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“No necesitamos una tregua, queremos paz”

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En los colegios de la República Popular de Donetsk han vuelto a sonar las campanas. El otoño llegó a su manera en este día, con lluvia toda la mañana. Así que todas las celebraciones [típicas el primer día del curso escolar] tuvieron que ser trasladadas al gimnasio del colegio. Aunque de forma no tan colorida como se esperaba, los estudiantes de Donetsk, cumpliendo con todas las tradiciones, cruzaron las puertas de las instituciones educativas.

Visitamos el colegio Número 58, en el distrito de Kievskiy en Donetsk. Es el famoso Putilovka, donde la guerra se hace sentir cada día desde 2014. Se trata de una de las zonas más bombardeadas de Donetsk, donde literalmente no queda espacio para vivir.

El colegio Número 58 también se ha visto bajo los bombardeos. El más importante de ellos ocurrió el 2 de mayo de 2015, en el primer aniversario de la masacre de Odessa. Al lado de Putilovka se encuentra el aeropuerto de Donetsk. Todas las treguas, 16 de ellas, esas que defendieron negociadores de salón, se escuchan aquí cada día. Los padres y profesores tienen un triste chiste. Cuentan que en los últimos tres años sus hobbies han sido cambiar ventanas y limpiar los efectos de los ataques.

A la entrada hay una placa en memoria de los defensores de Donbass muertos en la batalla y que se graduaron en este colegio. Entre ellos está el legendario Medved, Oleg Grishin, que murió de forma heroica en 2014 en la batalla por Saur Mogila.

Antes de la guerra estudiaban en el colegio de Putilovka 870 estudiantes. Este año son 396, 38 de ellos de primer curso. Ahí están, en la foto, los “terroristas” y “separatistas” cuyas viviendas regularmente reciben regalos de la soberana e independiente Ucrania. Sin embargo, pese a todo, unos serios y otros sonriendo, con flores y lazos, han venido a su primer acto escolar.

“No necesitamos una tregua, queremos paz”, insistió, en su discurso, la directora del colegio Irina Ponomarenko. En Rusia no se habla de ello y en Ucrania tampoco, fue una de las frases del discurso de la profesora de Donetsk (hay que insistir en que se trata de uno de los distritos más bombardeados de la ciudad).

Poemas, canciones, felicitaciones y regalos de la administración de Donetsk acompañaron a la tradicional primera campana. En esos momentos la guerra no estaba ahí, pero no se escondía lejos. Ucrania, mira a las caras de aquellos a los que bombardean cada día.

Nikita, de 8 años, está en segundo curso. Desde los cinco años vive en guerra, a unas pocas manzanas del colegio. Todo el verano ha sido muy aplicado y ha estudiado inglés a la vez que aprendía a escribir en ruso. En su cuaderno de niño de segundo curso en Donetsk.

En el colegio Número 117, también en Putilovka, no se han oído las campanas desde septiembre de 2014, ya que se ha convertido en uno de los objetivos de preferidos de los bombardeos de los castigadores ucranianos. Antes, antes de la guerra, estudiaban ahí 750 alumnos. Ahora varios profesores simplemente mantienen un edificio en el que no hay luz, agua ni gas con el objetivo de que estas paredes vuelvan a escuchar pronto las voces de los niños.

La clase de química aún mantiene los últimos ejercicios en la pizarra. Fueron escritos en la primavera de 2014.

Primer día de clase en el colegio Número 59 de Putilovka. Después de los bombardeos, contrachapado.

Y el día anterior, el 31 de agosto, en toda la República resonó la iniciativa “la llamada de los ángeles de Donbass”, en la que todos los colegios hicieron sonar sus campanas por aquellos que no podrán ir al colegio. Más de cien niños han muerto en la RPD. La “llamada de los ángeles” se escuchó también en fábricas, transporte público y vehículos particulares. La acción fue iniciativa del Ministerio de Información de la RPD, en colaboración con el Ministerio de Educación y Ciencia y el movimiento público “República de Donbass” y el Museo del Valor del Donbass.

“El año pasado fue un memorial y este año hemos decidido incorporar a otras ciudades de nuestra República para que homenajeen a los niños que han muerto a causa de los fascistas ucranianos, nuestros ángeles de Donbass. El 1 de septiembre se inicia el curso escolar, pero hemos decidido que la campana debería sonar también para aquellos que no pueden oírla y que nunca más la oirán. Grandes empresas y fábricas han apoyado la iniciativa e incluso los motoristas han tocado las bocinas en memoria de los niños muertos. El acto era para todos”, afirmó María Pirogova, directora del Museo del Valor de Donbass en Donetsk.

“En muchos colegios, los niños se concentrarán, escucharán las campanas, harán cometas blancas y las pondrán en fila en los pupitres vacíos junto a las fotos de sus compañeros muertos. Los coches tocaron las bocinas. Los templos, las campanas. El transporte público. Los autobuses tocaron la bocina, los trenes. Sabe, lo más importante es que nuestros niños y sus padres sepan que les recordamos. Pueden homenajearlos y llorarlos. Son gente de verdad. Es bueno para nuestros niños”, afirmó Maya Klimova, residente en Donbass.

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