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Los pechos diabólicos del dios cristiano

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ok pechos

Resulta increíble pensar que el dios cristiano se sienta ofendido por los pechos de una estudiante (Rita Maestre hace unos años, pongamos al caso) que él mismo diseñó, presuntamente, en sus delirios omnipotentes y omniscientes de grandeza absoluta.

Hizo a Eva en cueros a conciencia y así vivió ella en el paraíso edénico hasta que le entró el pudor y la vergüenza por elegir hacerse mortal, curiosa y crítica con el mundo que le rodeaba. Un evento singular del que nacieron el morbo y la obscenidad que provocan tanto escándalo en los meapilas y gentes varias del teatro político y mediático de derechas en España.

Tetas, coños y penes son los tres objetos de deseo cercenados de cuajo y de pasión predilecta de las mentes malsanas que ponen el grito en el cielo cada vez que alguien osa mostrarlos en público con fines reivindicativos, lúdicos o políticos o los menciona sin más en el ejercicio de su sana libertad de expresión. No digamos nada de su uso y disfrute por puro placer.

Son palabras malditas y tabú que activan automáticamente mentes enfermas e intereses de poder ocultos en la lucha ideológica, social y política. No se escandalizan de verdad, es pura pose para atizar a la izquierda, a la investigación no mediatizada y sin cortapisas y a las personas ateas o agnósticas a través de sacralizar la irracionalidad, la tradición y la estupidez supina de su doble moral y los impulsos nefandos y transgresores que despiertan tales signos anatematizados dentro de sus conciencias sucias y reprimidas.

Lo que ofende es su fijación por tres zonas de la anatomía humana que sus fes, creencias, doctrinas, liturgias y prácticas culturales han elevado al trono de lo satánico, de lo que produce felicidad y placer sin mayores alborotos ni vanas explicaciones eruditas o intelectuales. Su oferta contra la libertad individual y colectiva es el dolor reparador, la cárcel del sufrimiento. Si se permitiera el placer sin condiciones leoninas, de ahí podría surgir un ente autónomo peligroso y crítico contra el statu quo dominante.

Todo es mentira y representación simbólica en los atentados contra la razón de las religiones monoteístas. Nada más que quieren meter miedo en los cuerpos y pánico escénico en las masas para que el auténtico ser humano, aún por venir, alumbre un mundo nuevo de armonía social y libertad compartida.

Sobran recetas morales por parte de quienes están a favor de las guerras imperialistas, viven de la corrupción ética y financiera, aplauden la explotación laboral, tapan la pederastia de sus propias familias y optan sine die por una sociedad dividida en clases y misógina.

Que exijan explicaciones convincentes a su dios de bondad infinita por haber concebido en su sueño iniciático y caótico un universo mundano tan malvado y execrable plagado de pechos, vaginas y vergas. De paso, que le pregunten por qué hizo el mal y por qué somete a los pobres, las mujeres y la clase trabajadora a condiciones tan injustas y depravadas en el aquí y ahora de la realidad cotidiana.

Aquellas personas, de buena y mala fe, ofendidas por la visión de Rita Maestre (o las poesías irónicas avaladas por Ada Colau) en sujetador en un templo juzgan con rotunda severidad los designios inescrutables de su señor dios: los pechos son un error de diseño y cálculo, luego su dios es imperfecto.

No tenemos constancia de la opinión de su dios al respecto, aunque parece ser que cuando acabó la ingente obra universal descansó con suficiencia y se deleitó en la mirada de todas las cosas fruto de su ingenio inigualable.

También observó satisfecho, sin reservas ni prejuicios, los pechos femeninos. Incluso su hijo se exhibe en mero taparrabos y con el torso desnudo en todas las iglesias de la cristiandad y sus distintas versiones doctrinales.

¿Ofende a alguien Jesús de Nazaret de esa guisa tan natural, aunque un tanto forzada, en la cruz dolorista cristiana por antonomasia? No olvidemos que terminó así por ser crítico con el poder establecido y por revindicar políticamente una sociedad de nuevo cuño.

Las personas adictas a la ofensa fácil tienen una mirada de origen sesgada: ven a través de sus prejuicios, morbos y represiones. Y quieren imponer sus puntos de vista enfermos de obscenidad, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.

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