«Se exige a menudo que una crítica sea perfecta en todos los puntos; y sino es perfecta en todos los puntos se la denigra y vilipendia al instante.

Esa no es una actitud justa, camaradas. Es un error peligroso. Tratad solamente de plantear tal exigencia y cerraréis la boca a centenares y millares de obreros, de corresponsales de fábrica y de pueblo que quieren corregir nuestros defectos, pero que no saben siempre formular correctamente sus pensamientos. Eso sería una tumba, y no la autocrítica. Debéis saber que los obreros temen a veces decir la verdad sobre los defectos de nuestro trabajo. Temen no solamente arrepentirse de ello, sino también que se les ridiculice a causa de una crítica imperfecta. ¿De qué modo un simple obrero o un simple campesino, que es el primero en soportar los defectos de nuestro trabajo y de nuestra planificación, puede encontrar el medio de presentar su crítica con todas las reglas del arte? Si exigís una crítica justa al 100% por 100%, destruiréis al mismo tiempo la posibilidad de toda crítica surgida de la base, la posibilidad de toda autocrítica.

Por eso opino que si la crítica contiene si quiera un 5% o un 10% de verdad, hay que aplaudirla, escucharla atentamente y tomar en consideración lo que tenga de sano. En caso contrario, lo repito, cerraríais la boca a miles dehombres fieles a la causa de los Soviets, a hombres que no son todavía bastante hábiles en su labor crítica, pero por cuya boca habla la verdad misma». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Sobre las labores del Pleno conjunto de abril del Comitñe Central y de la Comisión Central de Control, 13 de abril de 1928)

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