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BRUSELAS (Sputnik) — Las acciones de la OTAN en su flanco este representan un intento de trazar líneas divisorias en Europa ya con los medios militares, declaró el embajador ruso ante la Alianza Atlántica, Alexandr Grushkó.

“En realidad nos intentan imponer una agenda confrontacionista para demostrar la relevancia de la Alianza, es un camino a ninguna parte, son intentos de crear líneas divisorias en Europa ya con los medios militares”, dijo el diplomático ruso al comentar la reunión del Consejo Rusia-OTAN celebrada en Bruselas.

Según Grushkó, el despliegue de las fuerzas de EEUU y sus aliados y la creación de infraestructuras militares en el este de Europa entrañan “una nueva carrera de armamentos, algo que, obviamente, contradice los intereses de los países europeos”.

“Nosotros tomaremos todas las medidas necesarias para garantizar nuestros intereses legítimos y nuestra seguridad”, advirtió Grushkó.

El diplomático llamó, además, a la Alianza a “dejar de inyectar armas en su flanco este, algo que socava la estabilidad estratégica” en la región e impide restaurar los mecanismos de control de armamentos.

En la cumbre de julio pasado la OTAN aprobó un incremento sin precedentes de su presencia militar en el este de Europa al decidir emplazar cuatro batallones multinacionales, de 600 a 1.000 militares cada uno, en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia en el marco de su política de contención a Rusia.

Paralelamente, la Alianza sigue desplegando armas antimisiles de EEUU en Europa.

En mayo de 2016 entró en servicio el sistema estadounidense Aegis Ashore —parte del escudo antimisiles de la OTAN— en la base de Deveselu, en Rumanía, a unos 600 kilómetros al oeste de la península rusa de Crimea.

EEUU está construyendo otra instalación similar con radares y misiles interceptores en la localidad polaca Redzikowo, a unos 180 kilómetros del enclave ruso de Kaliningrado.

La OTAN sabotea la solución a la crisis en Donbás

Las acciones de la OTAN en Ucrania sabotean la solución del conflicto en el este de ese país, declaró Alexandr Grushkó.

“La Alianza sigue proporcionando asistencia política y práctica a Kiev, (…) los instructores de varios países de la OTAN continúan entrenando a los uniformados que después se envían a la zona de la llamada ‘operación antiterrorista'”, dijo el diplomático ruso.

A la vez, “la OTAN no intenta presionar a los ucranianos” para que cumplan los acuerdos de Minsk ni tampoco comenta el bloqueo económico y de transporte impuesto a Donbás por Kiev, denunció Grushkó.

El embajador ruso subrayó que “todo ello va en contra de los esfuerzos para una solución del conflicto en Donbás”.

En la reunión del Consejo Rusia-OTAN celebrada este jueves en Bruselas, fue examinado el cumplimiento de los acuerdos de Minsk.

Durante las conversaciones, Rusia teniendo en cuenta los datos de los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, destacó las violaciones del cese al fuego por parte del Ejército ucraniano.

El subjefe de la Misión Especial de Observación de la OSCE en Ucrania, Alexander Hug, comunicó antes que los observadores detectaron un aumento de las violaciones del alto el fuego en Donbás, en un 60 por ciento en una semana, con 3.930 bombardeos.

El 29 de marzo el Grupo de Contacto Trilateral sobre Ucrania acordó en Minsk la realización de una tregua a partir del 1 de abril con motivo de la Pascua de Resurrección, que se celebrará el próximo 16 de abril.

El Ministerio de Defensa de Ucrania se declaró dispuesto a cumplir el nuevo cese del fuego, mientras que el presidente ucraniano, Petró Poroshenko, firmó este jueves órdenes formales al respecto.

En abril se cumplen tres años desde que Ucrania lanzó una operación militar en las provincias orientales de Donetsk y Lugansk, donde se proclamaron repúblicas populares en respuesta al violento cambio del Gobierno ocurrido en Kiev en febrero de 2014.

Los acuerdos de Minsk, suscritos en septiembre de 2014 y en febrero de 2015, sentaron las bases para una solución política del conflicto pero no han derivado hasta ahora en el cese de la violencia, cuyo resultado la ONU estima en más de 10.200 muertos.

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