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Los neonazis brasileños que sueñan con morir en combate en Ucrania

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La Policía del estado brasileño del Río Grande del Sur investiga la actuación de jóvenes neonazis que estarían siendo reclutados por la organización extremista internacional Misanthropic Division.

Ante la llamada de Sputnik, el comisario Paulo César Jardim, encargado de las investigaciones sobre la actuación de neonazis en el estado del Río Grande del Sur, en Brasil, expresó desconfianza. Le pareció “raro” que una agencia rusa de noticias contactara a su celular para pedir informaciones respecto de una investigación sigilosa sobre un supuesto reclutamiento de jóvenes brasileños para actuar en actividades paramilitares y extremistas en Ucrania.

En diciembre pasado, la Policía cumplió ocho allanamientos en todo el estado en direcciones investigadas por vincularse a grupos radicales. Municiones, material de propaganda y libros sobre el nazismo fueron incautados por los agentes, que detuvieron además a un joven de 26 años. En aquel entonces, el mote de la operación policial era el posible vínculo de brasileños con integrantes de la organización neonazi internacional Misanthropic Division —proscrita en Rusia—, que actúa en más de 15 países y ha protagonizado disturbios en el territorio ucraniano.

De acuerdo con el comisario jefe, había la sospecha de que estaban fabricando una bomba. “Detectamos un laboratorio, pero que no tenía condiciones para ello”, contó Jardim a Sputnik. El agente insistió que las investigaciones siguen bajo secreto de Justicia y solamente aceptó informar que todos los interrogados desde entonces están en libertad mientras son procesados por atentar contra la ley que prohíbe “producir, vender y difundir propaganda nazi”, entre otros delitos.

La Policía del Río Grande del Sur investiga desde hace 15 años las acciones locales de neonazis “que sienten placer en odiar”, según el encargado. “Las primeras detenciones se dieron en 2002 y hubo un incremento en 2005, cuando se conmemoraba los 60 años del fin del Holocausto e hicieron un ataque en el que masacraron a un joven”, afirmó y añadió que en otras operaciones se pudo “abortar planes de ataques a sinagogas”.

Jardim dijo haber encontrado en esos años a una legión de tatuados con suásticas y frases como “I hate your face” (Odio a tu cara, en español). “Empecé a estudiar toda la filosofía que ellos defienden para interrogarlos y conversando con ellos percibí que están aburridos del movimiento brasileño que se resume a exhibir tatuajes y enfrentarse a la Policía y a la cárcel en casos más extremos”, comentó.

“¿Por qué Ucrania?, era una pregunta que me intrigaba. Ellos quieren ser guerrilleros urbanos y sueñan con morir en combate, algunos me lo han contado. Hay quienes juren haber conocido a gente que fue a luchar en conflictos por allá sin que sus informaciones pudieran ser comprobadas. Parece algo como una leyenda urbana. Lo cierto es que ellos argumentan que ‘en la sociedad capitalista financiada por los judíos’ no han encontrado espacio para cumplir su sueño casi romántico de morir luchando”, contó el comisario.

El encargado de las investigaciones resaltó que tales “aspiraciones heroicas” aparecen en materiales que ellos comparten entre sí, como un manual propio de conducta y una “biblia neonazi”, donde hacen apología al odio a judíos y a homosexuales mientras exaltan “la pureza de su raza”.

“Les pregunto cómo puede ser placentero odiar y causar dolor, hacer a alguien sangrar, pero ellos me lo contestan con una naturalidad absurda. ‘Cuando se mata una cucaracha uno no siente pena porque se trata de una especie inferior, al igual que el negro, el judío y el homosexual'”, recordó algunas de las palabras de los interrogados.

Para Jardim, la existencia de simpatizantes de ideologías nazistas y fascistas en la región sur del país remonta a la inmigración alemana e italiana en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuando el entonces presidente brasileño, Getúlio Vargas, se mostraba más afín al líder alemán Adolf Hitler, hasta que al fin se posicionó en su contra.

“Cuando Brasil se sumó al bloque aliado, los nazis aquí instalados pasaron a la clandestinidad, pero siguieron en actividad. Tenemos ciudades que se originaron a partir de colonias alemanas, italianas y polacas instaladas en aquel período y en donde hasta hoy se habla alemán y se encuentran evidencias de alguna herencia cultural del nazi fascismo. En otros casos, creo que hay un cierto modismo de querer ser fundamentalista. He visto a negros nazis, racistas, que solo se emparejan con mujeres rubias de ojos claros y también he visto a homosexuales nazis”, observó.

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