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Día 1: País en movimiento

Caracas 6am, comienza la ciudad del trabajo. La agenda del día indica violencia a la altura de la autopista Francisco Fajardo, una nueva confrontación mediática y armada, un posible epicentro de terror en un punto del interior del país -se habla de Barinas- que dejará un muerto o más, y nuevas presiones internacionales. Como si se tratara de un orden dentro del asedio, un cotidiano del impacto incorporado a la fuerza por la mayoría.

A esta hora todo está en calma, en particular en el oeste caraqueño. Nadie diría que estamos en guerra -¿estamos en guerra? Tampoco lo parece al salir en dirección al estado Guárico, punto bisagra del país por su ubicación estratégica que fronteriza con ocho estados. El plan para estos días es recorrer, escuchar, contar el país en movimiento, comprender qué sucede en lo que se encuentra fuera de cámaras. Tanto las de la derecha, como las del gobierno ¿Quién cuenta lo que sucede tierra adentro? Casi nadie, por lo que nos dirán en el recorrido.

El camino es el país. Primero una tranca por falta de comida: varios meses sin que lleguen productos al Comité Local de Abastecimiento y Producción (Clap). Luego una protesta de la derecha a alturas de El Sombrero, la localidad donde fue noticia El Picure, líder de una banda de crimen estructurada en la lógica paramilitar -fue muerto el año pasado en un operativo policial. Los opositores no cortan la calle, están con sus carteles, vuvuzelas, gorras tricolores, franelas blancas. Son la superficie de las batallas, lo más auténtico tal vez de la oposición.

Todo alrededor es inmensidad: llano, monte, pájaros, vacas. La querencia de Simón Díaz.

Son horas de esas llanuras hasta llegar a Valle de La Pascua, zona ganadera y agrícola. El recorrido es a una planta privada de procesamiento de harina de maíz precocido, la Doña Goya. Está enmarcada en los convenios firmados con el Estado, que brinda apoyo para la producción de materia prima: insumos y maquinaria. La capacidad es de 100 toneladas diarias empaquetadas. El 70% estás destinado a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción: es la otra parte del acuerdo. Se trata de estimular un empresariado con vocación de mercado nacional, desligada de la lógica especulativa de pedir dólares subsidiados para importar sobrefacturado y vender a dólar paralelo/ilegal.

¿Todavía puede crearse una burguesía nacional en América Latina?

Recorremos, conversamos con los directivos de la empresa para comprender la lógica de quienes buscan emerger dentro de un mercado donde una sola empresa, Empresas Polar, controla el 56% del mercado de harina de maíz precocido. No se identifican con ningún espacio político, solo con su negocio, y necesitan del Estado. En caso de ganar la derecha, dicen desde su razonamiento pragmático, el país iría peor.

Acá los escudos, gases lacrimógenos, destrozos de Barinas que ocurren en estos momentos, parecen algo lejano. ¿Cuántos países existen al mismo tiempo? En Valle de la Pascua no ha llegado el asedio de la derecha. ¿Serán parte de una próxima fase del plan? Salimos al alba hacia Apure. La vendedora de empanadas y café donde desayunamos nos cuenta que compra esa misma harina en su comunidad a precio de mercado negro, es decir tres veces más caro.

¿Cuánto tiempo se necesita para conocer el mapa de la verdad de las cosas?

Día 2: Las distancias del llano

No entendemos la distancia en el llano, venimos de la ciudad apretada, siempre a punto de, tan Caracas camioneta, metro, mototaxi, rápido que no se llega. Acá el tiempo se deshace de tanto horizonte verde y horas que pasan. Viajamos de día, desde las primeras horas de este país que comienza antes que el sol. Por las noches las rutas son peligrosas: falta de iluminación, señalizaciones, posibles animales en la carretera -vacas, chigüires, osos hormigueros, caimanes- y atracos armados.

Paramos para entrevistar a una señora que vende carne de caimán secada al sol, piraña molida para curar todo tipo de dolor, picantes de hormigas culonas, prepara casabe, resiste al calor que aplasta. Literalmente aplasta. Los puestos de venta están alineados al borde de la carretera. Todos venden lo mismo. Más adelante, más atrás, y para cada lado, sigue la inmensidad. No falta comida producida acá. Falta la otra, la comida Comité Local de Abastecimiento y Producción. Mientras entrevistamos se escucha entre gritos y risas:

-¡Di que no se consigue arroz, ni pasta, ni azúcar!

