservas muy rápidamente.
Según las estimaciones actuales, estas ascienden a unos 74 000 millones de barriles, lo que les sitúa en el noveno lugar entre los mayores poseedores de reservas. Y, al ritmo actual de producción, las reservas estadounidenses se agotarían en unos quince años.
Estratégicamente hablando, un momento. Esto explica la atención casi obsesiva no solo por Venezuela (reservas estimadas en ~303 000 millones de barriles), sino también por el Ártico, donde se cree que hay grandes yacimientos.
Desde el punto de vista petrolero, por lo tanto, a corto plazo se prevé una situación en la que Estados Unidos no solo podría perder su autosuficiencia (volviendo a ser importador neto), sino que, en consecuencia, también perdería la capacidad de influir en los mercados y, por lo tanto, de controlar los flujos y mantener la centralidad de los petrodólares.
Si observamos la clasificación de los países con mayores reservas, el panorama se vuelve aún más claro, y no precisamente tranquilizador.

Es evidente que entre estos países hay algunos que escapan al estricto control político de Estados Unidos y que son objeto de especial atención por parte de la administración Trump. También una mirada a los niveles de producción ofrece datos interesantes [3].
En una fase de transición turbulenta y redefinición de los equilibrios geopolíticos mundiales, es evidente que para Washington —y por las razones anteriormente indicadas— asumir directa o indirectamente el control del petróleo venezolano y canadiense, mantener el control del petróleo iraquí y, como mínimo, limitar las exportaciones iraníes (mediante sanciones y/o desestabilización) es una cuestión estratégica crucial.
Otro sector significativo, desde el punto de vista energético, también teniendo en cuenta el tumultuoso crecimiento de la demanda relacionada con el desarrollo de la IA, es el nuclear.
Estados Unidos es el primer productor mundial de energía nuclear, pero no dispone de infraestructuras suficientes para transformar el mineral en bruto en combustible utilizable.
Como consecuencia, Estados Unidos importa alrededor del 24 % de su uranio enriquecido… ¡de Rusia! Aunque existe un sistema de sanciones en vigor, como siempre ocurre, este se ha eludido oportunamente pro domo sua, mediante una serie de excepciones.
Está previsto que estas excepciones expiren en 2028, pero es fácil prever que se renovarán, dada la continua dependencia de Estados Unidos.
De hecho, al igual que ocurre con las tierras raras con China, a pesar de que Rusia solo extrae entre el 5 % y el 6 % del uranio mundial, posee alrededor del 44 % de la capacidad de enriquecimiento global. Y en 2025, los suministros de uranio ruso a Estados Unidos aumentaron casi un 50 % (y a la UE un 25 %).
Esto significa que la creciente demanda energética de los Estados Unidos, vinculada entre otras cosas a los proyectos de reindustrialización, seguirá dependiendo durante al menos algunos años más de los suministros rusos de uranio, lo que, a su vez, añade una nueva clave para interpretar el deseo de reducir las hostilidades con Moscú.
Por otra parte, el precio del uranio está subiendo considerablemente, precisamente debido al aumento de la demanda y al enriquecimiento estable.
También en este caso, como nota al margen, cabe señalar, por ejemplo, que Irán es uno de los pocos países del mundo con capacidad autónoma de enriquecimiento, lo que explica por qué Estados Unidos insiste en privarle de ella.
O que las fuentes alternativas, muy limitadas, son Canadá y Kazajistán (con los que Washington está tratando de desarrollar relaciones provechosas, también en virtud de su posición geográfica).
O que la pérdida del uranio nigerino por parte de Francia (que pasó a la órbita rusa, tras los cambios geopolíticos en el África subsahariana: Níger, Malí y Burkina Faso), no solo ha aumentado la dependencia francesa, sino que ha reducido la disponibilidad de minerales de uranio en Occidente.
Es interesante señalar que, aunque siguen siendo los principales productores de energía nuclear, Estados Unidos sigue tratando de liberarse de una dependencia significativa del material enriquecido, del que actualmente casi una cuarta parte procede de un adversario como Rusia, mientras que el que se considera su mayor competidor, China, está dando pasos de gigante, tanto en el desarrollo de nuevas tecnologías (reactores de torio) como, en general, en la construcción de nuevas centrales [4].
