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Alemania ya construye el nuevo Ejército europeo

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Con mucha discreción. Casi en secreto. Así están levantando los alemanes las bases de un nuevo Ejército de la Unión Europea con ellos al timón. La estrategia de Berlín consiste en la integración de unidades tipo brigada de otros países en el seno de la Bundeswehr, sus Fuerzas Armadas.

Francisco Herranz

Cada cierto tiempo vuelve a salir a la palestra la idea de crear un Ejército paneuropeo, independiente del yugo de Estados Unidos, que se convierta en el estandarte de una política de defensa común que rivalizaría con los intereses de la Alianza Atlántica. La propuesta siempre es bien acogida por los más europeístas, los federalistas, como punto de partida para recuperar la influencia perdida de la UE en el mundo en los últimos años. También es recogida con temor por los euroescépticos. Pero las contradicciones entre los Estados miembros y, por supuesto, los largos tentáculos del Pentágono siempre terminan por acallar la iniciativa que vuelve cíclicamente a ser guardada en un cajón y dormir hasta que vuelva una nueva ocasión.

Alemania, sin embargo, ha optado por un camino completamente distinto, al evitar el ruido mediático y político que siempre provoca este asunto.

Hace un par de meses, concretamente el 15 de febrero, los ministros de Defensa de Alemania, Rumania y la República Checa, Ursula von der Leyen, Gabriel-Beniamin Les y Martin Stropnicky, respectivamente, firmaron en el cuartel general de la OTAN en Bruselas un aparentemente inocuo acuerdo para reforzar sus políticas de defensa dentro del denominado Framework Nations Concept, un proyecto lanzado en 2013 por el Gobierno de Alemania para el desarrollo de unidades multinacionales con el objetivo de aumentar la sostenibilidad y ayudar a preservar las capacidades militares clave. Sin embargo, detrás de esa etiqueta anodina de Framework Nations Concept se esconde algo mucho más ambicioso e incluso revolucionario: la creación de una red de miniejércitos europeos dirigida por los generales alemanes.

Los militares rumanos no van a pasar a engrosar las filas de Bundeswehr, ni las fuerzas armadas checas se van a convertir en una mera subdivisión alemana. Pero en los próximos meses cada uno de esos dos Estados integrará el contingente de una brigada —3.000 hombres— en las fuerzas armadas germanas. Así, la 81ª Brigada Mecanizada se unirá a la División de Fuerzas de Respuesta Rápida de la Bundeswehr, mientras que la 4ª Brigada de Despliegue Rápido de la República Checa, que se fogueó en Afganistán y en Kosovo, y está considerada la punta de lanza de la Armáda, se unirá a la 10ª División Acorazada alemana. Seguirán los pasos que ha dieron dos brigadas holandesas ya integradas.

El Gobierno germano, que se enfrenta este año al inexorable juicio de las urnas, ha comprobado que la Bundeswehr se ha ido debilitando paulatinamente y ahora necesita tapar las grietas que se aprecian en sus fuerzas terrestres para poder así ganar influencia política y militar en la Alianza Atlántica. Para Alemania, este plan de integración multinacional es una fórmula perfecta que permitirá su mayor implicación en la seguridad europea sin tener que ensuciarse en el fango de la expansión militar, un aspecto muy impopular dentro de sus fronteras.

Y es que, si en el plano económico la autoridad de Berlín es indiscutible, en el aspecto militar las cosas no van tan bien como ellos quisieran. Su poderío anda a la zaga con respecto al de Reino Unido o Francia. El gasto público alemán en Defensa se ha estancado en el 1,2% del PIB, bastante lejos del objetivo ideal fijado por la OTAN en el 2%. Y no va a subir mucho en el futuro. De hecho, el ministro de Asuntos Exteriores, Sigmar Gabriel, admitió hace poco que era “completamente irreal” pensar que Alemania llegará a ese 2%. Sirva de ejemplo que en 1989, antes de la caída del Muro de Berlín, la cifra del gasto militar en la RFA llegaba al 2,7%.

¿Qué significa todo esto? Que la canciller Angela Merkel apuesta claramente por la integración militar europea, aunque otros socios comunitarios vean esa opción con mucha suspicacia pues la idea representa un reto implícito a la indiscutible hegemonía estadounidense.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, alienta por sistema el sueño de un Ejército de la UE, aunque a veces ha recibido un incómodo silencio por respuesta. Juncker justifica la iniciativa porque, en su opinión, ello convencería a Rusia de que el Club de Bruselas “habla en serio” a la hora de defender sus valores y principios. También serviría, estima el presidente de la Comisión, para ayudar a diseñar una política exterior y de seguridad común, una entelequia nacida gracias al pacto que firmaron Tony Blair y Jacques Chirac en diciembre de 1998.

En la práctica, la UE dirige seis misiones militares, más 11 operaciones civiles, la mayoría de ellas en los Balcanes, Oriente Próximo y África, pero las tropas allí desplegadas no operan bajo la bandera azul comunitaria sino cada una bajo su respectivo pabellón nacional.

Aunque Londres, enemigo perenne de la idea, está ahora fuera de juego negociando su Brexit, sigue habiendo poco consenso entre los 27 Estados miembros a la hora de definir cómo deberían ser las futuras fuerzas armadas europeas, su estructura y composición. Los avances se presentan demasiado lentos. En marzo pasado, por ejemplo, la Unión Europea aprobó la creación de un cuartel general conjunto pero sólo para las operaciones de entrenamiento que se desarrollan en África, concretamente en Somalia, Malí y la República Centroafricana. Pese a que la decisión se tomó por unanimidad, los ministros de Defensa de algunos países del Este de Europa mostraron su preocupación por lo que entienden es un mensaje de competencia y deslealtad hacia la OTAN que podría minar la cooperación.

“Esto no es un Ejército europeo”, tuvo que subrayar la ministra de Asuntos Exteriores de la Unión, Federica Mogherini, para atajar la inquietud de algunos de los reunidos. Mogherini es muy consciente de que el militar es uno de los campos donde tradicionalmente más división ha habido en la historia de la UE. Por eso es muy significativo que la ministra alemana Von der Leyen declarara que la decisión de crear el cuartel general conjunto llegaba con mucho retraso. Ella ya está en otra fase…

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