El plan era estar en el Hato El Cedral a inicios de la tarde. Llegamos a las 9pm. Se trata de 53 mil hectáreas que fueron compradas en el 2008 por el Estado que ahora posee el 90%. El otro 10% le pertenece al antiguo dueño. El lugar, en contra de los mitos de la improductividad estatal, funciona. El turismo se mantiene, aún afectado por la violencia y la inseguridad, ha bajado. El Hato, que ha pasado a llamarse Unidad de Producción Socialista Agroecológica El Cedral, tiene 14 mil cabezas de ganado -entre vacas y búfalo. Es parte a su vez de la Empresa Socialista Ganadera Bravos de Apure -también estatal-, que agrupa 9 hatos y un total de 40 mil cabezas. Uno de esos hatos -El Frío- fue recuperado luego de años de mala gestión. Es cierto que espacios bajo administración directa del Estado no dieron resultado. Por falta de seguimiento, corrupción, impunidad, inexperiencia, mando de personas no preparadas, direcciones cerradas a la participación de los trabajadores, eterno confiar en la renta petrolera.

Pero algunos funcionan, como El Cedral. Son los casos modelos. Acá se desarrolla la política del punto y círculo: se realiza trabajo social en las comunidades que lo rodean -14 más 13 indígenas- y se apoya a los pequeños productores con créditos animales sin especulación bancaria. La empresa es parte de algo más que de su propia ganancia, está enmarcada en un proyecto planteado de manera integral. En cuanto a las ventas, se hacen a un precio menor al del mercado, con prioridad en los canales estatales -escuelas, Pdvales, Mercales.

La propiedad estatal, junto con la privada, y la social/comunal, son las tres formas de propiedad en Venezuela. En esta época de apertura -dramática- constituyente, varios proponen que la tercera forma sea incorporada constitucionalmente.

Hacemos las entrevistas, recorremos, filmamos. Las casas son un racimo en la inmensidad. En todas las direcciones hay una extensión que no sabríamos cómo atravesar. Nos suben a una embarcación pequeña para recorrer por el río Matiyure. A pocos metros pasan venados, chigüires, caimanes, garzas de un metro y medio que levantan un vuelo pesado y largo.

Somos boca abierta.

Día 3: Brigadas populares en la frontera

Estamos en zona de frontera. Colombia no está del otro lado del río, Colombia ya está acá. En la música, los acentos, la economía, la población. La gasolina, en cambio, está del otro lado. Una parte al menos. No es nuevo, el contrabando es una economía de muchos años en estas zonas -en ambas direcciones, según el tipo de cambio. El cambio ha sido que al insertarse en el cuadro de la guerra económica tomó proporciones antes desconocidas, se transformó en desabastecimiento. Y la frontera, según los habitantes, aun cuando estuvo oficialmente cerrada, siempre quedó en parte abierta, con su orden y sus precios.

Son unas seis horas de cola en total para llenar los tanques. Aprovechamos para seguir una movilización de derecha que pasa a una cuadra de la concentración chavista. Ni disparos, ni linchamientos, ni piedras. La violencia de la derecha -hablo de su base social y no de sus formaciones de choque callejero y paramilitares- es ante todo clasista. Por eso en este pueblo del llano nadie incendia a un chavista, o a alguien simplemente sospechoso de serlo. Tampoco pasa en los barrios.

De Elorza a Guasdualito quedan tres horas -ya parece poco. Llueve y la inmensidad toma tonos de grises que la estiran un poco más. Este país es hermoso por toneladas.

La amenaza también: a Guasdualito ingresó un grupo de 20 paramilitares desde Colombia. 20 que tienen como plan formar 20 células. Tuvieron que recurrir a esa acción porque a pesar de los intentos, la violencia no ha logrado desencadenarse en ese Municipio. Por dos razones: porque se trata, como todo Apure, de una zona profundamente chavista. Sería necesario para comprender esa dimensión entender el impacto que tuvo Hugo Chávez en estos pueblos olvidados, relegados, caídos del mapa histórico, político, cultural de Venezuela. Y porque el nivel de organización es muy alto, tanto comunero -todo el Municipio Páez está cubierto de comunas- como miliciano. Es por esa misma razón que en esta zona, donde los movimientos populares han enfrentado el contrabando y paramilitarismo desde hace años, surgieron las Brigadas de Defensa Popular Hugo Chávez. El planteo es claro: defender el territorio, las instalaciones, prevenir los ataques de la derecha. Para eso no hay mejor herramienta que la inteligencia y organización de la gente. No cualquier gente, sino la que viene de un proceso de transformación de 18 años.

El calor en Guadualito les gana a todos los demás calores. El pueblo es tranquilo. El último episodio de violencia tuvo lugar en diciembre, durante la crisis de los billetes de 100 bolívares, cuando fueron incendiado el Banco de Venezuela y los billetes de 100 eran lanzados al aire, quemados, repartidos por bolsas. Al día siguiente se supo que tendrían valor por un mes más. En aquellos días se detectó que quienes conducían los destrozos eran en su mayoría traídos de otros estados. En lugares pequeños todos se conocen.

