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La mentalidad colonial en Canarias

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Esto significa, en primer lugar, que las relaciones productivas se presentan a menudo como relaciones personales (como explica Marx sobre las relaciones feudales en El Capital) y, en segundo lugar, que el peso y las consecuencias de las formas antiguo-regimentales aún sigue pesando en la mentalidad canaria.

A partir de los años 60, las Islas sufrirán la mayor transformación productiva de su historia. Sin embargo, existe un entrelazamiento en cuanto a las formas de apropiación y distribución de las rentas entre ambos modelos. Miles de campesinos empezaron a poblar la costa, trabajando en el sector terciario. No obstante, las relaciones sociales mantuvieron su carácter servil, con un proletariado estacionario y poco concentrado, con una mayor preeminencia de la pequeña propiedad. Este modelo también presenta en parte sus formas económicas a través de formas sociales. El pueblo canario siguió sirviendo, esta vez a las enriquecidas masas europeas, lo que refuerza la mentalidad servil y al mismo tiempo la cultura colonial, al aparecer Europa como una fuente inagotable de riqueza.

Este proceso deriva inequívocamente del principio marxista de “la clase dominante ejerce la conciencia dominante”. Al ser una burguesía dependiente al mismo tiempo del capital del Estado y de las finanzas de Europa, la oligarquía isleña no hace más que reflejar sus anhelos y frustraciones, basados en su posición secundaria dentro del capitalismo mundial. Tal contradicción no existe entre la clase trabajadora a nivel económico, pues ésta no se diferencia en cuanto a la cuota de plusvalía ni en cuanto al carácter de su trabajo del resto del proletariado mundial. Según Frantz Fanon, “la burguesía nacional descubre como misión histórica la de servir de intermediario […] la burguesía nacional organiza centros de descanso y recreo, curas del placer para la burguesía occidental. Esta actividad tomará el nombre de turismo y se asimilará circunstancialmente a una industria nacional”. Fanon nos habla aquí de países como Cuba en su momento, Brasil o México. El desarrollo en Canarias del turismo de masas no cambia el carácter de la burguesía en sí misma.

Este modelo encaja muy bien con la mentalidad de los antiguos propietarios rurales, creando una burguesía acaparadora. De nuevo Fanon expone que “Los beneficios que se embolsa […] no son reinvertidos […] el atesoramiento en el colchón domina la psicología de estos propietarios rurales”.

Esta clase dominante es una clase bárbara, que depende o bien de “la caza de capitales” en otros países o bien del Estado, que es una forma particular de obtención de plusvalía (parte del salario de los trabajadores que desaparece en impuestos). Toda la psicopatología de la inferioridad y la sumisión pesa aún más sobre la mente de los isleños al ser colonizados por una potencia débil, también dependiente. Como la oligarquía española ha de reafirmarse asimismo como potencia, actúa de forma sádica contra sus posesiones, cultural y económicamente. Que la burguesía canaria se enorgullezca estos días de ser “la gasolinera del atlántico” demuestra el carácter débil y subsidiario de su mentalidad. Si la plutocracia isleña se refirma y enorgullece de su posición de limpiabotas, ¿cómo afectará eso a la mentalidad de las masas trabajadoras en las Islas?

El sentimiento de inferioridad y aislamiento deriva, como vemos, de la posición de Canarias con respecto al capital internacional. Es el mayordomo que sale de la habitación cuando los amos comienzan a chalanear. Siguiendo la lectura de Los condenados de la tierra, observamos que “Como no tiene ideas, como está encerrada en sí misma, aislada del pueblo, mimada por su incapacidad congénita para pensar en la totalidad de los problemas en función de la totalidad de la nación, la burguesía nacional va a asumir el papel de gerente de las empresas occidentales y convertirá a su país, prácticamente, en el lupanar de Europa”. Que Canarias no haya conseguido la independencia refleja el atraso relativo de la oligarquía canaria y su grado de dependencia, donde las formas coloniales se entrelazan con las neo-coloniales. Sobre el colonialismo histórico español pesa el neo-colonialismo europeo y estadounidense.

Como particularidad, Canarias se ha configurado también como plataforma de penetración imperialista, lo cual refuerza la asimilación colonial, así como el racismo. El nivel de vida superior al de África también intensifica este proceso. El imperialismo en España adquiere una faceta fascista, lo cual empeora todas las condiciones del pensamiento colonial.

Por supuesto, las aspiraciones de la burguesía intermediaria, al igual que las de la pequeña burguesía, se ven frustradas por su posición como lacayos del capital foráneo. Esta contradicción, querer ser capitalistas pero definirse como clase por ser sus subordinados, crea también un fuerte sentimiento de inferioridad. Fanon insiste en la clase dominante: “En los países subdesarrollados, la etapa burguesa es imposible. Habrá por supuesto una dictadura policial, una casta de usufructuarios, pero la creación de una sociedad burguesa está destinada al fracaso”. Canarias sólo puede aspirar a la parodia de una potencia europea, y eso se refleja también en la mentalidad isleña. “Esta burguesía caricaturesca es incapaz de grandes ideas, de inventiva. Se acuerda de lo que ha leído en los manuales occidentales e imperceptiblemente se transforma no ya en réplica de Europa sino en su caricatura”.

Otra particularidad es el turismo de masas como industria colonial. Según Manuel Alemán, “toda la sociedad canaria a nivel sociológico quedó en bloque montada sobre este andamiaje inestable y exógeno, y a nivel psicológico se disparó una especie de neurosis colectiva: parece como si este nuevo modelo económico hubiese actuado como un prisma ‘mitificante’ produciendo una sublimación idealizada de la problemática cultural de las islas”.