La tecnología del llamado Sol Artificial es significativa; el tokamak EAST chino sigue batiendo récords. A principios de 2026, los científicos anunciaron nuevos avances en el confinamiento de plasma a temperaturas muy altas durante períodos prolongados, con el objetivo de tener la primera planta de demostración comercial alrededor de 2045.
También en este caso, la fuerte competencia en un sector tan energívoro como el de la IA se refleja directamente en la capacidad de responder adecuadamente a la demanda.
Y China espera superar la producción de energía nuclear de Estados Unidos en 2030, es decir, en menos de cinco años.
Otro sector crucial es el del gas.
Aquí también observamos una situación similar a la ya vista en el caso del petróleo. De hecho, Estados Unidos es el primer productor mundial, con ~1,050 – 1,100 billones de m³/año, así como un importante exportador.
Pero, también en este caso, la extracción es principalmente de gas de esquisto (fracking), con los mismos problemas de costes, mientras que la exportación, a falta de gasoductos transoceánicos, se realiza por barco, mediante licuefacción (GNL).
Lo que, obviamente, aumenta aún más los costes (licuefacción, transporte, regasificación + las instalaciones necesarias para la transformación aguas arriba y aguas abajo). De hecho, los principales compradores son ustedes, los tontos europeos, que lo pagamos 4-5 veces más que el ruso y que, con la típica actitud autodestructiva de la UE, acabamos de decidir no comprar ni un solo metro cúbico de gas ruso a partir de 2028.
Si bien Estados Unidos es un gran productor, no es un gran poseedor de reservas. Al ritmo actual, estas (17 000 mil millones de m³) se agotarán en menos de veinte años.
Obviamente, quien compite con la producción estadounidense es Rusia, con sus ~620-680 000 millones de m³ y reservas de 47 000 000 millones de m³ (la primera del mundo) [5], pero también Qatar, que, aunque solo es el sexto productor mundial, tiene los costes de producción más bajos y espera igualar el nivel de exportación de Estados Unidos ya el próximo año. Por cierto, Irán posee 34 000 millones de m³ de reservas…
El único sector energético en el que Estados Unidos tiene una supremacía efectiva e indiscutible es el del carbón: ~250 000 millones de toneladas de reservas, el 22 % de las mundiales.
Pero la producción está muy por debajo, ~460-470 mil millones de toneladas anuales. Esto depende, obviamente, en gran medida de las decisiones de diversificación energética tomadas sobre todo en Occidente, pero garantiza al sector industrial estadounidense una posible fuente de energía significativa, que puede reactivarse en caso de necesidad, especialmente en lo que respecta a la generación de electricidad y la producción de acero.
Lo que se desprende de este panorama general es, en primer lugar, que Estados Unidos está acelerando la producción de petróleo y gas, incluso a costa de mermar rápidamente sus reservas, ya que evidentemente considera estratégicamente necesario mantener en la medida de lo posible la ventaja que ello puede suponer, y ya hemos visto cuáles son las implicaciones, no solo en el ámbito estrictamente energético.
Una aceleración que, por otra parte, constituye efectivamente la cifra clave de la política estadounidense en todos los ámbitos y que da testimonio de la percepción de que el tiempo para mantener su papel hegemónico se está reduciendo rápidamente.
Si nos fijamos en los dos documentos estratégicos recién publicados, la Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia de Defensa Nacional, debemos interpretar su indicación fundamental —es decir, la recuperación del control férreo y total sobre el hemisferio occidental— como uno de los pasos necesarios para garantizar la capacidad energética necesaria para hacer frente tanto al reto de la IA como al de la producción industrial.
Venezuela, Canadá y el Ártico representan la tríada clave en este sentido.
Del mismo modo, el desprecio cada vez más manifiesto hacia los países europeos no solo está relacionado con el rencor ideológico o con la pérdida de centralidad geopolítica del viejo continente, sino también con su absoluta inutilidad desde el punto de vista energético, salvo como cliente del GNL estadounidense, mientras tengan dinero para pagarlo.