El clima es entonces de calma y espera. Se sabe que puede suceder, las prevenciones están desplegadas. Las asambleas también. En las comunas se habla de la Asamblea Nacional Constituyente, de cómo organizar reuniones con toda la comunidad, dialogar, escuchar al otro, ese otro que puede estar hastiado, desilusionado, envuelto en la búsqueda de alimentos, precios relativamente justos. Estamos en las reuniones: en la política comunera está condensado lo mejor del chavismo.

¿Cómo se cuenta tanto? ¿Cómo se narra Venezuela, una revolución y su contrarrevolución?

Lanzo un mango alto para que caigan otros del árbol. Salen volando guacamayas.

Las vacas observan. Un compañero filma la tarde en su hora más larga.

Sabemos qué haría la derecha en caso de tomar el poder político.

Día 4: Escenario de guerra

Llegamos a Socopó, uno de los puntos neurálgico en esta etapa de la guerra. Se trata de un pueblo gobernado por un alcalde de derecha, con fuerte presencia del narcotráfico, el paramilitarismo, y los ganaderos. Eso le brinda un bloque compacto, al cual se suman una parte de los comerciantes. Tienen condiciones para disputar el territorio. Y Socopó posee sobre todo una posición estratégica clave: está sobre la ruta que une San Cristóbal -retaguardia del paramilitarismo- con la ciudad de Barinas, y tiene un puente que al ser cortado impide el paso completo. Trancar Socopó es impedir uno de los pasos principales hacia Caracas. Y de Táchira a la capital van gran parte de las verduras y hortalizas. Quitar el alimento: una táctica principal en toda guerra.

La situación al llegar es tensa. Se sabe que un vendedor de jugo, de arepa, un hombre sentado en la plaza, cada persona puede ser parte de la estructura de inteligencia del paramilitarismo. Aquí tuvieron lugar cinco días de batalla frontal -el 19/20 de abril, y el 22/23/24 de mayo- de terror como dicen los vecinos. Fueron noches de saqueos y destrozos con todas las luces del pueblo cortadas. La estación de policía fue atacada durante cuatro horas con armas de fuego, incluido un francotirador, hiriendo de bala a seis policías -el objetivo era matarlos- y dejando el módulo incendiado y destruido por un retroexcavador. Solo quedan ruinas.

En Socopó, como en Guasdualito, el chavismo de base se organizó, y creo el Frente de Defensa Integral Hugo Chávez. La iniciativa surgió por dos razones principales. La primera, la necesidad de resguardarse: las amenazas a dirigentes y líderes comenzaron el mismo 20 de abril, con motos recorriendo las calles con una lista de chavistas a matar. La segunda, la necesidad de poner en movimiento un nivel organizativo mayor, capaz de prevenir las acciones de la derecha. Y si para eso sirven los cuerpos de seguridad del Estado, también es cierto que el chavismo, como trama organizada en los territorios, lugares de trabajo, posee una capacidad de inteligencia popular y lectura del terreno directa.

Esto es la guerra. Tiene batallas, balas, asedios, tácticas, puentes, compañeros amenazados.

No hay dudas de eso al llegar a Socopó y comprender lo que acá pasó -pasará.

-¿Vino alguna televisora del gobierno para acá? Pregunto

-Nadie, estamos como olvidados, me contesta una compañera.

Socopó es un ensayo de la fase dos de la insurrección paramilitar. Contiene todos los elementos. Se está en una tregua, saben que seguirá. Es parte de la táctica desplegada por la derecha que desplaza los enfrentamientos sobre el territorio, como una jugada de ajedrez que tiene puntos claves que golpear. Ya pasó por más de diez ciudades.

Todas las variables están en su máxima tensión. La derecha intenta que una salte por los aires y desbarranque la correlación de fuerzas a su favor. Una de las tareas es comprender esa realidad, informarla, construir claves para su análisis, actuar, y escuchar, simplemente, como decía Rodolfo Walsh cuando afirmaba que escribir era escuchar. Por eso este recorrido por el Valle de la Pascua, Guasdualito, Socopó, la gente, la militancia, el tiempo profundo y silencioso que no sale en los medios de comunicación, el regreso a Caracas y estos textos. Porque la realidad está en la 2.0 y en los territorios. Ahí se encuentra un país en movimiento, una de las mayores fuentes de información, las mejores síntesis comuneras, populares, chavistas.

Ese país tiene las puertas abiertas.

Pide ser contado.

 

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