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Cualquier persona atenta, sin duda, ha quedado confundida por los frecuentes ‘ataques’ y accidentes que han experimentado los buques de guerra rusos en las últimas semanas, escribe Víctor Siryk, columnista de la cadena Zvezda.

El autor recuerda que las naves de la Marina Real británica escoltaron a la agrupación de buques de la Flota del Norte de Rusia en el canal de la Mancha el 16 de abril. Más aún, el ministro de Defensa del Reino Unido emitió un informe especial para calmar a la población e informarle que las Fuerzas Armadas del país se encontraban en estado de alerta y seguían de cerca todos los desplazamientos de los buques rusos.

Dos semanas después, el buque de reconocimiento de la Flota del mar Negro —Liman— se hundió ante costas de Turquía tras colisionar con otro barco que navegaba bajo la bandera de Togo.

Además, el 3 de mayo de 2017 la fragata Almirante Makárov, que llevaba a cabo disparos de prueba del sistema de misiles antiaéreos Shtil-1 en el mar Báltico, se encontró en la zona de vigilancia de dos naves de las Armadas de Polonia y Alemania, países miembros de la OTAN. El buque alemán cruzó el rumbo del Almirante Makárov a una distancia peligrosamente cercana.

“¿Qué fue? ¿Actos de provocación, comprobación de la preparación de combate de la Armada rusa, incursión contra los marineros rusos o algo más?”, se pregunta Siryk.

A juicio del excomandante de la Flota del Pacífico de Rusia, Víctor Fyódorov, la escolta de buques de guerra se considera una práctica normal por todo el mundo. Sin embargo, la declaración del ministro de Defensa del Reino Unido fue algo redundante en aquellas circunstancias.

Por otra parte, el incidente con el buque Liman fue “bastante desagradable”, según el exmilitar. Pero la propia avería se produjo debido al “factor humano” y a la mala visibilidad.

En lo que se refiere a la fragata Almirante Makárov, este buque, construido especialmente para la Flota del mar Negro, ya lleva más de un año llevando a cabo pruebas y ensayos en el mar Báltico.

Asimismo, los servicios de reconocimiento de todos los países costeros están al tanto de sus actividades ya que las autoridades militares rusas informan sobre todos los datos relacionados con las prácticas de tiro en la zona.

“Así, no podemos hablar de que los buques espías de la OTAN se encontraron en aquel lugar por casualidad”, explicó.

No obstante, es difícil sacar conclusiones acerca de los motivos de los buques de la Alianza Atlántica, sobre todo, de los de la nave polaca que se acercó al Almirante Makárov a una distancia de 75 cables. Según las normas del RIPA-72 (Reglamento Internacional para Prevenir Abordajes), solo una distancia menor de 20 cables se considera peligrosa.

El barco espía alemán Oker, por su parte, maniobró a una distancia tan cercana de la fragata rusa que fácilmente podría haber provocado un accidente de navegación, detalló Fyódorov.

“Probablemente los marineros alemanes, conociendo la naturaleza pacífica de los rusos, decidieron hacer una pequeña travesura”, admitió el experto.

No es la primera ‘travesura’ de los militares de la Alianza Atlántica. Así, en 1988 el portaviones Yorktown y el destructor Caron de la Sexta Flota de EEUU entraron en las aguas territoriales de la URSS en el mar Negro. Esto fue una verdadera provocación, escribe Siryk. Sin embargo, dos barcos de patrulla soviéticos “lograron expulsar a los villanos a aguas neutrales”.

Otro episodio similar ocurrió con el destructor estadounidense Donald Cook en 2014, también en el mar Negro. Al entrar al mar, el buque intentó demostrar con su presencia “el atrevimiento de EEUU ante el ‘oso salvaje’ ruso” además de “apoyar las reformas democráticas en Ucrania”.

Sin embargo, todo el ‘enfrentamiento’ terminó después de que un bombardero ruso Su-24 llevara a cabo un par de vuelos alrededor del buque estadounidense y ‘cegara’ a sus radares con su sistema de supresión radioelectrónica.

En general, a juicio del autor, la razón, por la cual los buques de combate rusos protagonizan cada vez más diversos incidentes en el mar, es bastante simple: los rusos han empezado a navegar más.

Así, según Víctor Kochemázov, jefe del Departamento de Formación de Combate de la Armada rusa, durante el período de entrenamiento de invierno que aún no ha terminado los buques rusos han participado en 120 ejercicios tácticos de diferentes niveles.

Esta cifra es 1,5 veces superior a la de 2016, destaca Siryk. Los marineros rusos han utilizado como campos de entrenamiento los mares de Barents, Blanco, Norte, Negro, Japón, Báltico y Mediterráneo, entre otros.

“Y aquí comienza a dominar la ley de los grandes números: un mayor número de salidas al mar genera una mayor posibilidad de incidentes”, concluye el autor.

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