Crear una especie de «zona protegida», centrada precisamente en el hemisferio occidental, lejos de ser un paso hacia una especie de nueva Yalta, con la división del mundo en zonas de influencia, es ante todo un intento de garantizar un mercado más estrictamente colonial, funcional para suministrar recursos y absorber la producción, en beneficio de Estados Unidos.
Aunque en los documentos estratégicos siempre se habla de «competidores», como si se tratara de una cuestión de libre mercado, la realidad es, obviamente, que la perspectiva geopolítica estadounidense es inseparable de la idea de la guerra.
Que no es necesariamente, y sobre todo no siempre, una actividad cinética, sino más bien una predisposición.
Significa considerar a cualquier otra entidad estatal-nacional en términos de utilidad-subordinación o amenaza-hostilidad. La ideología liberal, trasladada al plano geopolítico, no prevé la libre competencia, sino la supresión de los competidores potenciales.
Y el monopolio (de la fuerza) es la respuesta a esta necesidad. A falta de una capacidad militar efectiva para contrarrestar a las potencias (globales o regionales) identificadas como hostiles, que ya ni siquiera se enfrentan individualmente, la exhibición de poder se convierte a su vez en un instrumento de guerra híbrida y responde exactamente a la función de proyectar una imagen de poder superior a las capacidades reales.
Los estrategas de la política estadounidense han tomado nota de que el proyecto hegemónico condensado en la globalización ha fracasado, porque no ha transformado el mundo en un gran mercado capitalista, no ha uniformizado (y subordinado) a todos al modelo estadounidense, ha inflado hipertrofiado la economía financiera y ha empobrecido las capacidades productivas materiales.
El nuevo reto para mantener cierta preeminencia global pasa no solo por el desarrollo tecnológico, sino también por una capacidad industrial renovada y potente. Y esto requiere ser alimentado.
Por lo tanto, un factor poderoso de la ecuación es la capacidad de disponer de energía y de limitar su acceso a los demás.
Se necesita energía para alimentar la guerra, se necesita la guerra para controlar la energía. Estados Unidos apunta a ganar en los cien metros, Rusia y China compiten en fondo.
Publicado originalmente por Target Metis
Traducción: Observatorio de trabajador@s en lucha
Ucrania se ha convertido en «enemiga» de Hungría, dice Orbán

Kiev se ha convertido efectivamente en «un enemigo» de Budapest al exigir repetidamente a la Unión Europea que deje de importar energía de Rusia, según declaró este viernes el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán.
El jefe de Gobierno afirmó durante un discurso ante su partido, Fidesz-Unión Cívica Húngara, que los ucranianos deben «renunciar a sus constantes exigencias en Bruselas de desconectar a Hungría de la energía barata rusa«.
«Mientras Ucrania siga haciendo esto, Ucrania —y pido disculpas por decirlo— es nuestro enemigo«, manifestó.
«Ucrania atenta contra nuestros intereses fundamentales al exigir constantemente que se separe a Hungría de la energía rusa barata e incitar a Bruselas a ello. Para quien haga esto, Hungría no es su adversario, sino su enemigo», continuó.
En ese contexto, enfatizó que, si no hubiera petróleo ni gas rusos, la nación europea tendría que pagar mucho más que los precios actuales. Indicó que si alguien dice que es posible desconectar a Hungría de la energía barata rusa y, al mismo tiempo, proteger la reducción de las facturas de servicios públicos, «es estúpido o miente». «Eso no es posible», concluyó.
- El Gobierno húngaro ha declarado reiteradamente que actualmente no puede prescindir de los recursos energéticos rusos, si bien continúa diversificando sus rutas y fuentes de suministro. Por lo tanto, Budapest no apoya el plan de Bruselas de suspender las compras de petróleo y gas de los países de la UE a Rusia.
- En particular, Hungría presentó este lunes una demanda ante el Tribunal de Justicia del bloque contra la prohibición de importar energía rusa a partir de 2027, exigiendo la anulación de esta medida.
- El país centroeuropeo continúa recibiendo la mayor parte de su petróleo a través del oleoducto Druzhba y su gas a través del oleoducto TurkStream y sus ramales a través de Bulgaria y Serbia.













