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Portugal: los socialistas no quieren un gobierno de izquierdas

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Ayer día 4 de octubre se celebraron elecciones generales en el vecino país luso, comicios trascendentales y de repercusión europea que han sido casi silenciados por los principales medios de comunicación, los cuales tras los resultados destacan torticeramente el “triunfo” de la derecha representada por Passos Coelho, el pirmer ministro en funciones que ha llevado a cabo todo lo que le ha dictado la troika neoliberal liderada por el FMI.

Los hechos dicen que Passos Coelho, al que la elite europea alaba hasta la extenuación, ha perdido la mayoría absoluta, dejándose en las urnas 17 escaños. La verdadera ganadora ha sido la izquierda sumando sus tres vertientes con mayor fuerza popular, el Partido Socialista con 85 diputados, el Bloque de Izquierdas, un remedo a lo Podemos, que ha conquistado 19 actas parlamentarias, y la coalición de comunistas y verdes, 17 escaños.

Un acuerdo poselectoral de las tres sensibilidades de la izquierda citadas alcanzaría la mayoría absoluta con 121 diputados, 5 por encima de lo necesario, en representación de 2,8 millones de ciudadanos portugueses. Por su parte, la derecha se quedaría en 99 parlamentarios y poco más de 2 millones de votos.

Ahora bien, la presunta coalición entre socialistas, nueva izquierda, comunistas y verdes se antoja imposible dado que el cabeza de lista del primer grupo mencionado, Antonio Costa, exalcalde de Lisboa, ya ha cerrado tal eventualidad, tildando de “mayoría negativa” la posibilidad de un acuerdo tripartito para desbancar a Passos Coelho, el delegado in péctore de Merkel y las posturas duras del neoliberalismo mundial.

Se desprende de lo reflejado, que el Partido Socialista juega a favor de la troika como un complemento del sistema político portugués que frena auténticas políticas de izquierdas al tiempo que sirve de apoyo institucional tácito a las elites europeas y autóctonas. Un caso similar al PSOE en España.

La tradición histórica obrera de ambas formaciones succiona las voluntades de amplias capas trabajadoras debido a su talante clásico de izquierda moderada. Luego, ya sabemos que se hace con esos votos: unirlos a la derecha siempre que la estructura capitalista se encuentre en situación delicada o en momentos de crisis aguda. Como ahora mismo. Como toda la vida, salvo rarísimas y honrosas excepciones.

Pero es bueno saber que si no se negocia un gobierno alternativo de izquierdas en Portugal, ni siquiera dando chance a sentarse para acercar posturas y hablar sobre un programa mínimo, la culpa o responsabilidad política deberá recaer en los socialistas de Antonio Costa.

Costa prefiere apalancarse en la oposición hasta convertirse en opción mayoritaria antes que esforzarse por un gobierno de progreso que plante cara al neoliberalismo y la austeridad emanados desde Berlín, Bruselas y el FMI. Tácitamente, su postura fortalece a Passos Coelho, a los mercados y a las elites dominantes de Portugal y la UE. Y eso nunca lo explicará en público ni tampoco saldrá en portada de los mass media nacionales e internacionales.

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