A continuación habla de cómo se cerraron los ojos ante el problema de la dependencia. Esto es, en realidad, un particular fetichismo de la mercancía. Recordemos que un servicio no es más que el efecto de un valor de uso, con lo cual los mecanismos de reproducción del fetichismo de la mercancía se mantienen y se pueden reproducir. El turismo, al ser una actividad alejada del intercambio directo y de la producción industrial, presentándose aparentemente como una relación entre personas y no entre cosas, produce una mayor enajenación ocultando las relaciones sociales de producción. Es un proceso muy particular pues, si en general el capitalismo presenta las relaciones entre personas como relaciones entre mercancías, aquí se da el caso inverso al mismo tiempo.

Así pues, con la burguesía intermediaria encaja muy bien la doble cultura imperialista: el exotismo y el nacionalismo. El exotismo (u orientalismo) consiste en idealizar la cultura indígena y cosificarla, lo cual encaja muy bien con una oligarquía indígena que obtiene su poder precisamente de la relación colonial. El “guanchismo” es la cultura sin filo, sin transformaciones, anclada en un remoto y pacífico lugar, una cultura que en el fondo no entra en contradicción con el españolismo más rancio. Una cultura indígena definida por los colonialistas encaja perfectamente con una clase dominante nativa que administra los asuntos de la metrópoli, pues es al mismo tiempo “nacional” y colonial.

Según Lenin, “En la vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlo en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para ‘consolar’ y engañar a las clases oprimidas, castrando su contenido de doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola”. Esto no significa, claro, que haya que relegar el pasado indígena al olvido. Así, entendemos como, también en palabras de Lenin “la burguesía de los países oprimidos aunque apoye los movimientos nacionales, al mismo tiempo lucha de acuerdo con la burguesía imperialista, contra todos los movimientos revolucionarios y contra todas las clases revolucionarias”.

Una tercera particularidad deviene del hecho histórico canario: las Islas fueron de las primeras colonias de la etapa moderna, con todo lo que ello conlleva. El peso de la asimilación es aún más grande tras cientos de años sometidos como pueblo. Frantz Fanon explicaba cómo “en las Antillas, el joven negro, que en la escuela no deja de repetir ‘nuestros ancestros, los galos’ se identifica con el explorador, el civilizador, el blanco que lleva la verdad a los salvajes”. En las islas muchas veces se da esta circunstancia, identificándose con el imperialista por “antigüedad”. Ejemplo de ello es la celebración de la fiesta fascista del 12 de octubre, donde el debate se centra siempre desde la posición del colonizador, nunca del colonizado.

Color de piel aparte, el canario también repite “nuestros ancestros, los españoles” como si la historia de Canarias no existiera antes, o como si los indígenas vivieran en la prehistoria hasta la llegada de los colonos. Aún siguen pesando las teorías nazis sobre la división de especies entre “cromañoides” y “mediterranoides”, presentes en las islas hasta los años 70.

Esta antigüedad como colonia puede observarse en cómo Canarias ha crecido socialmente de espaldas a África. Como las relaciones comerciales y coloniales vinculaban a las Islas con América Latina y Europa. El continente africano se convirtió en un enorme hueco en el mapa mental de Canarias. No había nada peor que ser africano. A través de los siglos la mentalidad dominante –y, por extensión, la de las clases oprimidas– ha llevado a cabo un esfuerzo titánico por ignorar a África, por negar su misma realidad física y cultural. Este esfuerzo colosal les lleva a luchar contra la misma geografía: Canarias está en el Mediterráneo, Canarias está en la “periferia” de Europa. Y muy, muy lejos, están los negros.

Este esfuerzo de auto-represión, esta traición cultural (no sólo presente en las Islas) es una de las alienaciones psicosociales más fuertes que se han dado en la historia del colonialismo. Así podemos entender el fuerte sentimiento de desarraigo de muchos canarios, el sentimiento de no pertenecer realmente a ningún lugar, más allá de la expulsión de mano de obra. Si los africanos negros trataban de negar el mismo color de su piel, los africanos canarios tratan desesperadamente de negar la misma geografía. La negación física, material, de una realidad, refleja el estado de alienación de las masas.

Así, el canario se cree español, y se ofende si se le compara con el africano, que vive en la miseria. Esto claro, va parejo a los intereses del colonialismo. Para el nacionalismo español, la diferencia está muy clara. Fanon nos hablaba de cómo no era extraño: “No, desgraciadamente no es raro que los estudiantes del África Negra inscritos en colegios establecidos al norte del Sahara escuchen preguntas de sus compañeros de colegio acerca de si hay casas en su país, si conocen la electricidad, si en su familia practican la antropofagia”. ¿No resulta familiar este episodio a los canarios? Tengo familiares a los que les preguntaron si no eran demasiado altos para venir de Canarias. A otros no les dirigían la palabra por creerse que eran sudamericanos. A un compañero de universidad le preguntaron si podía hablar en guanche…

Hemos esbozado algunas líneas sobre la mentalidad colonial y neo-colonial en Canarias. Pero ésta forma de ver las cosas no es la única. Según Lenin, hay dos culturas: una de los opresores, otra de los oprimidos. Y esta última, presente también en las Islas Canarias, posee un carácter revolucionario. Desde el antifascismo a los movimientos de apoyo al pueblo saharaui, otras realidades existen. Seguiremos luchando.

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